El vínculo de los jóvenes con la democracia está fuertemente atravesado por el contexto social y educativo en el que crecen. Así lo señaló Juan Manuel Fernández Alvesdirector ejecutivo de la Asociación Concienciaquien explicó que dos factores aparecen de forma constante en los resultados de la encuesta: el capital cultural del hogar y el nivel socioeconómico. “Cuando uno recorre los cruces de la investigación ve cómo, a mayor nivel de estudios de los padres o mayor cantidad de libros en el hogar, el vínculo con la democracia se intensifica”sostuvo. Según el análisis, algo similar ocurre con los ingresos: los jóvenes que pertenecen a hogares de sectores medios y altos tienden a valorar más el sistema democrático.
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Fernandez Alves remarcó que parte del desencanto juvenil con la política está vinculada a la capacidad del sistema para resolver problemas concretos. “Los jóvenes castigan al sistema democrático cuando no atiende sus necesidades elementales”explicó. Sin embargo, aclaró que esto no implica necesariamente una inclinación hacia regímenes autoritarios. De hecho, apenas el 15% admitiría un gobierno de ese tipo en determinadas circunstancias. En cambio, advirtió que existe una brecha importante en formación cívica: “Se ve en el 21% de jóvenes que no sabe qué responder a si la democracia es preferible a un gobierno autoritario. No es porque sean autoritarios, sino simplemente por falta de formación ciudadana”.
En ese contexto, los jóvenes muestran una relación ambivalente con el sistema político. Según Juan, “esperan una democracia efectiva que atienda sus problemas, pero al mismo tiempo no esperan mucho de ella”. Incluso cuando predomina una mirada optimista sobre el futuro personal —el 73% cree que su situación mejorará—, muchos no asocian esa expectativa con la política ni con el funcionamiento de la democracia.
La encuesta también revela una brecha entre la valoración de la democracia como sistema y la percepción de su funcionamiento real en el país. mientras los califican con 8,25 puntos la importancia de vivir en democracia, evalúan la calidad jóvenes democráticas de la Argentina con 6,83. Para el analista, esa diferencia vuelve a estar influenciada por las condiciones sociales. “A medida que los niveles de instrucción educativa del hogar bajan y los niveles socioeconómicos empeoran, esa distancia se agranda”, señaló. Y advirtió sobre un riesgo a futuro: si los sectores con menos recursos o menor formación se alejan del debate público y de la participación electoral, “se elitiza la política y eso no es bueno para la democracia”.
Bajo interés de los jóvenes en la política tradicional: qué miran
El estudio también reveló una relación compleja entre las nuevas generaciones y la política. Según el relevamiento, el 69% de los estudiantes secundarios declara tener poco o ningún interés en la política, aunque al mismo tiempo el 72% afirma que tiene intención de votar, lo que plantea interrogantes sobre cómo se vinculan los jóvenes con la vida pública.
Para el politólogo Facundo Cruzcoordinador general del Observatorio Pulsar de la UBA, este fenómeno combina un nivel de antipatía con nuevas formas de relación con el sistema político. “Que dos tercios de los jóvenes dicen que tienen poco o ningún interés en la política habla de ambos fenómenos: desafección, pero también de cierta distancia”explicó. Según el especialista, muchos adolescentes “se sienten ajenos a ciertos lenguajes, prácticas y usos de la política”, lo que genera una “brecha entre los jóvenes y el sistema político argentino”.
Sin embargo, Cruz Aclaró que esa distancia no significa ruptura total: el informe muestra que menos de un tercio sigue a dirigentes políticos en redes sociales y cerca del 10% participó de marchas, campañas o recolección de firmas, lo que refleja un bajo nivel de involucramiento directo. Aún así, sostiene que la conexión existe: “No es que no hay vínculo con la política, pasa que ese vínculo es distante”afirmó. De hecho, muchos jóvenes mantienen contacto indirecto con la política: tres de cada cuatro dicen haber acompañado alguna vez a un familiar a votar.
