Desde muy pequeño que amo sus colores. Todo con verdadera pasión, yendo los domingos, bien temprano por la tarde, -tercera división y reserva incluida-, a ver a mi querido San Lorenzo. A la tribuna popular, con sus tablones de madera del lado de la Avda. La Plata, muy cerca de una hinchada caracterizada por la ocurrencia e innovación en las canciones.
Pasó el tiempo y sufrimos una de las peores cuestiones que pueden padecer en temas deportivos: la (tan triste) subasta de nuestra cancha, agravado aún por provenir de una ejecución judicial derivada en montos de condena por contratos impagos de tres jugadores. Otros equipos también tuvieron graves desfasajes económicos, pero con “inventiva” de los dirigentes lograron superarlos. Quiero dejar de lado el tema del descenso puesto que podría ser un caso -aunque discutible- de un traspié deportivo.
Por otra parte, San Lorenzo en su momento inició la tramitación de la mudanza a Boedo, lo cual constituye el sueño de todos los simpatizantes. Pero resulta que pasan los años y los años y no se concreta absolutamente nada.
Actualmente estamos al borde de la quiebra por malas administraciones. Esto es indudable. Un club prácticamente fundido, lleno de inhibiciones y que no puede comprar refuerzos ni construir el nuevo estadio. Nos debe tranquilizar la existencia de la legislación que permitiría cierto salvataje como en otros clubes.
Me pregunto si no es el momento de permitir que alguna empresa, con la mayor seriedad, invierta en nuestro club tal como lo hacen en grandes clubes europeos como también aquí. Espero ser bien interpretado y que muchos me acompañen.
No quiero entrar en un problema ideológico puesto que redundaría en un choque de ideas opuestas en donde cada uno intentaría promover sus intereses. Se trata simplemente de una cuestión de necesidad y hasta podría pensarse que la tercerización se encuentre acotada en, por ejemplo, en 10 años y después ver qué hacer de acuerdo a los resultados obtenidos. U otras propuestas que resulten válidas, todas deben ser bienvenidas.
Descontando desde ya la existencia de detractores de esta iniciativa, cabe advertir y/o preguntar si el suscrito propone un determinado remedio para evitar agravar una enfermedad y hasta si se quisiera, tratar de sanar al enfermo; quienes se oponen, deben sugerir qué otro tipo de medicación debiera aplicarse. Pero a la brevedad… porque la situación así lo exige.
Dr. Marcos Horacio Baranoff hbaranoff@fibertel.com.ar
Es notable que el Partido Justicialista condene a EEUU por la liberación del pueblo venezolano de un tirano como Maduro. Nuestro héroe el general San Martín liberó a Argentina, Chile y Perú. Simón Bolívar, además de Venezuela, intervino en la independencia de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá. A nadie se le ocurriría decir que fueron imperialistas. A este dislate se agrega la marcha de ATE (empleados del Estado) en repudio a EEUU, demostrando que no son un gremio sino políticos disfrazados de gremialistas. La izquierda y el kirchnerismo se adhirieron al acto demostrando que son admiradores del fascismo, dictaduras y populismo. En la década del 70 la pelea era capitalismo versus comunismo; hoy el enfrentamiento es entre el fascismo populista contra la libertad.
Dr. José Mario Lenczner jomalen@hotmail.com
Entiendo y comparto el júbilo porque la sátrapa de Nicolás Maduro no gobierna más Venezuela. Pero convenientemos que el aparato represivo y de poder sigue en sus puestos y me llena de dudas y desesperanza. Resulta esencial que el pueblo venezolano compruebe que a partir de ahora existe una Justicia decidida a juzgar y condenar a los que destruyeron la democracia. Hasta ahora todo parece ser un negocio donde Trump ha elegido su mejor interlocutor en reemplazo del tirano: su vice Delcy Rodríguez. El mismo The New York Times pone en dudas la intervención militar además de afirmar que es un peligroso antecedente para cualquier potencia que decida inmiscuirse en los asuntos de una nación más débil. También pone en duda la legalidad de lo hecho por Trump señalando que debe ser convalidado por el Congreso de EEUU. El camino a una república venezolana democrática es imposible con estos criminales. Y lo peor, nadie habla de que lo que más importa: el pueblo venezolano, su seguridad, el imperio del estado de derecho y la paz. Justicia, solo justicia. Para que la gente, sin imposiciones, pueda elegir a sus líderes. Todos deberían recordar a Simón Bolívar: “El ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad”.
Matías Aníbal Rossi matiasrossi2014@gmail.com
Trump secuestra a un líder narcoterrorista pero no deslegitima a su gobierno que sigue gestionando. ¿La vicepresidenta no es parte de la organización narcoterrorista? ¿Al no proponer elecciones nuevas, Trump convalida el fraude electoral realizado por Maduro? La operación jurídico-político-militar realizada por EE.UU. ¿Es una injerencia de un Estado en otro y una violación de tratados internacionales? ¿Todas estas interrogaciones habilitan un debate en las Naciones Unidas que deslegitiman esta vergonzosa operación?
Daniel Maccagnoni republicracia@gmail.com
Paradojas de la política: los mismos que condenan la captura de Maduro omiten censurar la invasión rusa a Ucrania y los regímenes totalitarios en Cuba y Nicaragua. Son condescendientes con quienes revelan poderes autocráticos, pero se muestran críticos con una incursión que, sin embargo, promete avizorar la entronización en el cargo de autoridades que padecen el exilio y fueron elegidos en comicios libres. A diferencia de Putin, obsesionado por el afán de conquista, Trump reconoce, como fin último de su accionar, el restablecimiento del ejercicio democrático en Venezuela. La falta de ecuanimidad por parte de la más rancia izquierda local (Cristina Kirchner, Kicillof y Grabois, entre otros) desvirtúa el libre albedrío de los pueblos y la no injerencia en cuestiones externas que dicen defender. Hoy, ocho millones de venezolanos, obligados a emigrar de su país debido a paupérrimas condiciones económicas y flagrantes violaciones a los derechos humanos, vislumbran la posibilidad de regresar al suelo caribeño.
Alejandro De Muro demuroalejandro4@gmail.com
