La atención informativa estaba puesta hoy en la reunión entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, pero el grave accidente de los dos trenes de alta velocidad en Córdoba que ha causado la muerte a más de 20 viajeros ha obligado a suspender la cita. La reunión entre ambos políticos no debería ser una noticia, ya que son los principales actores de la vida política, pero, dadas sus malas relaciones, los reproches y el enrocamiento en sus posiciones, hacen que cualquier encuentro sea extraordinario.
En casi cuatro años han hablado cinco veces, en especial para la renovación del CGPJ, y han convertido las citas en excepción, de ahí que la reunión en sí era muy relevante. De hecho, el antecesor de Feijóo se negó a acudir a la llamada de Pedro Sánchez, en el 2020, con la pandemia aún activa, con el argumento de que no iba a regalar “una foto” ni un “cheque en blanco” al Gobierno de PSOE y Podemos. Por eso no está de más recordarlo y poner en valor que de la cita se iba a celebrar, aunque sea la constatación de lo mal que está la política, en España y fuera de ella.
No estaría mal que Sánchez y Feijóo hablaran de otros temas, no sólo de seguridad
El jurista Manuel Aragón subraya en sus escritos sobre Constitucionalismo y Parlamento, que “la democracia constitucional exige lealtad entre adversarios” y eso es lo que hay que pedirle tanto al jefe del Ejecutivo como al líder del PP siempre, que piensen en que los dos tienen responsabilidades muy importantes con los españoles, aunque esa relación, ese encuentro, esa charla que se aplaza los colocar en una posición difícil, políticamente, ante sus electorales.
Sánchez ya tiene el rechazo tajante de Podemos al envío de tropas a Ucrania y las cautelas de Sumar, que exigen que la misión se realice bajo el paraguas de la ONU, algo que el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, cree que no es necesario. Seguramente sea esa falta de apoyo de los socios al requerimiento del Gobierno lo que ha llevado al presidente a llamar al líder de la oposición, con quien se reunió el pasado 13 de marzo también para abordar el papel de España en la defensa y la seguridad europea. El apoyo del PP a ese hipotético envío de tropas es imprescindible, porque Sánchez, para esto, no tiene mayoría. Junts no es que se oponga al envío de tropas, es que con días de antelación decidió darle plantón y no acudirá a la reunión a la que se le iba a convocar esta misma semana.
Sánchez no es el único a quien reunirse con su principal adversario le puede traer problemas políticos. Feijóo, que cada vez siente más cerca el aliento de Santiago Abascal, ya ha tenido que escuchar del líder del partido ultra que acudiendo a la cita le da un balón de oxígeno a Sánchez. De ahí sus palabras justificativas: “Acudo por respeto institucional y no para rescatar a Sánchez”.
Y, una vez se sienten en el palacio de la Moncloa, qué les podríamos reclamar. El presidente del PP pidió un encuentro que no se limite a Ucrania y se hable sobre otras cuestiones que afectan a la seguridad nacional, desde Venezuela a China, pasando por Groenlandia, y el jefe del Ejecutivo deberá explicarle por qué ese interés en recabar apoyos para el envío de tropas a Ucrania cuando no se cumplan las condiciones para hacerlo. El PP también ha apuntado sus requisitos para plantearse el apoyo, que no son otros que los puntos que exigen la ley de Defensa Nacional: saber qué finalidad tendrá la misión, qué cobertura jurídica internacional tendrá: mandato de la ONU, de la OTAN, de la Unión Europea, y con autorización del Congreso que detalle el objetivo, la duración prevista, los medios y efectivos y el coste aproximado.
De paso no estaría mal que Sánchez y Feijóo, cuando por fin hablen, aborden otros temas, no solo de seguridad. La vivienda sería el primero en la agenda, teniendo en cuenta los problemas de los españoles, según el CIS. La financiación autonómica sería otro asunto. Cierto que tampoco hay que soñar muy alto. Las expectativas sobre el resultado de la reunión son muy bajas. Pero el encuentro nunca estará de más.

