Entre tantos dimes y diretes, sucedió ayer algo relevante. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) presentó un informe demoledor sobre incapacidad temporal (IT) en el trabajo. No hay que esperar de un organismo como este, por muy independiente que se pretende, un desmelene extremo. Pero la Airef apuró ayer al máximo su margen de claridad expositiva para decir casi con todas las letras lo que ya sabe desde hace tiempo todo hijo de vecino, sea empleado o empresario –grande, pequeño, mediano o autónomo–. El resumen viene a ser que en los últimos años se han acrecentado tanto los incentivos para no ir a trabajar que el absentismo justificado por incapacidad temporal se ha disparado mucho más allá de lo razonable. Y, con él, la amenaza sobre la productividad y los costes, tanto para las empresas como para el erario.
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