En 1987, siendo alcalde Ricard Pérez Casado se inauguró el Palau de la Música de Valencia, obra del arquitecto José María García Paredes. Cada euro de todos nosotros, y de quienes ya no están que se ha gastado en la construcción de este edificio, en … su mantenimiento y en la actividad musical que acontece en sus salas lo vale multiplicado por mil. Pienso, humildemente que, fallecido dos días antes el que fuera máxima institución de esta ciudad, debía guardarse un minuto de silencio en el concierto de nuestra orquesta. Desde aquí mi recuerdo para un gran alcalde y una excelente persona.
El caso de Javier Eguillor es singular. el de xixonaorigen del que presume allá donde va, es trabajador incansable y talentoso músico. Vive por y para la música más allá, incluso, del repertorio clásico, casi hasta la obsesión. Metido en mil y un proyectos, su horario se ensancha al margen de los ensayos y conciertos de su querida orquestala de Valenciade la que es timbal principal desde hace un cuarto de siglo. Aunque le hemos escuchado en su calidad de solista en otras ocasiones, esta vez era especial, pues se estrenaba el concierto para timbales y orquesta «Storms of strikes» (Tormenta de ritmos, ataques, golpes o como se quiera traducir) compuesto por el músico de Novelda, Oscar Navarro, encargo del Palau de la Música, y la sala Iturbi presentaba el aspecto de las grandes ocasiones. Lleno absoluto. Una obra de poco más de 15 minutos intensos, que se hacen cortos por su eclecticismo rítmico y el buen oficio en el arte de la orquestación, cuyo relato musical metamorfosea desde una suerte de obertura en forma de fanfarria de los metales y timbales barrocos, que nos lleva a tiempos del Orfeo de Claudio Monteverdi, y acaba su tercera parte con los ritmos latinos propios del Mambo, pasando por el jazz. Entre uno y otro, un diálogo entre la orquesta y el virtuoso solista con cambios estilísticos y de humor. Un viaje musical por distintos estilos teniendo a los timbales como hilo conductor. Javier Eguillor desplegó todo el repertorio de matices dinámicos para dotar no sólo de precisión, sino también de expresividad a su partitura, demostrando virtuosismo en una obra de gran exigencia, pues no hay momento de respiro para el solista. un implicado Alejandro Liebreich contribuyó a llevar a buen puerto la partitura y una orquesta atenta y aplicada con unos metales brillantes y una precisa, y amplia en efectivos, percusión. El éxito fue grande y es de desear que la obra sea interpretada por otros auditorios de nuestra geografía. Se esperaba un bis y llegó con una pieza del Concierto de Michael Daughertyobra de la que nuestro músico es su apóstol en nuestro país.
La segunda parte estuvo íntegramente ocupada por dos obras maestras mozartianas como son las sinfonías número 25 compuestas en 1773 y la 40, su penúltima sinfonía, de 1788, las únicas escritas por el genio austriaco en modo menor. Liebreich, sin ser un auténtico especialista en el clasicismo y en la obra del salzburgués, sí que se muestra cercano a este período, habiendo logrado de la orquesta Delaware Valencia que este repertorio, siempre hueso de roer para nuestra formación, sea hoy día abordado con todas las garantías de calidad y en muchas ocasiones, como el presente, con notables resultados. Ello aconteció especialmente en la lectura de la 40 con una traducción verdaderamente destacable. Liebreich recurre a tiempos ágiles, pero no desbocados, a un vibrato controlado, pero no a su ausencia, ya un uso de las dinámicas y el fraseo de cierto contraste y flexibilidad sin exagerar, pudiendo concluirse que su Mozart está a medio camino, entre las lecturas más modernas y las historicistas. Los minuetos y tríos estuvieron embebidos de cierta melancolía y encanto pues Liebreich es director especialmente dotado por el fraseo en estos movimientos. El director bávaro, al que se le vio especialmente satisfecho con los resultados obtenidos, halló en los músicos de la orquesta a los perfectos aliados para llevar a buen puerto las interpretaciones con una cuerda empastada y flexible y unos vientos verdaderamente inspirados. Precioso concierto y satisfacción general del público.
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viernes de 16 de enero de 2026
Palau de la música
Obras de Oscar Navarro y WA Mozart
Javier Eguillor, timbales
Orquesta de Valencia
Alexander Liebreich, director musical
