No es la primera vez que Pedro Sánchez protagoniza conversaciones en Bruselas. El presidente español también fue punto del orden del día en la última reunión de líderes de la OTAN, cuando su negativa a acatar los designios de Donald Trump y elevar al 5% del PIB el gasto en defensa fue uno de los titulares de la cumbre de la Alianza Atlántica en La Haya.
Entonces Trump ya chantajeó a España con aranceles y, aunque muchos diplomáticos en privado reconocían que sus países también tendrían dificultades para alcanzar el elevado dispendio que exigía el socio estadounidense, en Europa no se terminó de entender la batalla pública que libró Sánchez en solitario.
Al fin y al cabo, llegaba en pleno esfuerzo europeo por rearmarse frente a la amenaza rusa, y cuando la Administración estadounidense se desentiende de la seguridad del continente. La Comisión Europea había llevado a cabo mecanismos de inversiones masivas en defensa, incluyendo un paquete de 150.000 millones de euros en préstamos. España insistió en que cumpliría los objetivos de capacidades de la OTAN –de momento lo está haciendo, según certificó a este diario el almirante Cavo Dragone–, pero los países bálticos, los del este o los nórdicos, los más expuestos a la ira del Kremlin, veían en esta postura española un gesto insolidario.
El plantón de Sánchez a la guerra iniciada por Trump en Irán tiene cada vez más adeptos en Europa.
Esta vez es diferente. El plantón de Sánchez a la guerra iniciada por Trump en Irán tiene cada vez más adeptos en Europa, que ve que puede ser arrastrada a un conflicto con enormes consecuencias sobre su economía. Comenzando por los precios de la energía, que ya eran considerados unos de los grandes impedimentos al despegue de la competitividad económica y de la reindustrialización en territorio comunitario.
Pese a que en un principio nadie se atrevió a criticar la guerra como una nueva erosión del derecho internacional con tanta intensidad como el Gobierno español, el enfrentamiento ha rebajado el apoyo europeo a los bombardeos sobre Irán. El impacto económico y la incertidumbre sobre una guerra que se teme larga aumentan el nerviosismo en la capital comunitaria.
Sánchez ha recibido la solidaridad por las amenazas al embargo comercial de varios dirigentes europeos. Se lo comunicaron el presidente francés, Emmanuel Macron; la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el presidente del Consejo Europeo, António Costa; el nuevo primer ministro holandés, Rob Jetten; o el primer ministro de Luxemburgo, Luc Frieden.
Europa se vuelve a encontrar ante la espada y la pared frente a Trump, como tras el ataque a Venezuela para detener a Maduro.
En Alemania, pese a que el canciller Friedrich Merz no paró los pies en público a Donald Trump en el Despacho Oval, su ministro de Exteriores, Johann Wadephul, aseguró unos días más tarde que “España puede contar en todo momento con la solidaridad europea y, por tanto, también con la solidaridad alemana cuando se trata de amenazas con nuevas barreras comerciales”. La Comisión Europea se ha mostrado dispuesta a actuar si es necesario. “Cualquier amenaza comercial dirigida contra un Estado miembro es una amenaza contra la Unión Europea”, dijo el vicepresidente Stéphane Séjourné.
Incluso la primera ministra italiana, Giorgia Meloni –poco sospechosa de simpatía hacia el socialista– se ha sumado a la postura de poner límites al uso de las bases por parte de Estados Unidos. “No estamos en guerra y no queremos entrar en la guerra”, sostuvo la primera ministra italiana, pese a que no ha mostrado un atisbo de respaldo público a Madrid.
En Múnich, el canciller Merz también ha girado su postura de forma notable. De apoyar sin fractura a EE.UU., el alemán ahora advierte que una prolongación del conflicto tendría “consecuencias de gran alcance para Europa”.
Teherán está lejos de La Haya. Europa, que ha repetido durante los cuatro años de invasión rusa la importancia de respetar la soberanía territorial, se vuelve a encontrar bajo la espada y la pared frente a Trump, igual que tras ataques EE.UU. a Venezuela para detener a Nicolás Maduro.
La UE entendió que debía mostrar firmeza después de las amenazas de tomar Groenlandia
António Costa pronunció el viernes un discurso en Hamburgo. “Irán es responsable de las causas profundas de esta situación. Pero el unilateralismo nunca puede ser la solución”, advirtió el presidente del Consejo Europeo, en una crítica velada a las acciones del Pentágono.
Desde que comenzó el segundo mandato turbulento de Trump, la UE había seguido una política de apaciguamiento, convencida de que es mejor para sus intereses mantener calmado al presidente de EE.UU.. Lo hizo al acatar un mal acuerdo comercial y al callar en la operación venezolana. Pero algo cambió cuando el republicano amenazó con tomar Groenlandia por la fuerza y con imponer aranceles a ocho países europeos por ello.
La mayoría de los líderes entendieron entonces que se había terminado el tiempo de plegarse ante el republicano. Solo cabía una actitud de firmeza. Incluso se plantearon estrenar el famoso instrumento anticoerción. La pregunta es si este cambio de actitud tendrá continuación con las bombas incendiando Oriente Medio.
