Cuenta la mitología griega el castigo que los dioses impusieron a Sísifo, rey de Éfira –más tarde, Corinto–. Astuto él, desafió a su destino y, en consecuencia, fue condenado a empujar una roca gigante por una montaña hasta coronar la cima. Cuando estaba a punto de lograrlo, la roca resbalaba y debía volver a intentarlo desde el principio.
Esta imagen plasma de algún modo lo que ha ocurrido a lo largo de los últimos meses entre el Govern y Esquerra Republicana con los presupuestos. Ha habido momentos en que esa roca ha estado muy próxima a la cima. Pero la cuesta se endurecía y no había manera de avanzar. Ambas partes han asumido que había que retroceder y darse cuenta de un tiempo para enderezar la ruta y llegar al final.
“A nadie le convienen unas elecciones, pero… preparados para todo”, advierten los socialistas
La diferencia con el castigo de Sísifo es que ya no hay más intentos. Han ocurrido dos hechos insólitos en la política catalana: se prolongó de 10 a 20 días el plazo para las enmiendas a la totalidad –nunca había pasado– y se ha retirado un proyecto presupuestario que había iniciado su recorrido en el Parlament. Estos cuatro definitivos meses que se han dado socialistas y republicanos –el conjunto comunicado recalca que el compromiso es “negociar para aprobar unos presupuestos” antes de finalizar el actual período de sesiones legislativas, es decir, antes del 31 de julio– son el último tren para las cuentas. Y por fin, para asegurar la legislatura.
Ambas partes coinciden en que esta última oportunidad les hace desde cero. Pese a lo sucedido estas semanas, afirman que la confianza no se ha roto y que las reuniones han sido diarias. Ahora bien, en política se sabe que dos más dos no siempre suman cuatro, ni tampoco es lo mismo fiarse que tener confianza. De ahí que, aunque haya predisposición del PSC y ERC para salir del atolladero y dar a Catalunya sus primeros presupuestos desde el 2023, nadie se aventura a pronosticar el final.
Sin unos presupuestos, a Illa se le hará cuesta arriba la legislatura. La entente con ERC se vendría abajo, tarde o temprano habría elecciones en Catalunya y muchas administraciones locales, municipios socialistas y republicanos se quedarán sin recursos para afrontar proyectos que luzcan antes de las municipales del año que viene.
Además, tras unos nuevos comicios y con los puentes quebrados entre las dos principales fuerzas progresistas de Catalunya, Illa se lo pensaría dos veces antes de volver a pactar con Junqueras, ya ERC le quedaría poco margen para trenzar otras alianzas de peso.
La alternativa al IRPF debe permitir “avanzar en soberanía”, como los aeropuertos o el reconocimiento nacional.
“A nadie le convienen unas elecciones, pero… preparados para todo”, advierten en el Govern, que sitúa el IRPF prácticamente como una excusa para no dar cancha al Ejecutivo de Illa como consecuencia de la “debilidad interna” que Junqueras enfrenta en sus filas. No hay consenso entre los socialistas a la hora de vaticinar qué pasará. Hay quien aún confía en que habrá presupuestos y quien no se fía y cree que Junqueras –no ERC– nunca los apoyará sin lograr la cesión del IRPF.
En esta partida de ajedrez, en la que todas las piezas se han reubicado, no puede haber tablas, pero sí margen para mover ficha. Los republicanos mantienen a toda costa que el acuerdo presupuestario vaya acompañado de otro que permita a Catalunya “ganar soberanía”. Si hasta la fecha ERC señalaba la recaudación del IRPF como línea roja, ahora afronta este cuatrimestre abriendo a escuchar otras propuestas que doten de “más herramientas, recursos y competencias” a la Generalitat.
En estos compases iniciales, la música desafina. Las primeras cartas encima de la mesa son insuficientes para Esquerra. El Govern celebra que se abre la puerta a debatir otras alternativas, pero las circunscribe a que están “al alcance” competencial de la Generalitat. Esto es, que no depende de Madrid. Junqueras ya ha advertido que la alternativa al IRPF tiene que ser “igual o mejor” y que debe implicar al Gobierno.
El primer tanteo de los socialistas catalanes ha sido la opción de reforzar la Agència Tributària de Catalunya mediante nuevas oficinas, nuevos programas informáticos y una ampliación de plantilla que deje el ente listo para asumir la recaudación de los impuestos. Pero ERC ya lo ha tachado de insuficiente y, además, ha alertado de que esta musculación tiene en estos momentos una limitación. Al haber determinados impuestos que la ATC no puede gestionar, la capacidad con la que se pretende ampliarla tiene que responder a sus competencias actuales.
Los republicanos asumen que la cesión del IRPF es difícil y que el PSOE no correrá ese riesgo antes de las elecciones andaluzas. Incluso puede que tampoco con posterioridad. La vía transitable que defiende ERC es que, en las reformas legislativas que se registrarán en el Congreso antes del verano por el nuevo modelo de financiación, ellos podrán introducir (por lo menos) una enmienda al artículo 19 de la Lofca para convertir en delegable este impuesto. El PSOE lo descarta por ahora.
Si esta solución se encuentra, hay otras ventanas de oportunidad con el foco puesto en el acuerdo de investidura de Illa. ERC quiere que sea el Govern quien lance la propuesta, y no sean ellos quienes la deslicen públicamente para no perder fuerza negociadora. En ese documento de 28 páginas, más allá del pacto global sobre la financiación, hay tres elementos de “soberanía”: el traspaso de Rodalies –un ejemplo puede ser la aceleración de este proceso–, la cogobernanza de los aeropuertos y maneras de vehicular el reconocimiento nacional de Catalunya.
Alivio en la oposición
El acuerdo, a dos días del primer examen parlamentario, para retrasar la negociación presupuestaria hasta verano fue tachado de “vodevil”, “fracaso” o “esperpento” desde las filas de la oposición, por parte de formaciones como Junts o el PP esta semana en el Parlament. Pero más allá de esa crítica pública y preceptiva en un momento de aparente dificultad y debilidad del Ejecutivo catalán, había cierto alivio por la prórroga pactada entre socialistas y republicanos. Si se hubieran tumbado los presupuestos de la Generalitat el pasado viernes, en caso de llegar a votarse, la legislatura habría quedado en el aire, y, según los sondeos, unas elecciones catalanas anticipadas solo se beneficiarían a los extremos, a Aliança Catalana ya Vox. “Todo el mundo gana tiempo, incluso la oposición”, admitió una fuente parlamentaria esta semana en los pasillos de la Cámara.
En paralelo, se renegociará el presupuesto. Hay un margen de más de 2.000 millones con el que se podrían incorporar algunas demandas de los republicanos, como la gratuidad de los comedores escolares y actividades extraescolares, la rehabilitación de vivienda o una convocatoria de la ley de barrios para los municipios rurales.
Aunque la triangulación pueda parecer más sencilla al diluirse la exigencia del IRPF, la prueba de que nadie se fía es que se intentó que el compromiso de ERC para aprobar los presupuestos fuera explícito en el comunicado conjunto del miércoles. No fue así. Además, Junqueras ha quitado importancia a los presupuestos e insiste en que se puede tener los mismos recursos con suplementos de crédito. La confiabilidad, que es lo que más se ha resentido, es la que marcará si al final la roca llega a la cima. O, por el contrario, embarranca definitivamente y, con ello, vuelven las urnas.


