“Recomiendo al PP moderación, los ciudadanos quieren sensatez”. Esta era la frase con la que La Vanguardia tituló la entrevista ofrecida por Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía. Era a finales del año pasado, Moreno se encontró en Barcelona para presentar su libro Manual de Convivencia donde apuntala su perfil de moderado y de consenso a través de lo que denomina la “vía andaluza”. Una estrategia alejada de la confrontación y de la actual polarización que impregna la política española.
Hace unas semanas, el presidente andaluz inició la precampaña con el mismo guion en El Hormiguero donde quiso desmarcarse de las formas de Isabel Díaz Ayuso: “Andalucía y Madrid son diferentes”, afirmó, en un intento de marcar distancias también con los postulados de Vox. Sin embargo, Moreno afrontará en breve su prueba de fuego para mantener ese talante en un clima enrarecido y de máxima confrontación política durante la inminente campaña andaluza, que arrancará el 1 de mayo.
Para Moreno el reto es demostrar que su perfil moderado no solo es rentable, sino suficiente
Difícil lo tendrá el presidente andaluz para templar los ánimos cuando los desplantes a sus adversarios políticos llegan desde su propio partido. Un ejemplo son las polémicas palabras de su colega en Aragón, Jorge Azcón, quien ayer, en unas declaraciones fuera de tono, aseguró que la aspirante socialista a las Cortes de Aragón, Pilar Alegría, es “más atractiva esencialmente” que María Jesús Montero, cabeza de lista del PSOE en Andalucía y vicepresidenta saliente del Gobierno de Pedro Sánchez.
Las de Andalucía serán las cuartas elecciones en seis meses en comunidades gobernadas por el PP. En los tres comicios anteriores han ganado los populares. Una victoria agridulce porque necesitan a Vox para formar gobierno y en las negociaciones las palabras gruesas y disputas mutuas de han sido bloqueo la tónica dominante. En ese contexto, la cita andaluza adquiere un valor añadido como termómetro del margen real que tiene el PP para consolidar mayorías propias sin depender de Vox. No se trata solo de revalidar el poder, sino de hacerlo bajo un marco distinto: el de la autonomía política frente a sus socios habituales. La cuestión de fondo es si el electorado premiará esa apuesta por la centralidad o, por el contrario, seguirá imponiendo una aritmética que obligará a reeditar alianzas incómodas para el PP.
Para Moreno Bonilla, el reto no es menor: demostrar que su perfil moderado y la “vía andaluza” no solo es electoralmente rentable, sino también suficiente para gobernar en solitario en un escenario político cada vez más fragmentado.

