Madrid ha sido musa de galardonados poetas y escritores, que encontraron en sus calles versos y finales. Es la «gran ciudad loca» sobre la que escribió el poeta valenciano Miguel Hernández, que halló en ella el mismo júbilo que diversos cineastas han tratado de retratar. … en sus películas desde que la imagen se abrió paso en la cultura popular. Son numerosas las veces que la gran pantalla se ha rendido a la capital, proyectando sus calles en auditorios abarrotados, como lo hizo Alejandro Amenábar con una desértica Gran Vía en ‘Abre los ojos’ (1997) y como lo hará Woody Allen en la primavera de 2026.
Son atraídos por el frenesí de una gran urbe que parece no haber perdido sus tradiciones a pesar de su modernidad, por un lugar en el que los oficinistas disfrutan tras su jornada de una cerveza bien tirada y en el que los jóvenes matan las horas en cualquier parque las noches en las que no apetece un garito. Madrid es, para el cine, la ciudad a la que uno acude a enamorarse. Pero tras series y películas ambientadas en la capital hay olvidadas horas de rodaje y trabajo entre bastidores. Hay camiones, cámaras y equipos de grabación, autorizaciones y permisos para rodar en calles habitadas por vecinos cansados de tanta agitación.
Que el barrio Salamanca fuera el escenario del plano secuencia que despidió a Óscar y Ana en el último episodio de ‘Los años nuevos’, de Rodrigo Sorogoyen, supuso la movilización de un hotel y un mercado casi por entero. Hay zonas en las que las grabaciones son puntuales pero, en otras, «se repiten cada semana». Es el caso de Chueca y Las Salesas, cuyos vecinos llevan años quejándose de una situación que ya consideran insostenible. «A todos nos gusta el cine, pero no a costa de quedarnos inmovilizados sin poder cruzar la calle o de no dormir», apunta Esteban Benito, presidente de la Asociación de Vecinos de Chueca y Las Salesas.
El número de grabaciones se ha intensificado tras la pandemia aunque, en el barrio de Justicia, el pasado 2025 disminuyeron las solicitudes de rodaje respecto a años anteriores. Según los últimos datos de Madrid Film Office, el año pasado la capital fue escenario de al menos 71 películas, 52 series y más de 410 anuncios. En total, la ciudad recibió más de 1.025 proyectos rodados con permisos de ocupación de vía pública en la ciudad, una cifra similar a la del año anterior.
Leticia, vecina de la calle Orellana, convive de manera habitual con estas grabaciones, que han pasado a convertirse en un vecino incómodo. Cada poco tiempo, se cruza con señales que avisan de que el tráfico se cortará y los vehículos aparcados deben ser retirados. Precisamente, este es uno de los principales problemas para los vecinos. «Me ha pasado que he estado de viaje y, al llegar, no estaba mi coche. Si no los movilizamos se los lleva la grúa y, como son calles complicadas de aparcar, a veces lo tenemos que dejar varios días en un parking que pagamos nosotros», cuenta, subrayando que abona una tasa para poder aparcar en la zona.
Otro vecino de la misma calle denuncia la ausencia de alternativas: «O lo mueves o se lo lleva la grúa». Para él, uno de los principales problemas está en la frecuencia con la que sucede porque «si están grabando, hay cosas que puedes soportar». Sin embargo, rechazan las constantes restricciones de movilidad, que no solo afectan a los vehículos, sino que también se extienden a los peatones. «Me ha pasado de intentar salir de casa y que me pidieron que no lo hicieran. A veces intentas ir a tu vivienda y lo mismo te dicen que no puedes pasar porque están grabando», sostiene Leticia.
La nocturnidad de algunas filmaciones también se ha convertido en una fuente de discusión, puesto que la oscuridad desaparece cuando los focos entran en escena. «Vienen a rodar por las noches con focos enormes y dan a las habitaciones. Aunque use contraventanas, siempre entra algo», asegura la vecina de Orellana. Los pisos, antiguos y poseedores de la característica estética de la zona, carecen de persianas que puedan bloquear la penetración del alumbrado.
A su lucha se suma que, según argumentan desde la asociación de vecinos, «hay un uso fraudulento de las autorizaciones de grabación en vía pública, porque la ordenanza limita la ocupación del espacio a una serie de metros y ellos juntan varias autorizaciones para ocupar más», escapando los límites de la norma. Desde el Ayuntamiento de Madrid sostienen que es «muy difícil» que esto pase y tampoco tienen noticia de que haya ocurrido nunca, ya que «no se dan autorizaciones a dos solicitudes el mismo día y en la misma zona».
También aseguran no haber recibido quejas de las presuntas autorizaciones fraudulentas por parte de la asociación. Apuntan que en reuniones se les ha indicado que están a su disposición para aclarar cualquier aspecto que necesiten, pero los vecinos aseguran no sentirse escuchados: «Nos hemos reunido dos veces planteándoles la situación. Les ofrecimos darles traslado de las situaciones intolerables, de los abusos y los fraudes de ley, pero no se tradujo en nada después de meses, así que dejamos de tener una actitud colaborativa».
Un barrio con historias que contar
El año pasado, Madrid Film Office presentó una ‘Guía de las buenas prácticas en los rodajes’. «Es una medida más impulsada con el objetivo de fomentar la mejor convivencia posible entre los rodajes y el resto de actividades existentes en la ciudad», apuntan desde el ayuntamiento. En las siete páginas que la componen se instala a no alarmar a los residentes durante la grabación de escenas que puedan suscitar preocupación, como aquellas que involucren disparos o persecuciones.
También se pide mantener limpio el entorno y reducir el nivel de ruido, pero los vecinos no ven una aplicación real. Tampoco perciben un beneficio directo para el barrio, aunque el ayuntamiento apunta que parte de la actividad económica de estos rodajes se concentra en los entornos donde se desarrollan las filmaciones.
Su arquitectura clásica madrileña y su historia social se convierten en «el barrio en un entorno que tiene muchas historias que contar y donde los creadores quieren desarrollar las suyas», cuentan desde el área de Turismo del Ayuntamiento de Madrid. Por ello, destacan la aparición de visitantes deseosos de pasear por las localizaciones en las que sus personajes predilectos crecieron, se enamoraron, pelearon o perecieron.
Quiere recorrer las mismas esquinas que presenciaron desde la butaca de una sala de cine o desde la comodidad de su sofá, calles como Fernando VI en la que se rodaron escenas de ‘Julieta’ (2016), de Pedro Almodóvar. Pero quienes de verdad crecen, se enamoran y viven en estas calles siguen las trazas del cine con cansancio. Quieren películas, pero no a su costa: «Es una molestia a nuestra habitabilidad, a nuestra vida de barrio».
