El nuevo año no ha tardado en enseñar los dientes. Hace hoy una semana, el sábado 3 de enero, Estados Unidos bombardeaba diversos enclaves militares de Venezuela en una operación de comandos cuyo objetivo era tomar prisionero al presidente de ese país, Nicolás Maduro. Lo consiguieron, seguramente con ayuda local. Inmediatamente después, Estados Unidos abriría diálogo con el gobierno decapitado para dar pie a una situación de protectorado. Delcy Rodríguez es la nueva presidenta y el Gobierno de Estados Unidos dictará las líneas principales. Primer paso: control estadounidense de la industria petrolera venezolana.
Todo esto lo hemos sabido después. La primera impresión, hace una semana, fue la de una operación militar a gran escala para derrocar al Gobierno venezolano y propiciar un cambio político bajo el liderazgo de María Corina Machado, principal figura de la oposición, recientemente galardonada con el premio Nobel de la Paz. No ha sido así y ello está creando estos días no poco desconcierto.
En paralelo a los acontecimientos de Caracas, el entorno de Donald Trump lanzaba un nuevo desafío: el próximo paso será la toma de Groenlandia. Vale la pena recordar como se transfirió ese mensaje a la opinión pública. El mismo día 3 de enero, mientras todos los focos estaban puestos en Caracas, una militante del movimiento MAGA llamada Katie Miller, esposa de Stephen Miller, súbdita de Gabinete de la Casa Blanca, colgaba en la red X un mapa de Groenlandia con la bandera de las barras y estrellas y un brevísimo texto: “Pronto’. Podría haber sido una anécdota, uno de los miles de mensajes provocadores que cada día se publican en las redes sociales, si el propio Miller no hubiera refrendado a su esposa: “Nadie va a enfrentarse militarmente a Estados Unidos por el futuro de Groenlandia. Para que EE.UU. asegure la región ártica, proteja y defensa a la OTAN y sus intereses, obviamente Groenlandia debería ser parte de Estados Unidos. Vivimos en un mundo que se rige por la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”, declaró Miller.
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Trump no desmintió a su subordinado, al contrario. “Necesitamos Groenlandia por razones de seguridad nacional”, reiteró el presidente el pasado domingo. Su gabinete emitió posteriormente la siguiente nota: “El presidente y su equipo están discutiendo una serie de opciones para alcanzar este importante objetivo de política exterior y, por supuesto, utilizar al Ejército estadounidense es siempre una opción a disposición del comandante en jefe”. “Vamos a hacer algo con Groenlandia, por las buenas o por las malas”, insistió ayer Trump. Es importante recordar la secuencia de declaraciones para entender bien su alcance.
Evidentemente, la primera ministra de Dinamarca, país soberano de Groenlandia desde hace más de trescientos años, se sintió interpelada. El día 5 de enero, el pasado lunes, Mette Frederiksen (socialdemócrata) advirtió que una invasión de Groenlandia supondría el colapso de la OTAN. “Todo se acabaría”, dijo. ¿Por qué? Si su territorio fuese invadido por tropas de Estados Unidos, Dinamarca invocaría el artículo 5 del Tratado de la Alianza del Atlántico Norte que obliga a los estados miembros a defender militarmente al aliado que resulte atacado por una fuerza extranjera. Efectivamente, ello podría suponer el colapso de la OTAN.
No había terminado la semana. En los últimos días tres petroleros fantasmas han sido interceptados por fuerzas estadounidenses en el Atlántico Norte y en aguas próximas a Venezuela. La última nave interceptada se dirigía a Venezuela para cargar petróleo. El primero de ellos se identificó como carguero de nacionalidad rusa poco después de ser apresado en el Atlántico Norte. Efectivamente, hay una flota de petroleros fantasma en navegación permanente, esperando una llamada para dirigirse a tal o cual puerto, o viajar hacia un punto determinado para encontrarse con otra nave cargada de petróleo. Esas naves, que pueden utilizar distintos nombres y banderas, ayudan a Rusia a sortear el embargo de su petróleo a consecuencia de la guerra de Ucrania, y han servido a Venezuela para exportar petróleo a China. Estados Unidos parece querer enviar el mensaje de que esto se ha acabado. Quiere disciplinar el mercado. ¿Por qué?
