Los cambios en el entorno geopolítico han llevado a la Unión Europea a dar mucho peso en su planificación estratégica a dos agendas: la nueva de la autonomía y la ya antigua de la competitividad. Ambas tienen implicaciones importantes para los ecosistemas de investigación e innovación europeos. Como España ya es un actor relevante, y ambiciona serlo más, hay que ser conscientes de sus implicaciones.
La autonomía estratégica pide que, en un grado superior al presente –en especial para sectores estratégicos, como chips, satélites, biotecnología, terapias avanzadas, IA, nuevos materiales…– el conocimiento en la base del núcleo duro de la economía europea sea conocimiento propio. Formalmente, quiere decir que la capacidad de decidir sobre su aplicación resida en instituciones sujetas a marcos legales y reguladores europeos. Y mejor si está generado y su desarrollo se dirige desde Europa.
La política de competencia añade que los productos o servicios que incorporan ese conocimiento han de ser de primera línea en calidad/precio. Han de aspirar a imponerse por la lógica del mercado, no por regulaciones administrativas o tarifarias. Para hacerlo en el mundo, no hay alternativa. ¿A qué puedes aspirar España? Diría que a participar, como mínimo con el peso de la economía española en Europa, en la producción europea que incorpora, en su base, conocimiento propio. ¿Podemos llegar? Solo si nos ponemos a ello y practicamos la virtud de la persistencia.
¿Cómo hay que preparar? Un ecosistema de investigación-innovación bien afinado consta de tres factores que son como las tres patas de una mesa. Cuanto más sólidas, más peso podemos poner. Pero las tres han de estar equilibradas. Los factores son: un sistema de investigación de frontera, disponibilidad de fondos para inversión innovadora y estructuras potentes de valorización de la investigación.
Hacen falta puentes y normas sólidas para el conocimiento que surge de las instituciones públicas
Con respecto a la investigación, hemos mejorado mucho. No nos podemos dormir porque todo el mundo corre. Pero creo que, con relación a los otros dos, hoy este no es el factor limitante. ¿Lo es la disponibilidad de fondos? Es evidente que necesitamos más, pero Europa reacciona y España es hoy visible. Hace un par de semanas tuvimos a Nadia Calviño, presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI) en el foro anual del Barcelona Institute of Science and Technology (BIST), este año dedicado precisamente a las políticas de impulso la innovación. Nos ofrecimos una visión optimista, que comparto, del nivel científico y la inventiva tecnológica europeas. Y de la capacidad de generación de fondos para inversiones innovadoras de origen europeo por el sistema financiero europeo y, en particular, el BEI. Viniendo de su presidenta, lo registré como una excelente noticia. Tampoco pienso, pues, que este sea el factor más limitante.
El factor limitante, en Europa y particularmente en España, son las estructuras de valorización. El camino crítico para la tarea de impulsar la generación de actividad económica con base en el conocimiento que reside en el sistema de investigación pasa hoy por focalizar la atención en el desarrollo de estructuras más sólidas, dimensionadas, ágiles y expertas. Si no lo hacemos, o no acertamos sobre cómo hacerlo, lo que podría ser una autopista de transferencia se quedará en camino de tráfico difícil.
La ventaja de que esta sea la dificultad crítica es que la solución es relativamente fácil. Pide algunos recursos, pero no en gran volumen. Lo que se necesita de los decisiones políticos es conciencia del problema y voluntad de solucionarlo. Han de entender que una valorización efectiva del conocimiento disponible en el sistema de investigación es difícil porque quizás este conocer se da en instituciones públicas. Por tanto, en un entorno dominado por la pulsión inherentemente garantista y procedimental del derecho administrativo. La economía (incluido el ecosistema de derivados) vive en cambio en un mundo de derecho privado. Hacen falta puentes y normas sólidas que faciliten la construcción. Por ejemplo, el informe Draghi propone regímenes de entornos controlados de pruebas (salvadera), donde limitaciones regulatorias son temporalmente relajadas o clarificadas. Tendría que ser una prioridad del momento.
