La puerta ya no es una puerta. Es un escudo rojo, literalmente arrancado, que los camellos de la corrala de Lavapiés en Tribulete, 11, quitan y ponen a pulso cada vez que alguien llama al narcopiso. Cuando ven que la visita es la de un … equipo de ABC, el subsahariano de dos metros y malencarado que hace de bisagra humana vuelve a colocarla (por decir algo) sobre la jamba. «¿Está Yolanda por aquí?». «No, no», escapa, mientras asoman por una rendija un marroquí y un tercer sujeto por la ventana, con cara de menos amigos. Son los ‘machacas’ de la inquilina real del piso, una toxicómana cincuentona adjudicataria del bajo D del edificio, de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS). Lo ha reconvertido en narcopiso, con todo lo (malo) que supone. Una construcción centenaria, reformada, distribuida en bajos, y dos alturas más, sin ascensor y con veinte pequeños pisos en régimen de alquiler. Los afectados están deseando que los echen de allí y poder volver a vivir con la mínima dignidad.
Cuando en mayo se marchó a trabajar fuera de Madrid la entonces pareja de esta mujer española, el infierno no tardó en comenzar, explican los residentes del inmueble. «Empezó a traer a gente, de todo tipo. Tengo mucho miedo», asegura María, de 68 años, viuda, que está medicada y lleva allí más de una docena de años. «Ella ya estaba muy enganchada cuando dejaron sus padres el domicilio», masculla entre dientes, por temor a que la escuchen hablando con periodistas. «Primero metió a un africano, en junio, porque como ella no tiene dinero (aunque recibe una ayuda de la Comunidad), ni paga la renta, ni nada, el tipo le quitaba el mono», dice, en referencia a que le da alguna micra a cambio de estar allí y «mangonear» en el narcopiso. Muchos vecinos no quieren hablar por posibles represalias.
Ese es el ‘modus operandi’: Yoli, como la conocen, deja pasar a estos traficantes del barrio, que pernoctan allí, y recibe a sus clientes «a todas horas, con timbrazos a las cuatro y las cinco de la madrugada»: «El trasiego es imparable, he llegado a contar a cien personas en un día. Los que viven aquí son los subalternos de dos mafias de Lavapiés, porque en el barrio hay muchos narcopisos», asegura Ana Aladro, de 65 años, retirada por enfermedad y vecina pared con pared del bajo de la supuesta delincuente.
«Ella me ha reconocido que padece esquizofrenia», afirma, lo que convierte a Yolanda en una enfermedad con patología dual, al mezclarse con la drogadicción y hacerla más peligrosa, pues no sigue ningún tratamiento. Ana es la portavoz de la comunidad de vecinos y recibe este diario mientras redacta su intervención en el próximo pleno del distrito de Centro. «Estoy en contacto permanente con la Policia Nacionalque se está portando estupendamente con nosotros. No paran de venir», añade. Están recabando imágenes, testimonios y demás pruebas para que un juzgado les dé la orden de entrada y registro en el narcopiso y poder atajar la situación.
El 12 de febrero, ya se llevó a cabo un operativo en el lugar, «cuando había veinte personas dentro». A Yolanda se la llevaron detenida, pero a las 48 horas había regresado ya del calabozo. «Volvió muy crecida, como regodeándose de que no podía hacer nada contra ella», explica la portavoz: «Ella mete allí a gente a cambio de droga y de favores sexuales, aunque ya no es joven ni nada, tiene unos cincuenta años. A mí se me ha enfrentado gritando: ‘¡Esta es la hija de puta que nos quiere meter en la cárcel!’» y uno de los tipos se ha acercado a mi puerta y me ha dicho que quiere cortarme el cuello, pasándose el dedo en señal de que me va a rajar. Me da miedo hasta salir a tirar la basura».
Arriba, Ana Aladro, la portavoz de los vecinos afectados. En las otras imágenes, una toxicómana entra en el narcopiso y un individuo camina por el patio central de la corrala.
(TANÍA SIEIRA)
Roban la ropa que tienen tendida los vecinos de los bajos; defecar en zonas comunes; dejan restos de papel de plata con los que se preparan los ‘chinos’ para consumir basuco; han roto una de las puertas de acceso a la corrala (hay una en Tribulete y otra trasera, por Provisiones)… El narcopiso, de 40 metros cuadrados, además, funciona como fumadero.
“Pegan a mujeres toxicómanas”
Alberto es un joven que está mucho tiempo allí porque su novio reside en una de las viviendas. «Cuando llaman y no se les abre, aporrean la puerta. A nosotros nos han agredido. La semana pasada, volvimos a casa a las diez y media de la noche y, al abrir el portal, uno nos empujóon tres hombres desde fuera para que les abriéramos y entrar, los contuvimos, pero le dieron a mi chico con la puerta en la espalda. Tuvimos que llamar a la Policía, que viene aquí todas las semanas», asegura. Por eso, dice que tiene «miedo» cuando va a ver a su pareja, a quien llama antes de entrar y cuando sale, para que esté al tanto. Otro cantar son las peleas entre los propios toxicómanos. «Incluso pegan a mujeres que acuden a comprar droga al piso», añade.
Los vecinos piden mayor implicación a la EMVS («Hemos enviado millas de correos electrónicos quejándonos»), pero fuentes de este organismo público explican a ABC: «Se está trabajando desde hace meses en este caso para resolver los problemas de convivencia que se están generando a los vecinos. La empresa municipal ya ha comenzado todas las actuaciones administrativas y judiciales que le permiten actuar, en el margen de sus competencias, limitadas a actuaciones en materia de vivienda, no de seguridad. Estos hechos se comunicaron a los vecinos afectados en una reunión el pasado mes de enero, donde se les transmitió que la competencia y la solución, ante la gravedad de los hechos, debe venir de la mano del trabajo de la Policía Nacional y de la Justicia».
“A mi novio lo han agredido, le dieron con la puerta de acceso en la espalda porque no les quería dejar entrar”, denuncia Alberto
«Al margen de ello -agregan-, desde la Policía Municipal se amplió hace meses la vigilancia en la zona con más presencia policial y también con agentes de paisano. Además, en la zona hay 65 cámaras de videovigilancia, renovadas recientemente, una de las apuestas del Ayuntamiento desde que Almeida fue elegida alcalde».
