Hay gente que me mira como si yo bajara de otro planeta cuando digo que se está produciendo una inflexión en el poder de la desinformación sobre la ciudadanía y la política. Lo entiendo. Pero cuando leí, en el 2014, La señal y el ruido, me quedó grabada la comparación que hacía Nate Silver (el gran pronosticador electoral y de tantas otras cosas) entre la información de mala calidad que circula por internet y las consecuencias de la invención de la imprenta. No es la primera vez que le cito.
Mucho se ha escrito sobre el impacto de la imprenta. El invento socializó la información escrita y no fueron pocos los listos que hicieron cajón distribuyendo imágenes paródicas del poder y relaciones de sucesos (una especie de periodismo callejero), en las que no faltaban ni el morbo ni las noticias falsas. ¿Les suena?
En treinta años había imprentas por toda Europa y gente que las utilizaba para crear todo tipo de desafíos al orden establecido. El más exitoso fue la Reforma luterana, que supo aprovechar el potencial propagandístico de la palabra empresada para denunciar las actitudes del papado y logró, nada menos, que romper la unidad del cristianismo a base de dos siglos de guerras religiosas.
La reacción de los poderes al impacto de la imprenta fue intentar controlar lo que se publicaba
Por aquel entonces, para mucha gente, la palabra empresaria era la verdad (¿les suena la frase “es verdad, lo he visto en la tele?”) y esa sensación de objetividad creaba muchos problemas. La reacción de los poderes fue intentar controlar lo que se publicaba, ya fuera obligando a los impresores a tener licencias, dándoles privilegios o creando listas de libros prohibidos y censura.
Pero la imprenta socializó también el conocimiento, el pensamiento y la literatura, y sin ella sería difícil imaginar fenómenos tan relevantes como la Ilustración o la revolución industrial. A la larga, el impacto fue positivo. Solo que, como decía Silver, “hicieron falta 330 años (y millones de muertos en los campos de batalla) para que estas ventajas cristalizaran”.
Veremos cuántos años son necesarios para dejar atrás el impacto de la desinformación en internet, que es hoy uno de los principales desafíos de la democracia.
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Pero para el año nuevo, quiero dar unos datos para el optimismo: más del 80% de los europeos ya son conscientes de que están expuestos a noticias falsas y más del 50% intentan verificar lo que reciben, al menos, a veces. Son datos del Eurobarómetro, que se corresponden con varios estudios de los últimos meses, como el CEO de la Generalitat de Catalunya.
Y un recordatorio: la Iglesia católica intentó recuperar su prestigio a través de reformas internas, del arte y de la prensa. Feliz año.
