Es día de partido en el Metropolitano. Pasadas las 18.00 de la tarde, a tres horas para que dé comienzo el juego, la policía vigila la boca del Metro de Canillejas ante la expectativa de una alta afluencia de atléticos. Los vecinos del barrio … advierten de que peor coger el subterráneo se hará imposible en cuestión de minutos y que aún será tomar el transporte, sea público o privado. Esta molestia no es ajena a días de fútbol o de eventos. Solo es un agravante más desde que se construyera el estadio a un problema que los vecinos de esta zona norte de la capital llevan arrastrando más de dos décadas. Denuncian acarrear casi 20 años ‘entre rejas’, aislados, pese a estar conectados a varias carreteras.
El barrio de Rejas está, en definitiva, «muy mal comunicado» y en una eterna espera para que la administración central, regional y municipal cumpla con su parte. Pero quien espera, desespera. Así, los vecinos vuelven a alzar hoy la voz para exigir más frecuencia de los autobuses, sobre todo de la línea 77, desatascar los accesos de entrada y salida al barrio y acelerar la promesa de la apertura del Cercanías.
Rejas, un barrio aislado
por carreteras
Fuente: Elaboración propia / abecedario

Rejas, un barrio aislado por carreteras
Fuente: Elaboración propia / abecedario
«Es sorprendente porque estamos rodeados por la A-2 y la M-40», explica Susana, de 38 años, que trata de relatar la yincana que le supone llegar a su puesto de trabajo, en Avenida de América, cada mañana: «A la ida salgo media hora antes para evitar el atasco y, así tardo, solo 15 minutos, pero es que la vuelta son 40 minutos en coche». Esta vecina de Pegaso renuncia a coger el único autobús del que dispone, el de la línea 77, porque por la mañana se suele «retrasar en función del atasco del túnel de un solo carril» y por la tarde, el trayecto se alarga «más de una hora».
«El barrio está enterrado y aunque nos intentamos hacer más salidas nuevas, como todas dan a la M-40, siempre terminamos en retención»
Como afectado, reclame un acceso directo a la calle Alcalá, donde se encuentran muchos servicios municipales, como la biblioteca o la junta del distrito. También, desatascar la rotonda de Canillejas y dar solución al pequeño punto negro de «20 o 30 metros» donde se cruzan todos los vehículos que salen de Madrid, desde la A-2 y calle Alcalá, con los que parten de Pegaso en dirección a Madrid.
Sobre este advierte tramo también Sonia, vecina de «toda la vida». «Cuando intento salir por un lado del barrio, da a la M-40 y hay atasco, intento salir por el otro lado, hacia la calle Alcalá, y hay atasco. El barrio está enterrado y aunque nos intentamos hacer más salidas nuevas, como todas dan a esta vía, siempre terminamos en retención».
Por eso mismo, se sube al coche con hora y media de antelación a su consulta diaria en el hospital Ramón y Cajal, donde trata su minusvalía. «Cuando no hay tráfico en la M-40 se tardan 15 minutos, pero en horas punta es una odisea», lamenta esta mujer que a sus 55 años no se ha mudado «nunca» de la zona en la que nació y se crio. Este arraigo le permite echar la mirada atrás y hablar, incluso, de cómo se intentó aislar al barrio desde su origen.
«Nos quisieron cortar el acceso a la M-40, que era la única salida que teníamos para poder ir al hospital. Pero gracias a nuestros padres, conseguimos que no cerraran el barrio y nos dejaran esa pequeña salida a la M-40 para poder acceder hacia el hospital de Ramón y Cajal, que es el que nos corresponde a nosotros. Luego, con posterioridad, se ha conseguido de la EMT un autobús que va directo, pero hay que subir a Canillejas, por lo que para las personas mayores del barrio les sigue siendo un problema». La solución, en su opinión, pasa por inaugurar el Cercanías en Rejas con el que «se podría llegar directamente al hospital» y otras zonas que reclaman tantos vecinos de San Blas para ahorrar tiempo a diario.
«Los multas no se te ocurre coger el autobús y en navidades menos aún porque es imposible concurrir. Estamos como sardinas en lata»
«Llevamos 50 o 70 años con este famoso dilema en el barrio, desde que se construyó la estación, con toda la infraestructura ya terminada». A sus 47 años, Pablo habla del tren fantasma, ese que prometieron que pasaría, nunca lo hizo y que tanto ayudaría en la rutina de estos madrileños. Pues hoy en día, este vecino de Pegaso tiene dos opciones para ir a trabajar: o andar alrededor de media hora hasta Canillejas, para después coger otro autobús en dirección San Fernando, o subirse a la línea 77 que le acerca a esta marquesina ubicada en Canillejas pero que siempre «tarda una barbaridad».
No obstante, de tener el Cercanías tardaría 10 minutos a pie desde su casa. Por ello, pide acelerar la apertura de esta estación y, además, reforzar la línea 77, sobre todo en fines de semana y en Navidad. «Los sábados y domingos no se te ocurre coger este autobús, que es el único que pasa por Pegaso, por el centro comercial Plenilunio. Y en navidades menos aún porque es imposible concurrir, estamos como sardinas en lata», sostiene tras 44 años de resiente en el barrio.
«Si el nocturno amplía las paradas solo
Tardaría dos minutos más y yo no correría el riesgo de que me pase algo en ese trayecto»
Pero quien de verdad sufre las carencias en el transporte los fines de semana es Nour, una joven que alcanzó la mayoría de edad a principios de año y se ha resignado a dejar la juerga con tal de no quedarse tirada con el autobús nocturno. «Ha habido momentos en que me he puesto a llorar de los nervios porque no llegaba al último 77 y no puedo volver a mi casa. Porque el nocturno deja justo en la parte central de Fin de Semana y tengo que andar hasta mi casa 10 minutos por calles que están vacías y roban a la gente», describe a sus 18 años. Tal es así, que en su caso solicita que la línea nocturna amplíe las paradas que ahora tiene establecidas y haga el recorrido del 77. «Solo tardaría dos minutos más en hacerlo y yo no correría el riesgo de que me pase algo en ese trayecto».
Y no es el único momento en que se siente insegura. También por las mañanas, de camino a la universidad, cuando a las 6.00 de la madrugada se dirige a la marquesina de la línea 77, que está ubicada en una calle «poco concurrida, donde hay fábricas» y en la que, asegura, no puede estar mucho tiempo sola esperando al autobús. Más aún cuando «a veces se salta» su parada al comprobar que hay poca gente esperando. En ese caso, opta por pedir a sus abuelos que le acerquen en coche a Canillejas, donde luego coge el metro a la universidad para llegar puntual a las 8.00 de la mañana.
Y, de momento, así seguirá siendo. Porque apenas hay novedades por parte de las tres administraciones competentes en la red de autobuses y trenes. Tan solo el área municipal de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad asegura que «se están estudiando distintas opciones para el barrio con el Consorcio Regional de Transportes». Al cierre de esta edición, el Ministerio de Transportes no ofrece respuesta a ABC acerca de la apertura del Cercanías. Pero los vecinos seguirán alzando la voz por un transporte digno porque, dicen, ya es hora de que el barrio deje de vivir entre ‘rejas’.
