Valencia se prepara para afrontar los días grandes de sus Fallas 2026 con los 1.800 hidrantes de la ciudad listos para dar servicio a una fiesta en la que «el fuego es el protagonista, pero el agua también es necesaria». Tanto que su consumo, … pese a mantenerse estable, puede subir entre un 2 y un 5% respecto a una jornada normal.
En la demanda juegan un papel fundamental si las condiciones meteorológicas son buenas -un factor determinante que la aumenta- o si los actos centrales coinciden con el fin de semana, lo que dispara la presencia de visitantes, como ocurrió hace dos años. De los datos aportados por Emivasa se desprende el flujo de entradas y salidas de la ciudad: el uso del agua pasa de ser doméstico a estar más vinculado a la vida comercial en la calle y los hoteles.
En la sede de la empresa mixta se ha celebrado este lunes una reunión para coordinar el operativo de abastecimiento en Fallas, en la que han participado los concejales de Ciclo Integral del Agua, Carlos Mundina, y de Prevención de Incendios, Juan Carlos Caballero; así como el CEO de Global Omnium, Dionisio García Coín, y Javier Macián, de Emivasa.
Además de la revisión de las tomas de agua que hay en la ciudad -siete más que el año pasado-, también se ha dado servicio a 113 puestos de venta en las calles, la mayoría de buñuelos. Al tener toda la red potable digitalizada, Emivasa puede realizar patrones a futuro con los que adelantar cualquier necesidad que pueda surgir. Para estas Fallas se espera un comportamiento similar al de las últimas.
Hay un aspecto que no varía nunca. El consumo de agua cae en picado durante la mascletà, a las 14 horas, cuando multitud de ciudadanos se concentran en el centro de la capital del Turia. Ocurriría lo mismo durante la pandemia, en el momento en el que se producían los aplausos en los balcones al personal sanitario.
«Minutos antes y minutos después del disparo de la mascletà se nota un aumento de presión, que sube ligeramente al pausar los ciudadanos su actividad; y, por tanto, el consumo disminuye. Al finalizar, inmediatamente después, se produce un pico de consumo que provoca una bajada temporal de presión, que se estabiliza poco después, volviendo a los valores habituales», ha explicado Javier Macián.
No obstante, ese impacto es más extremo el 19 de marzo, día de San José. El festivo provoca una demanda más elevada de lo normal durante la mañana, aunque el pico se retrasa al mediodía y vuelve a caer ante los disparos que ofrecen muchas comisiones antes de comer. Ese desplome se prolonga más en el tiempo.
No es hasta la Cremà cuando se detectan otros picos provocados por aquellos que retrasan su hora de descanso habitual y, sobre todo, por las labores de extinción y control simultáneos de los bomberos en los cientos de fallas de la ciudad.