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La relación con el voto también refleja esa ambivalencia. Aunque la mayoría considera importante participar en las elecciones, una proporción alta cree que votar no alcanza para cambiar el rumbo del país. Para Cruz, esto no necesariamente implica una crisis de participación. “Más que crisis de representación, lo que aparece es cierta ausencia de representación”, señaló. En su visión, muchos jóvenes sienten que la política “no les está hablando en el tono, con las propuestas ni con el lenguaje que esperan”lo que alimenta el escepticismo sobre la capacidad del sistema político para resolver problemas cotidianos.
El informe también muestra que el desinterés es mayor en sectores socioeconómicos más vulnerables. Según el politólogo de la UBA, allí la distancia con la política se profundiza. “A menor nivel socioeconómico y menor capital cultural en el hogar, la distancia con la política y el sistema político es mucho mayor”explicó. En esos segmentos, además, aumenta la proporción de jóvenes que no sabe o no responde cuando se les pregunta por su preferencia entre democracia u otras formas de gobierno, lo que refleja una menor integración política.
De cara a las elecciones presidenciales de 2027, el impacto del voto joven todavía es incierto. Cruz recordó que los votantes de 16 y 17 años representaron cerca de 1,2 millones de personas, alrededor del 3% del padrón nacional, y que su participación suele ser menor porque el voto es optativo. “Si la elección es muy disputada, el votante joven puede llegar a ser determinante; si es más cómodo, probablemente no lo sea”, sostuvo. En cualquier caso, concluye, todo dependerá de cuántos jóvenes decidan efectivamente ir a votar y de cómo lograr la política interpelar a esa generación.
La grieta: qué pasa con la tolerancia y la disidencia ideológica
El vínculo con la información política también cambió: las redes sociales son la principal fuente de noticias para el 79%, muy por encima de los medios tradicionales. Este fenómeno refleja una transformación generacional en la forma en que los jóvenes se informan, debaten y forman opiniones sobre la vida pública.
Otro de los hallazgos más llamativos es el alto nivel de tolerancia política entre estudiantes secundarios. Solo 3 de cada 10 creen que se puede juzgar a una persona por sus ideas políticas, mientras que el 64% dice tener amigos que piensan distinto y el 61% podría estar en pareja con alguien con otra posición ideológica. En un contexto de fuerte polarización en la política adulta, el estudio sugiere que las nuevas generaciones tienden a separar la convivencia social del conflicto partidario, priorizando el respeto por la diversidad de opiniones.
Paraca Sergio Sicilianolegislador porteño, docente y exrector de la Unicaba, los resultados reflejan un rasgo positivo de las nuevas generaciones frente al clima de confrontación que domina el debate público. “Me parece un dato auspicioso que los jóvenes ven en la convivencia democrática y en la diversidad de ideas un valor”señaló. En ese sentido, destacó que muchos estudiantes reconocen que pueden tener “buenos amigos, parejas o compañeros con quienes piensan distinto”, algo que —según remarcó— demuestra que la diferencia política no necesariamente implica enemistad ni ruptura en los vínculos.
Siciliano también vinculó este fenómeno con cambios en la forma en que los jóvenes se informan y construyen sus opiniones. “Hoy la escuela ha dejado de ser el centro del saber y las redes sociales son el principal lugar de información”reflexionó, en referencia al peso que las plataformas digitales tienen en la formación política de los adolescentes. Frente a ese escenario, sostuvo que la escuela debe reforzar su rol en la formación democrática: “El ejercicio del diálogo, el consenso y la construcción de acuerdos hacen la diferencia”afirmó. Planteó así que prácticas como debates estudiantiles, parlamentos juveniles o modelos de Naciones Unidas deben ocupar un lugar más central en la educación cívica.
De cara a las presidenciales de 2027, el desafío para la política será conectarse con una generación que no rechaza la democracia, pero exige mayor eficacia y resultados concretos. Lejos de la apatía total, el estudio muestra una juventud que prefiere una relación menos ritualista con la política: más crítica, más digital y, al mismo tiempo, más tolerante con la diferencia.

