Que un tren de Rodalies circule en el horario previsto es una lotería. Si durante el trayecto se cae un muro, es “mala suerte”. Y si el servicio se suspende por las exigencias de seguridad de los maquinistas tras perder a dos compañeros en accidentes, hay que ser paciente y buscar otro transporte. Ni seguridad, ni estabilidad, ni previsibilidad, y tampoco la confianza viajan en tren en Catalunya. ¿Las tragedias son inevitables? Lo imperdonable es la inversión en mantenimiento.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, proclamó el año pasado que “el ferrocarril vive el mejor momento de su historia”. La liberalización del servicio de alta velocidad, la caída de los precios y el aumento de viajeros tienen su contrapartida: más retrasos y más incidencias en las infraestructuras. La edad de oro del tren es también la de la decadencia de Rodalies.
La reincidencia en el colapso del servicio en Catalunya no casa con la imagen de gestión eficaz que pretende imprimir Salvador Illa a su gobierno, y los desgraciados accidentes no hacen más que ahondar en el desasosiego de los ciudadanos.
Obras mal planificadas, el deterioro de la red, incumplimientos de inversores y, ahora, los efectos de las inclemencias meteorológicas. En Gelida cayó el lunes 23,4 l/m2, un volumen de precipitación habitual en Catalunya, pero el muro de contención cayó sobre la máquina de un tren de la R4 provocando la muerte de un maquinista en las prácticas. Responsables de emergencias vieron similitudes con el accidente de Vacarisses en el 2018, al otro lado de la misma línea. Se prometieron inversiones y “no se hizo nada”, se quejan.
Expresidentes y exconsellers suman décadas de choques con el Gobierno de turno por Rodalies. Han reclamado sistemáticamente inversiones en una red obsoleta. En reuniones bilaterales, a través de los grupos parlamentarios y en reuniones técnicas con Adif y Renfe. Mientras, Renfe se empeñaba en reclamar a la Generalitat deudas por las mejoras solicitadas. Las reuniones con Renfe –en la Conselleria de Territori y la estación de Sants–, y con Adif –en la Delegación del Gobierno– generaron cartas al ministerio ya la Moncloa sin respuesta, expedientes, sanciones, contenciosos… hasta un histórico suspiro del conseller Damià Calvet en directo en TV3 como imagen de la impotencia.
El enésimo caos de Rodalies llega tras constituirse la empresa mixta para la gestión del servicio y en la que la Generalitat renunció a la mayoría accionarial, con el beneplácito de ERC, para apaciguar a los maquinistas. Los mismos que el martes no se subieron a los trenes pese a la certificación escrita de Adif de que la red era segura, los que han herido la imagen de eficiencia del conseller Albert Dalmau, y que acertaron con sus prevenciones.
El colapso de Rodalies no casa con la normalidad que proclama Illa; sus tropas viajan en tren
No es la primera vez que el PSC y el PSOE están a los dos lados de la mesa en una crisis de Rodalies. En el 2007, José Luis Rodríguez Zapatero visitó Bellvitge para entonar el mea culpa por 42 días de parón ferroviario a causa de los socavones provocados por las obras del AVE. El Govern de José Montilla se plantó: “Optamos claramente por ponernos al lado de la ciudadanía irritada y cansada”, escribió Joaquim Nadal en su dietario. Montilla ya había advertido de la “desafección” catalana y, siete meses después, entonaba un “te queremos, José Luis, pero aún queremos más a Catalunya ya los catalanes”.
De aquel primer plan Rodalies 2008-2015, se ejecutó el 15%. A ese ritmo se hubiera completado en el 2067. De los 306 millones del plan del 2013 se materializó un 4% de las actuaciones previstas, y del presupuesto del 2016, un 15%. En el 2016, Carles Puigdemont lideró la reivindicación del traspaso íntegro de Rodalies junto a más de 200 alcaldes, sindicatos y patronales. “Es cuestión de dignidad”, dijo el presidente. Junts mantiene la reivindicación y ERC la recuperación, minimizando su papel en el traspaso parcial a cambio de sus votos en Madrid y Catalunya.
Del plan 2020-2030, con una promesa de inversión de 6.300 millones, se han materializado 2.505, un 75% de los previstos hasta el 2025. Que el ministerio saque pecho es una provocación. A Puente le molestó la protesta y hasta el traspaso que él mismo ha firmado. Olvida que la mitad de los votantes del PSC viajan en tren y que en la Loto Rodalies se sortean sus votos.

