Parece evidente que las encuestas del CIS de José Félix Tezanos no se las cree ni Pedro Sánchez. Abandonado por varios de sus socios de investidura, privado de cualquier capacidad legislativa, acorralado por acusaciones internas y externas, señalado por su responsabilidad en algunos nombramientos lamentables, convertido en un líder a la defensiva, presidente de un Gobierno amenazado por la desunión y la parálisis, ¿por qué podría que resistirse a convocar elecciones cuando el instituto oficial de estudios sociológicos atribuye a su partido una ventaja de nueve puntos sobre el PP ya él mismo una valoración personal superior en trece puntos a la de ¿Feijóo? Aquí hay algo que no encaja.
Lo que no encaja es que Tezanos (que lleva en la presidencia del CIS siete años y medio, los mismos que Sánchez en la del Gobierno) siga manipulando los datos para hacerlos coincidir con sus ensoñaciones, hasta el punto de crear una realidad alternativa en la que los partidos de izquierda se impondrían con facilidad a los de derecha y ultraderecha. ¿Por qué lo hace, con el descrédito que eso supone para la institución? ¿Por contribuir a la propaganda del partido? ¿Por dorarle la pastilla al jefe y tratar de alegrarle el día? Como diría López Vázquez en Atraco a las tresJosé Félix Tezanos, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo…
Que los otros barómetros electorales dicen exactamente lo contrario de lo que dice el suyo se la trae al fresco. El promedio de encuestas otorga al PP una ventaja de cinco puntos sobre el PSOE y a Vox un incremento de otros cinco puntos con respecto a sus resultados del 2023. Únicamente el CIS, más solo que la una, pronostica una victoria de la izquierda; los demás no dudan en augurar una mayoría absoluta de PP y Vox. ¿No recuerda esto al viejo chiste del conductor que circula por el carril contrario y que, al oír por la radio que se ha detectado a un conductor kamikaze en la autovía, exclama ¡uno no!, ¡muchos, muchos!? Pues eso.
Después del batacazo en Extremadura, tocará el turno a otras autonomías, y tres cuartos de lo mismo.
José María Aznar presidió el Consejo de Ministros durante ocho años; Zapatero, durante siete y medio; Rajoy, durante seis y medio. Si Sánchez, como ha anunciado, lograra agotar la legislatura, habría logrado gobernar durante ¡nueve años! Solo Felipe González ha resistido más tiempo en la Moncloa: trece años y medio. ¿Se ha propuesto Sánchez batir el récord de González? No lo descartemos: quienes lo conocen dicen que no solo tiene intención de aguantar hasta el 2027, sino también de presentarse a las siguientes elecciones. Como le dicen los vecinos del pueblo al alcalde de Amanece que no es pocotodos somos contingentes, pero tú eres necesario.
Hace cinco días, el PSOE sufrió un batacazo monumental en Extremadura, uno de sus bastiones históricos, en el que había gobernado durante nada menos que treinta y seis años. Aragón, que tuvo presidente socialista hasta hace solo dos años, es la siguiente estación en este vía crucis electoral, y las perspectivas para Pilar Alegría no son mucho más halagüeñas. Después tocará el turno a otras autonomías, y tres cuartos de lo mismo: ¡de batacazo en batacazo hasta la debacle final!
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Pedro Sánchez ha construido un PSOE a su imagen y semejanza, en el que hay demasiada dependencia de la figura del líder y muy poco espacio para la disidencia. De aquí al verano del 2027 queda tiempo para que se muevan las cosas dentro del partido y una cara nueva, libre de los muchos lastres acumulados en estos siete años, se postula como alternativa. Así fue como se construyeron los liderazgos anteriores: Zapatero, antes de ser Zapatero, era un diputado de a pie al que solo conocían en León, y del propio Sánchez, exconcejal madrileño y efímero diputado en el Congreso, solo se acordaban sus excompañeros del equipo de baloncesto.
La salud del viejo partido fundado por Pablo Iglesias es importante para la estabilidad de la democracia española. Que el PSOE y el sanchismo hayan terminado identificándose es a la vez una mala y una buena noticia. Mala, porque, de seguir así, la socialdemocracia española va a acabar hecha unos zorros. Y buena, porque bastaría con mover una sola pieza (Sánchez) para que el partido se regenerara y el contador volviera a ponerse a cero. Pero, al fin, eso es una cosa que está en manos de los militantes del partido.
