Existen conversaciones que muchas veces postergamos, no por falta de interés, sino por miedo, culpa o por evitar momentos incómodos dentro de la familia. Una de las más delicadas surge cuando necesitamos hablar con nuestro padre, madre o un familiar que ya es una persona mayor y enfrenta nuevos desafíos propios de esta etapa de la vida.
No es una conversación sencilla: no solo se entrelazan emociones profundas en el diálogo, sino que también se ponen en juego aspectos sensibles como la independencia que puede verse limitada y la autonomía que se cuestiona, situaciones que afectan directamente el orgullo construido a lo largo de toda una vida. A esto se suman los duelos personales que acompañan el envejecimiento y, sobre todo, los miedos frente a un futuro incierto marcado por cambios permanentes.
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Además, existen temas que generan una especial sensibilidad y que suelen provocar resistencia, aunque sean fundamentales para el bienestar de las personas mayores. Entre ellos se encuentran el manejo de sus finanzas, el consumo de alcohol, la necesidad de mantener hábitos saludables en la alimentación, la definición de qué actividades de la vida diaria requieren apoyo total o parcial, las precauciones en horarios y lugares para salir con mayor seguridad, la difícil decisión de dejar de conducir el vehículo, la administración de la medicación, la adaptación del hogar para prevenir riesgos o incluso la posibilidad de una mudanza.
También forman parte de esta conversación los aspectos legales relacionados con su legado y los cambios derivados de recomendaciones médicas.
La pregunta es cómo debería realizarse esta charla difícil. En primer lugar, resulta fundamental elegir el momento y el lugar adecuado. Un espacio tranquilo, sin prisas y con disposición para conversar permite que los participantes reflexionen y busquen soluciones de manera conjunta, sin aplazar innecesariamente el momento del diálogo y anticipándose a los problemas. Actuar con previsión es siempre preferible a esperar a que ocurra un evento inesperado que obligue a tomar decisiones apresuradas y reactivas.
El diálogo debe realizarse con cariño y respeto, entendiendo que se trata de un acto de amor y no de control. Es importante evitar palabras ofensivas, juicios o prohibiciones. La intención no es limitar, sino construir estrategias distintas que acompañen esta etapa de la vida. Escuchar con atención es una de las recomendaciones más relevantes. En muchas ocasiones creemos tener las soluciones, cuando las personas mayores ya han reflexionado sobre ellas o saben cómo abordarlas desde su propia experiencia. Por ello, las decisiones deben tomarse en conjunto, sin imposiciones, con amabilidad pero también con claridad, para no dejar temas importantes sin abordar.
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Durante la conversación, observe el lenguaje corporal resultante clave. Los gestos, los silencios y las posturas pueden transmitir mensajes tan claros como las palabras y ayudan a comprender mejor cómo se siente la persona mayor frente a lo que se está planteando.
Es importante recordar que el proyecto de vida de todas las personas está en permanente renovación. Esta etapa, para las personas mayores, no representa un cierre, sino una oportunidad para redefinir prioridades, encontrar tranquilidad y continuar construyendo bienestar según sus expectativas.
La encuesta realizada por Voz Mayor a personas mayores de 60 años en 11 ciudades del país muestra que sus principales preocupaciones están relacionadas con el aumento de la violencia, la inseguridad y los problemas económicos. Sin embargo, existen otros temas menos visibles que también generan inquietud: el 39 % requiere apoyo de cuidadores, el 39 % no cuenta con seguros para cubrir eventualidades, el 64 % consume medicamentos de forma permanente y muchas personas señalan la falta de espacios para el entretenimiento y la socialización, entre muchas otras preocupaciones.
Finalmente, es importante entender que este suele ser el primer diálogo y, muchas veces, el más difícil. Sin embargo, después de él deben venir conversaciones permanentes, fortalecidas por la confianza construida. Este es el momento de abrir un espacio de diálogo sincero, de redescubrir a las personas mayores, aprender de su experiencia y honrarlas con respeto, afecto y una genuina disposición a acompañarlas como se lo merecen.
Alejandro Cheyne
Voz Mayor
