La celebración del Madrid DF. de la captura de Nicolás Maduro por narcotráfico fue prematura. La democracia no regresará pronto a Venezuela. Esos son los hechos. Y, claro, la vieja consultoría implosionó con la constatación de que el mundo de “dioses fuertes” liderado por Trump, que venimos explicando como futuro terror, vuelve al uso de la fuerza sin consecuencias. Una utilización de la fuerza por encima de las emociones, y estas, a su vez, de las razones, conformando un triángulo estratégico. En un show de Trump que combina la relación con un acto político, que mueve el tablero interno y global, con el arresto del titular del Ejecutivo venezolano a millas de kilómetros sin importar la altura moral e institucional, solo las agallas. Con la frontalidad como el gran timbre de su comunicación política, haciendo un buen negocio petrolero, vendiendo el eje democracia-prosperidad como consumo interno y vinculando esta captura a las exámenes parciales cuando explica que habrá gracias a ella una mayor seguridad en Washington DC., Nueva Orleans o también en Chicago, a pesar del gobernador (dixit). Energía, inmigración y, pronto, vivienda. Ya lo verán. Sabiendo Trump a lo que juega en su rol de estabilizador: lo primero, lo material y, por cierto, sin importar ni el cómo, la acción violenta, ni el precio, el derecho internacional.
Rubio, Trump y Hegseth, en la rueda de prensa del sábado pasado
Esta es la inversión ética que se extiende por todas nuestras democracias con éxito. La banalización de lo prohibido, también la desmitificación de la libertad, hoy la de Venezuela, sometida ya a un imperialismo híbrido del siglo XXI. Esto nada tiene que ver con la invasión de Panamá en 1989 para capturar a Noriega. Insistir en las rimas del siglo XX no ayuda a entender la situación. Esto va sobre lo fuertes que somos algunos y de cómo hacemos lo que queremos explotar a placer un vecindario. La mejor respuesta europea no ha sido tristemente la de la Comisión, sino irónicamente –signo de época– la de los autoritarios franceses de la mano de Jordan Bardella y Marine Le Pen, duros, priorizando la soberanía, el proceso democrático y el derecho internacional. Discutiendo el futuro terrorífico, tratando de proyectar otro, no un regreso al pasado. En ese estilo radica su popularidad.
La mejor respuesta europea no ha sido tristemente la de la Comisión, sino la de los autoritarios franceses.
A partir de aquí todas las opiniones son libres en torno al show de Trump, que retrata, no obstante, a todos. En un contexto indiscutible, eso sí, de ridículo para Europa y la oposición venezolana, destruyendo políticamente a Edmundo González –ese desconocido presidente legítimo– y devaluando como en el béisbol con un huelga 3, eliminada, a la nobel María Corina Machado, transformada ya en pagafantas a favor de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez (hoy presidenta interina) como posible administradora de un protectorado, entre amenazas también a México y Colombia. Dejando claro Trump, en definitiva, que la doctrina Monroe vuelve para quedarse y extenderse: “EE.UU podrá imponer su voluntad en cualquier lugar y en cualquier momento”. Confirmando el futuro terror, pues, con Groenlandia como el puente entre las Américas y la UE. ¿Quién le va a decir a Xi en estas condiciones que China no haga lo mismo con Taiwán? ¿En qué lugar quedan Putin y Zelenski y la guerra de Ucrania? ¿Y Gaza? La fuerza sustituye a las reglas.
A la vieja consultoría le gustan las rimas de una era socioliberal que ya no existe. Un ejemplo claro es cuando les dicen en artículos el porcentaje de transferencia de un partido a otro, pero nadie les explica el porqué: aquí sí lo hacemos y con mucha antelación. Miren, ni España ni el mundo es una bolsa de valores. Esta era que comienza, cualitativa, es para los mejores estrategas. Los que tienen un porqué y pueden soportar cualquier cómo explicándolo. Y es que todo lo que sucede es siempre al revés de cómo lo explica el Madrid DF. Lo último: los camarilla de la derecha. Hemos dejado atrás el 2025, el año del despiste, la confusión y la vieja consultoría política y empresarial. Y el 2026 será el año del cordón sanitario, esa vieja antigualla. Cuanto más se capaz del cordón, más cohesión del electorado con las tesis autoritarias. ¿Por qué? Se sienten maltratados por un sistema más inseguro que no incluye a todos ni reparte beneficios. Hay que conectar con la zona de ruptura, no acordonarla. La captura de Maduro por parte de Trump es una fortaleza y una debilidad para Abascal; para Sánchez es una oportunidad pero no una fortaleza, y para Feijóo no es ni fortaleza ni oportunidad… ¡Es su gran amenaza!
