Ferviente entusiasta de las motos, Álvaro solo puede pilotarlas a través de unas gafas de realidad virtual. Tiene dos enfermedades raras que han derivado en una discapacidad severa y que le impiden realizar muchas tareas que otros llamarían cotidianas. «Mi hijo no habla, no … entiende, no sabe ir al baño solo», cuenta su padre, Álvaro Villanueva. Cuando se colocan las gafas «tiene la sensación de que está conduciendo una moto y se pone a reír».
Todos los domingos, en sesiones de cinco a ocho de la tarde, Alvarete puede sentir que recorre el asfalto sobre dos ruedas en una actividad organizada por la Fundación AVA, creada por su padre. Junto con otros diez niños con discapacidad intelectual de entre seis y dieciocho años, pasa tres horas en una sala cedida por el Polideportivo Dehesa de Navalcarbón realizando diferentes actividades.
Bailan, juegan con pelotas y meriendan junto a monitores y voluntarios. Ahora, también accede a mundos virtuales gracias a dispositivos financiados por Las Rozas Innovaun espacio de innovación a través de la tecnología del Ayuntamiento de Las Rozas. El objetivo, declara Villanueva, es «poderles hacer vivir experiencias que de otra manera no serán capaces». Para su hijo, esa experiencia es ser piloto.
Los participantes del proyecto rotan cada domingo en función de cuántos se punten a esta actividad de pago en listas que se renuevan cada semana. Durante la tarde, son diversos los mundos a los que pueden acceder a través de la realidad virtual y que les acercan a vivencias que de otra forma no estarían a su alcance.
Durante unas horas, pueden convertirse en artistas o pescar desde un muelle, dos de sus prácticas preferidas. Otras posibilidades, como cruzar un paso de cebrabuscan su aprendizaje y tienen un objetivo didáctico, más allá de su disfrute, y están pensadas para que en un futuro puedan hacerlas de forma relativamente independiente.
«A través de las gafas conocen otras realidades o pueden desarrollar su creatividad», afirma José de la Uz, alcalde de Las Rozas. Además de contribuir a mejorar la coordinación motora de los pacientes, son un portal a un mundo más accesible. El alcalde cuenta que uno de los jóvenes «al ponerse las gafas y entrar en ese mundo virtual, ganaba estabilidad».
domingos de recreo virtuales
En una de estas sesiones, Bautista golpea el suelo con uno de los mandos que le permiten controlar su realidad. Mientras lo hace, sonríe. Desde un puerto, pesca los peces sumergidos en el mar. Ha llegado hace más de una hora al polideportivo y son pocas las ocasiones en las que se quita las gafas. Cuando lo hace, no tarda en volver a colocárselas o pedir que le ayuden para hacerlo a una de las Múltiples monitoras que supervisan la sala.
David, otro de los participantes en la sesión, pasó concentrado a lo largo de una misma línea una y otra vez, arriba y abajo. «¿Qué ves, David?», le pregunta una de las monitoras. «El mar», responde mientras camina por las profundidades de un fondo marino en el que se ha sumergido. Él, cuentan quienes lo conocen, «es un niño muy intenso» y se calma con las gafas, con solo mirar el cielo o sus manos frente a un lienzo en blanco. El uso que ha hecho de esta tecnología ha evolucionado.
Con otros niños, sin embargo, su uso resulta más complicado, ya que su adaptación depende del grado de discapacidad. «Hay algunos que entran mejor y otros que peor. Al principio les costaba un poquito más, pero ahora les encanta, pueden estar de diez minutos a horas», cuenta Carla Plaza, coordinadora de la actividad. Aún así, reconoce una mejoría en su uso. David, por ejemplo, «antes se quedaba quieto cuando se las poníamos, ahora quieren coger cosas», asegura.
Sin embargo, hay quienes se les hace más cuesta arriba. Para Alvarete no ha sido fácil acostumbrarse. Su padre cuenta que «le costaba pero, una vez que se acostumbró, no se las quitaba». En la presentación informativa del proyecto, los organizadores aseguran que los jóvenes hacían cola para probarse las gafas tras presenciar como uno de sus compañeros experimentaba la realidad virtual.
Durante la tarde, los jóvenes se quedan en compañía de monitores y los padres tienen tres horas libres, facilitando la conciliación de la vida personal con la crianza de sus hijos. Desde AVA aseguran que la iniciativa está íntimamente relacionada con el descanso de las familias. El alcalde del municipio coincide en que «hay un papel muy importante que es el del respiro, que entra entronca con la política de Las Rozas».
Afirma que la inversión «tiene que traducirse en una mejora en la calidad de los vecinos», y que sus resultados se analizarán cuando finalicen las 33 sesiones que están previstas. Fruto de este compromiso con el desarrollo y la calidad de vida de los roceños, el ayuntamiento asegura estar trabajando con fundaciones relevantes de discapacidad del país para futuros proyectos.