Petróleo
Estados Unidos quiere disciplinar el mercado
Venezuela y China habían establecido desde hace más de un año una línea de exportación de petróleo al gran país asiático, que evitaba el pago en dólares. Endeudada con China, Venezuela disponía de cuentas en ese país en las que cobraba el petróleo en la divisa internacional china (reminbi) y en criptomonedas, para después adquirir mercancías chinas. Cada vez que un país productor de petróleo ha intentado eludir el dólar, Estados Unidos ha reaccionado de manera virulenta. El coronel libio Gadafi ya no está en el mundo de los vivos para contarlo. El iraquí Saddam Hussein, tampoco. Con el petrodólar no se juega. Desde 1974, desde la crisis del petróleo que sacudió todas las economías occidentales a mediados de los setenta, al multiplicarse por cuatro el precio del carburante, todas las transacciones de hidrocarburos en el mundo se efectúan en dólares, dando lugar a una masa monetaria que garantiza la preeminencia de la moneda norteamericana en el comercio internacional. Si ese mecanismo peligrase, la economía de Estados Unidos podría correr serios riesgos. Y en noviembre se celebran las elecciones legislativas de medio mandato, absolutamente decisivas para el proyecto hegemónico del trumpismo. Así lo explicábamos el pasado domingo en La Vanguardia.
Diversos son los factores que han conducido a Estados Unidos a efectuar un golpe de fuerza en Venezuela, pero podemos estar seguros de que la defensa del petrodólar es uno de ellos. China seguramente podrá seguir comprando petróleo a Venezuela en el futuro, pero deberá pagarlo en dólares. Si hay acuerdo para poner fin a la guerra de Ucrania, se levantará el embargo del petróleo ruso. Rusia, sin embargo, acaba de ser advertida de que será mejor que cobre en dólares. Mensaje a todos los países latinoamericanos, comenzando por Cuba, México y Colombia: Estados Unidos quiere acotar la influencia de China en Latinoamérica. América, incluida Groenlandia, para los americanos. Mensaje también para los europeos: este asunto no es de vuestra incumbencia, suficiente tenéis con vuestros problemas domésticos. Léase la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada a principios del pasado mes de diciembre.
Venezuela se convertirá en un protectorado de Estados Unidos, con un virrey: Marco Rubio, secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional. A él se le ha encomendado la misión de llegar a las elecciones de medio mandato con Venezuela bajo control. Para ello van a pactar con el gobierno chavista decapitado, ante el asombro de la derecha española.
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¿Será posible ese pacto? Eso lo veremos en las próximas semanas y meses. Hay que ser prudentes al respecto. Pueden producirse divisiones en el seno del actual gobierno, ahora dirigido por Delcy Rodríguez. ¿Se mantendrán unidos Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello, ministro del Interior, con gran influencia en las fuerzas armadas? Solo sabemos la mitad de la mitad de la mitad de lo que estos momentos está pasando en Caracas. Sí sabemos que Estados Unidos no quiso arriesgarse con una invasión terrestre del país, que habría desatado una guerra. Trump prometió a los estadounidenses que no habría más guerras. Ahora les ofrece el Protectorado de Venezuela. Por ello no hay ninguna prisa por convocar elecciones en ese país. Las únicas elecciones que se contemplan son las de medio mandato en Estados Unidos. Todas las energías de Trump y sus colaboradores, todas las energías del movimiento MAGA se van a concentrar en ese objetivo.
