Docentes de universidades públicas iniciaron un paro en todo el país en reclamo de recomposición salarial y mayor financiamiento. En la UBA, sectores gremiales proponen profundizar la protesta con una medida sin fecha de finalización.
el sistema universitario público vuelve a entrar en zona de conflicto. Este lunes comenzó un paro nacional docente convocado por las federaciones gremiales del sector, con impacto en la mayoría de las universidades públicas del país. La medida forma parte de un reclamo por mejoras salariales y por la aplicación plena de la ley de financiamiento universitario aprobada el año pasado.
La protesta se desarrollará en dos etapas. La primera se extenderá durante esta semana, del 16 al 21 de marzo, mientras que la segunda está prevista entre el 23 y el 30 del mismo mes.. Durante esos días se espera una fuerte reducción de la actividad académica en facultades de todo el país, con suspensión de clases y distintas acciones de visibilización del conflicto.
En paralelo, el conflicto podría escalar especialmente en la Universidad de Buenos Aires. Allí, docentes nucleados en la Asociación Gremial Docente impulsan una huelga “por tiempo indeterminado”, que se mantendría hasta que el Gobierno cumpla con el incremento salarial establecido por la Ley de Financiamiento Universitario. Según los gremios, el sector acumula una fuerte pérdida del poder adquisitivo en los últimos meses.
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Paro universitario: qué reclaman los trabajadores
El reclamo central apunta a que se haga efectivo el aumento salarial previsto en esa normativa, que ronda el 55%ya que se garantiza el presupuesto necesario para el funcionamiento de las universidades públicas. Desde los sindicatos sostienen que el deterioro de los ingresos docentes y las dificultades financieras del sistema ponen en riesgo el normal desarrollo de las actividades académicas.
En ese contexto, el paro nacional aparece como el primer gran conflicto universitario del año y podría intensificarse si no hay avances en la negociación con el Gobierno. Mientras tanto, miles de estudiantes y docentes vuelven a transitar un escenario conocido en la historia reciente de la educación superior argentina: aulas vacías, asambleas y un sistema que vuelve a discutir cómo financiarse.

