Ya no se le verá paseando entre las mesas de El Salamanca, en la Barceloneta, con traje y corbata, saludando a los comensales, fueron conocidos o no. También le echarán en falta en su pueblo natal Aldearrodrigo (Salamanca) al que siempre regresaba (fue concejal en su Ayuntamiento) y desde donde, con poco más de veinte años de edad llegó a Barcelona, cuando ingresó en la Policía Nacional. Y en Barcelona creó, en 1969, el Grupo Silvestre abriendo el primero de sus restaurantes y marisquerías, El Salamanca, adquirido, transformado y rebautizado el que era Bar Can Rosith, en la calle Almirante Cervera, hoy Pepe Rubianes, y al que luego siguió La Barca del Salamanca en el Port Olímpic, El Portonovo, en Sants y otros, también en Salamanca. En todos ellos, el jamón de bellota de su tierra por bandera.
Silvestre era ante todo un enamorado de su tierra, como lo era y hacía gala de su pasión taurina. Y también del fútbol, lo que le llevó a ser vicepresidente de la Unión Deportiva Salamanca que, en sus años de esplendor y en Primera División vio pasar su Estadio Helmántico a los grandes clubes y jugadores del fútbol español.
Trabajo y trabajo fue su divisa: al poco de llegar a Barcelona, abrió El Salamanca, su primer restaurante
Silvestre hizo del trabajo su divisa en la vida. “Emprendes un negocio y si tienes cuatro perras te las comes. Tienes que ponerle mucho empeño, trabajo, sacrificio y si lo haces tendrán la recompensa de subir un poco…hay que trabajar con limpieza, honradez, sencillez, siendo humano y buen gestor”, decía. Y así era él, un derroche de humanidad y, como los hechos delatan, también buen gestor.
Los salones y mesas de El Salmanca y La Barca del Salamanca eran y seguirán siendo, pese a la ausencia de Silvestre, frecuentados por políticos, artistas, toreros, futbolistas… junto a clientes habituales y turistas ocasionales, al reclamo de la buena cocina, sin sofisticaciones, la del producto de calidad, los mariscos, las carnes y ¡faltaría más! el jamón de bellota de los campos salmantinos. Campos y dehesas, ganaderías extensivas, donde conviven el ganado porcino y el bravo.
Jamones, toros (su elegante figura cada tarde en La Monumental; las paredes del restaurante con motivos y fotografías dedicadas por los toreros y lugar de celebración de los aficionados) y bonhomía, divisa de Silvestre Sánchez en su transitar por la vida a la que ahora ha dicho adiós tras dos semanas ingresado en un hospital de Barcelona donde no ha podido superar una enfermedad pulmonar.
En su Aldearrodrigo recibirá el homenaje póstumo de sus paisanos, allí será enterrado y en Barcelona, quienes lo conocemos y gozamos de su talante, siempre lo recordaremos.
Y, en el silencio del aire, la voz de Rafael Farina: “Salamanca bendita/que cosita bonita/tiene el tesoro de tu joyero/Salamanca bendita/cante flamenco, toro y torero”.
