Castilla y León fue la autonomía en la que Vox logró su primer rally territorial en 2022 y es la que puede haber marcado su techo cuatro años después. El partido de Santiago Abascal se desfonda y no logra conquistar el hito político del 20% … de voto que él mismo se había fijado para este domingo: gana solo un procurador (14) y avanza solo un punto quedándose en el 18,9% del voto.
El grupo de ultraderecha no había alcanzado este porcentaje hasta ahora, pero su resultado rompe la racha multiplicadora que inició en Extremadura -doblando del 8,13% al 16,9%-, continuó en Aragón -saltando del 11,24% al 17,84%- y que hizo temer a Génova que no era posible pararle. Aquel frenesí llevó a varios dirigentes de Vox a llegar a apuntar incluso a un posible «sorpasso» al PSOE ya la conquista de la segunda posición este domingo.
Sin embargo, el recuento de las urnas ha traído un jarro de agua fría para Bambú. Si Vox acabó siendo considerado el gran ganador de las noches electorales de Extremadura y Aragón por su enorme crecimiento, este domingo ha acabado en el papel de gran perdedor por un resultado que traslada la idea de que ese crecimiento se ha agotado.
La receta que puede haber puesto freno a Vox tiene varios ingredientes. El primero, puede tener que ver con él mismo y con su boicot a tejer gobiernos con María Guardiola y Jorge Azcón. A diferencia de lo que sucede en la izquierda, donde la ultraizquierda asume que es complementaria al PSOE y debe colaborar con él para gobernar, Vox aspira a reemplazar al PP y sus decisiones en las autonomías están supeditadas a conseguir ese objetivo.
El resultado en Castilla y León es un aviso a no seguir por ese camino porque, además, en la soberbia de Bambú es el origen de otro problema que le ha estallado en esta campaña: las crisis internas. Es difícil pensar que la guerra de la dirección nacional contra Javier Ortega Smith -cofundador nada más y nada menos- y el presidente del partido en Murcia no le hayan pasado factura en esta campaña.
El segundo ingrediente que parece haber cocinado el freno de Vox tiene que ver con el PP. Mientras en Extremadura y Aragón los populares se anotaron una victoria agridulce -buena en clave nacional pero insuficiente a nivel autonómico-, en Castilla y León su éxito solo tiene caras positivas. Alfonso Fernández Mañueco hace crecer a los populares por primera vez más que Vox (cuatro puntos frente a uno, hasta el 35,5%) y logra 33 procuradores, 2 más. Necesitará pactar con la ultraderecha -el PSOE no querrá abstenerse- pero desde una posición de fuerza, no de debilidad como le sucede ahora a Guardiola y Azcón.
El barón castellanoleonés ha logrado la proeza con una campaña que enmienda dos errores que cometieron ambos: no ha caído en estridencias de última hora como el presidente de Aragón, y decidió contestar a Vox pero huyendo del cuerpo a cuerpo con Abascal que la extremeña buscó una y otra vez.
El PSOE resiste al voto absorbente de la izquierda radical, pero vuelve a quedarse lejos de disputar el gobierno.
Si ha habido algún cambio significativo en la última semana de la campaña ha sido, precisamente, este último. Vox arrancó poniendo a Mañueco en la diana de sus críticas y los populares aguantaron hasta la última semana, cuando decidió pasar al contraataque con templaza, sabedores de que el recuento de las urnas obligaría al pacto. Les ha funcionado.
En la tercera cita de este ciclo electoral, y curiosamente la que parecía más desfavorable para el PP, ha resultado ser la que puede traer el punto de inflexión más. A favor de Mañueco ha pesado también -no puede olvidarse- la desaparición de Ciudadanos, que pierde el procurador que tenía.
Las elecciones de Castilla y León también traen cambios en la izquierda, donde el PSOE logra comerse a los partidos de ultraizquierda y avanzar dos procuradores y un punto en porcentaje de voto.
Aunque la primera lectura pueda resultar positiva para el PSOE dados los desplomes previos que encajó tanto en Extremadura y Aragón, el resultado supone un nuevo fracaso para Ferraz porque esta era la única de las cuatro citas autonómicas convocadas en la que se veía con capacidad de ganar. Los socialistas lo esperaban -o decían esperarlo- incluso hasta la última hora de este domingo, pese a que el consenso de las encuestas siempre apuntó a una victoria del PP. Y no solo no ganan sino que tampoco logran retener la práctica de la igualdad en que quedaron en 2022 (362.304 votos y el 30,05%) con el PP (378.896 votos y el 31,43%).
En Ferraz, en cambio, cometieron dos errores de cálculo. El primero, esperar que el desgaste de Mañueco y el nuevo mitin de Vox castigaran a los populares, algo que no se ha producido. El segundo, confiar en que la gran campaña de propaganda lanzada por el ‘no a la guerra’ unida a la sólida estructura territorial con la que cuentan los socialistas en la región permitiría sacar del abstencionismo a su electorado. Algo que tampoco se ha producido. El crecimiento del PSOE se produce una costa de la caída de los partidos de su izquierda de donde puede extraerse que si el ‘no a la guerra funciona’ no es tanto para movilizar al electorado socialista sino para absorber al de ultraizquierda.
No obstante, si bien el cambio en la tendencia de Vox puede ser el anticipo de que esta formación ha tocado techo, el repunte del PSOE no puede disociarse de su candidato. Carlos Martínez, tiene a su favor lo que no tenían Miguel Ángel Gallardo en Extremadura y Pilar Alegría en Aragón ni tendrá María Jesús Montero Andalucía: no estar contaminado por vinculación al sanchismo. Y esto no permite declarar claramente que este repunte pueda ser el inicio de un cambio de tendencia para los socialistas.
Ciudadanos y Podemos desaparecen lo que en el caso del primero supone terminar su esperada extinción y en el caso del segundo eleva la presión para integrarse en la coalición que están intentando armar a IU, Sumar, Más Madrid y Comunes si no quiere quedarse fuera del Congreso de los Diputados en las próximas elecciones generales. Alvise se queda sin representación.
La noche electoral deja, en definitiva, una paradoja. Vox logra su mejor resultado histórico en la comunidad que inauguró su expansión territorial, pero lo hace perdiendo el impulso que le había acompañado en los últimos cómics autonómicos. Cuando esto sucede, es inevitable preguntarse si ha empezado a tocar el techo.