¿Quiere ello decir que Estados Unidos va a inundar el mercado internacional de petróleo venezolano, industria que pretende controlar de manera inmediata? Eso no va a pasar. En 1965, Venezuela generaba el 11% de la producción mundial de petróleo. Hoy sólo genera el 1%, el 20% del cual se exportaba a China. La reactivación de la industria petrolera venezolana necesita cuantiosas inversiones para su modernización, cuantificadas estos días en 100.000 millones de dólares. Teniendo en cuenta los precios actuales del petróleo (58 dólares el barril, precio OPEP), no es seguro que a las grandes compañías petroleras norteamericanas les salga a cuenta esa inversión en estos momentos, si no recibe algún incentivo del Gobierno de los Estados Unidos. Un acelerón del petróleo venezolano perjudicaría a Arabia Saudita y, atención, a los productores norteamericanos de aceite de conchapetróleo obtenido mediante técnicas de fragmentación hidráulica del subsuelo (fracking). Si la modernización petrolera de Venezuela es cara y si existe el riesgo de perjudicar a las compañías estadounidenses especializadas en el fracking, ¿por qué tanto interés en Venezuela? Respuesta: Venezuela es una gran palanca estratégica. Hoy la prioridad es contener a China en Latinoamérica y dar seguridad al dólar en el mercado internacional de los hidrocarburos. La reactivación de la industria petrolera venezolana llevará tiempo.
Anoche (hora local española), Trump mantuvo una primera reunión con grandes empresas petroleras para hablar de Venezuela. A esa reunión acudió la compañía española Repsol, que se dice dispuesta a multiplicar por tres sus extracciones de petróleo en ese país. El CEO de Repsol, Josu Jon Imaz, intervino en la reunión. Viene ahora una fase de compleja redimensión del mercado venezolano. El petróleo es el eje central de la vida de Venezuela desde hace décadas, desde antes de la primera victoria electoral del comandante Hugo Chávez. A medida que se redefina el mercado del petróleo, se redefinirá la situación política. De entrada, protectorado. Estados Unidos está tomando el control y no hay que confundir control con aceleración.
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¿Ondeará la bandera de Estados Unidos en Groenlandia cuando se celebren las elecciones de medio mandato? Sería una gran baza electoral para Trump, pero la amenaza de invasión militar debe ser tomada con cautela. Habrá mucha presión para que Dinamarca venda la isla a Estados Unidos –esa fue la propuesta inicial de Trump hace un año-. También pueden optar por ofrecer dinero a la población groenlandesa (unas 60.000 personas) para que fuerce un referéndum de independencia, admitido por la legislación danesa, que podría culminar con un tratado de libre asociación con Estados Unidos. La humillación de los políticos europeos en este asunto también forma parte del juego. A mayor humillación de los políticos europeos, más posibilidades electorales para los partidos de extrema derecha europeos, las ‘fuerzas patrióticas’ a las que alude la citada Estrategia de Seguridad Nacional.
Desengaño en Madrid DF, que ya veía a Corina Machado en la presidencia de Venezuela. Los círculos españoles que más han apoyado a Machado podrían haber adquirido posiciones de notable influencia en Caracas. Es comprensible la desilusión. José María Aznar está muy enfadado con Marco Rubio, viejo amigo suyo, del que hoy se halla visiblemente distanciado. Un reciente texto editorial de la Fundación FAES ha llegado a señalar que hay rasgos de “colonialismo” en la política actual de la Administración Trump respecto a Venezuela. “Tutelar el proceso de cambio es una cosa, colonizar el país con tal pretexto, otra muy distinta”, dice el texto. Santiago Abascal, presidente de Vox reivindicó ayer a Trump y emplazó al Partido Popular a no “insultar” al presidente de los Estados Unidos. Isabel Díaz Ayuso se ha fotografiado en Buenos Aires con Javier Milei y su motosierra. Ayuso no quiere perder el contacto con el movimiento MAGA. Núñez Feijóo efectúa equilibrios. ¿Cuál es el partido del Gobierno de los Estados Unidos en España? Vox, sin duda alguna.
El bombardeo norteamericano en Caracas ha sido una acción disciplinante. El virrey Marco Rubio ha tomado el mando. Miami ha tomado el mando. Lo decíamos la semana pasada, si la Unión Europea decayese, el dilema para España podría terminar siendo Europa o Miami, seguir formando parte de Europa o convertirse en un país muy dependiente de Estados Unidos. Estamos avisados.
(Para comprobar que todavía sigue existiendo una visión universalista del actual momento mundial, les recomiendo que se lean atentamente el discurso que pronunció ayer el papa León XIV ante los embajadores acreditados en la Santa Sede).
