Durante el sueñoincluso cuando la persona percibe un descanso continuo y profundo, el cerebro experimenta breves activaciones conocidas como microdespertares. Estos episodios, que duran entre 3 y 15 segundos, ocurren todas las noches, no generan recuerdo consciente y forman parte del funcionamiento normal del sueño.
Sin embargo, cuando se repiten de manera excesiva, pueden fragmentar el descanso y derivar en consecuencias para la salud física y cognitiva.. Así lo explica Borja Cocho Archiles, responsable de la Unidad del Sueño del HLA Hospital Jerez Puerta del Sur, en declaraciones a Europa Press Salud Infosalus.
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El especialista define este fenómeno de forma precisa: “Un microdespertar, lo que en Medicina del sueño denominamos ‘arousal’ es una activación muy breve del cerebro durante el sueño, que no llega a convertirse en una vigilia completa, pero que sí rompe momentáneamente la continuidad de la arquitectura del sueño. La duración típica suele ser de 3 a 15 segundos. Además, se suele acompañar de algún cambio (aumento en el tono muscular, una respiración más profunda, un cambio de postura…), y no suele recordar al despertar”.
En personas sanas se registran entre 40 y 100 microdespertares por noche. Foto:iStock
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Frecuencia habitual y criterios médicos.
Desde el punto de vista clínico, la presencia de microdespertares no se considera anómala. Factores cotidianos como un ruido, un cambio térmico o un movimiento involuntario pueden desencadenarlos. En personas sanas, lo habitual es registrar entre 5 y 15 ‘arousals’ por hora de sueño, lo que equivale a entre 40 y 100 episodios a lo largo de una noche de 7 u 8 horas.
La medición de estos eventos se realiza mediante polisomnografía. Según los criterios aplicados en la mayoría de los laboratorios del sueño y por la Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM), un microdespertar debe incluir al menos 3 segundos de actividad cerebral acelerada, mientras que el límite superior suele situarse alrededor de los 15 segundos.
No obstante, el problema surge cuando la frecuencia de estos episodios interfiere con la arquitectura normal del sueño. En ese caso, se dificulta alcanzar las fases profundas y el sueño REMlo que puede traducirse en cansancio persistente, somnolencia diurna o dificultades de concentración. “El problema aparece cuando estos despertares se vuelven tan frecuentes que fragmentan la normal arquitectura del sueño (dificultando el alcanzar el sueño profundo o el sueño REM) y aparecen los síntomas diurnos (cansancio, somnolencia, dificultad para concentración, por ejemplo)”, advierte Cocho Archiles.
La polisomnografía mide estos eventos y define su duración mínima en 3 segundos de actividad cerebral. Foto:iStock
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Factores que favorecen la aparición de microdespertares
El especialista distingue dos grandes grupos de factores que influyen en la fragmentación del sueño. Entre los biológicos, menciona. el envejecimiento, la ansiedad, la depresión, determinadas enfermedades endocrinas (especialmente las tiroideas), la fiebre y los trastornos respiratorios durante el sueño.. También incluye, aunque con menor frecuencia, el síndrome de movimientos periódicos de las extremidades y el síndrome de piernas inquietas.
En el ámbito ambiental, influyen elementos como un colchón inadecuado, temperaturas elevadas en la habitación, la presencia de luz, compartir cama con una persona que ronca, el consumo de cafeína o alcohol, la irregularidad en los horarios de descanso, el uso de pantallas con luz azul antes de acostarse y la falta de actividad física diaria.
Factores biológicos y ambientales pueden aumentar su frecuencia y alterar la arquitectura del sueño. Foto:iStock
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¿Por qué no grabamos estos episodios?
La ausencia de recuerdo consciente tras un microdespertar responde, según el experto, a una combinación de mecanismos neurobiológicos que actúan como un “ajuste” del cerebro dormido. Cocho Archiles los resume en tres claves:
- El nivel de activación cortical durante un ‘arousal’ no alcanza la intensidad necesaria para generar memoria declarativa, ya que estructuras como el hipocampo no se activan lo suficiente.
- Durante el sueño, neurotransmisores como la acetilcolina, la noradrenalina y la serotonina se mantienen en niveles bajos, especialmente en las fases N2 y N3, lo que limita los procesos de atención y memoria.
- Desde una perspectiva evolutiva, estos episodios funcionan como mecanismos de protección —permiten ajustar la respiración o reaccionar ante estímulos— sin interrumpir de forma consciente el descanso.
Cuando se asocian a trastornos del sueño, afectan la memoria y elevan el riesgo cardiovascular. Foto:stock
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Cuándo los microdespertares indican un trastorno
Existen diferencias claras entre los microdespertares fisiológicos y aquellos asociados a patologías del sueño, como el SAHS (Síndrome de apneas-hipopneas del sueño). Mientras los primeros son breves, aislados y no alteran de forma relevante la estructura del descanso, los secundarios a un trastorno presentan un patrón repetitivo y forzado.
En estos casos, cada evento respiratorio desencadena una respuesta del sistema nervioso simpático, con aumentos bruscos de la frecuencia cardíaca y del tono muscular para reabrir la vía aérea. “Estos ‘arousals’ suelen repetirse decenas o cientos de veces a lo largo de la noche, fragmentando el sueño y reduciendo el tiempo de sueño en fase de sueño profundo, y en fase de sueño REM”, señala el especialista.
Además, la distribución de los episodios también varía: los fisiológicos aparecen de manera dispersa, mientras que los patológicos se agrupan siguiendo el ritmo del problema subyacentemi. “Pero lo más importante es que cambia la consecuencia. Los ‘arousal’ fisiológicos no dejan huella en la arquitectura del sueño, sin embargo, los patológicos sí (somnolencia diurna, irritabilidad, dificultad para concentrarse…)”, añade.
El impacto no se limita al descanso. Cocho Archiles subraya que una mayor fragmentación del sueño perjudica tanto la memoria declarativa como la procedimental y recuerda la posible relación entre los trastornos del sueño, la repetición de microdespertares y el aumento del riesgo cardiovascular, debido a la acumulación de descargas simpáticas que generan un estado de estrés nocturno sostenido.
Prensa Europa
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en la información publicada por Europa Press, y contó con la revisión de la periodista y un editor.
