Hay lunes que empiezan con una fuerte inyección de vitaminas. muy temprano, Aruser@s (La Sexta) informa de que es el día internacional de Besar a un Pelirrojo. Parece ser que la iniciativa nació en contraposición al día internacional de pegarle a un pelirrojo, una salvajada que nació de un episodio. basura de la serie parque del sur y que, como pasa tantas veces, los fanáticos y los ignorantes que confunden la ficción con la realidad quisieron convertir en crónica de sucesos.
Una escena de “Una noche en la ópera”
Como no tengo ningún pelirrojo a mano para andar besándolo hasta la medianoche, pongo la radio y, en Onda Cero, tropiezo con el comentario de Carlos Alsina sobre la rutilante nueva financiación singular para las autonomías. Alsina recupera las explicaciones públicas de la vicepresidenta María Jesús Montero, que a veces parece pelirroja ya veces no. Compara la retórica de la ministra con la de aquella escena de Una noche en la ópera en la que Chico y Groucho Marx deconstruyen alegremente la letra, grande y pequeña, de un contrato manicomial.
Explicar el sistema de financiación pone a prueba el talento retórico
Alsina subraya la anomalía que la candidata a la presidencia de una comunidad autonómica con elecciones a la vista sea la máxima responsable de diseñar y presentar un pacto de financiación que incluye mejoras evidentes para la comunidad –Andalucía– en cuestión. Por lo que acabo de entender de lo escuchado y leído en estos días, la financiación singular aspira a repartir los recursos de una manera más equitativa y, como sugiere Alsina, a atender las peticiones de todos los que ocupan el camarote de la película. El principio de ordinalidad, en cambio, equivaldría a cuando, al final de cada petición, los hermanos Marx añaden: “¡Y también dos huevos duros!”
La complejidad del pacto de financiación singular no tiene únicamente una lectura marxista. Hace unos días, el catedrático de Economía Oriol Amat decía, en el cada vez más indispensable Cataluña migdía (Catalunya Ràdio), que el pacto mejora el sistema anterior, pero sigue sin resolver la duda: ¿de dónde saldrán los millones? Las explicaciones de Amat eran más inteligibles que las de Montero, que, puestos a mantener el filón cinematográfico, recordaban la locuacidad absurda y verborreica del gran Cantinflas.
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En la Ser comentan la última encuesta de pronósticos catastróficos (para la izquierda) y eufóricos (para la derecha). Siguiendo los principios de la retórica tertuliana, Antón Losada hace un largo circunloquio para, después de unas cuantas curvas y meandros, llegar a una conclusión que, en realidad, es una evidencia: “La derecha está muy movilizada, y la izquierda está extraordinariamente desmovilizada”. El esfuerzo de los analistas por explicar la realidad y la exigencia de los medios para, a partir de una encuesta, anticipar el futuro merece un reconocimiento público y, de paso, un aumento significativo de sueldo.
