La reunión de este jueves entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, puso el broche a diez meses de negociaciones para un nuevo modelo de financiación. Ese encuentro en la Moncloa no ha sido el único presencial de ambos líderes a lo largo de estos meses. No es, pues, la primera cumbre de los dos.
Según ha podido saber La Vanguardia de fuentes conocedoras de la intrahistoria de este pacto, se han visto en algunas ocasiones desde que Junqueras volvió a liderar ERC. También el contacto telefónico ha sido frecuente. Esa interlocución ha existido con el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Los cuatro han salvado los momentos más complejos de la negociación.
A mediados de septiembre, Montero trasladó la primera propuesta completa del nuevo modelo.
Sánchez y Junqueras sellaron un modelo gestado en casi un centenario de reuniones entre técnicos de Hacienda, del Govern y de Esquerra; y un equipo de coordinación política del Govern y los republicanos. El Ministerio de Hacienda, el Palau de la Generalitat, el Parlament y la Diputación de Barcelona han sido los escenarios.
El punto de partida. El 29 de julio de 2024, Esquerra anunció un preacuerdo con el PSC para invertir a Salvador Illa en un cambio de modelo de financiación singular. Con ese elemento sobre la mesa, el 12 de septiembre la vicepresidenta Montero se reunió con la consellera de Economía, Alícia Romero. Se conjuraron para sacar adelante el modelo y acordaron constituir un grupo de trabajo entre el Ministerio y el Departamento con este objetivo.
La crisis interna de Esquerra pospuso la entrada de la nueva dirección en las negociaciones hasta marzo de 2025. Había que tejer una relación de complicidad ante un primer reto: desgranar el significado del pacto. El flanco catalán remaba en la misma dirección ante Madrid. En pocas semanas se construyó un clima de “lealtad, discreción y rigor”.
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La estructura negociadora. Más allá de los principales mandatarios, en el plano político ha sido clave en la construcción de confianza el grupo de coordinación entre el Govern y ERC. Los encuentros son semanales. El equipo socialista lo integran Albert Dalmau (conseller de la Presidència), Lluïsa Moret (viceprimera secretaría del PSC), Ferran Pedret (presidente del grupo en el Parlament) y Javier Villamayor (secretario del Govern). El de los republicanos lo forman Lluís Salvadó (director general del partido y figura de peso en la negociación), Ester Capella y Jordi Albert (portavoces en la Cámara catalana), Isaac Albert (vicesecretario de comunicación) y Oriol López (secretario general adjunto). A nivel interno, el equipo negociador del Govern se ha reunido semanalmente con el presidente Illa para reportarle los avances.
En los equipos técnicos han estado, por el Govern, y con la consellera Romero al frente, Juli Fernández (secretario general de Economía) y Martí Carnicer (que se dirigió al grupo de expertos para la financiación). En la delegación republicana: Salvadó y Marta Espasa (ex secretaria de Hisenda). También han participado la exconsellera de Economía Natàlia Mas y su ex secretario general Josep Maria Aguirre. Jesús Gascón, secretario de Estado, ha liderado la parte de Hacienda.
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Momentos críticos. La primera crisis la marcó el caso Cerdán a principios de junio. Las dudas de ERC por lo que saliera y un Gobierno desconcertado afectarán a la negociación. En junio, la cuestión más avanzada era la delegación de la recaudación del IRPF. Las partes llegaron a tener una propuesta de ley con aspectos comunes. Tras el verano los republicanos presionaron al registrador su ley al respecto –con el aval del Govern– y floreció la tensión.
Otra fecha en rojo fue el 30 de julio, el límite que se promovió en el pacto de investidura para celebrar la bilateral Estado-Generalitat. Es el momento más difícil para el Govern. Todo estaba “muy verde” y Esquerra era escéptica sobre la celebración de la misma. Pero el Govern insistió y se hizo a mediados de julio, para que no hubiera un incumplimiento del pacto de investidura. De la bilateral surgió un esqueleto preliminar que alivió al Govern. El Gobierno estaba comprometido por escrito. En ERC hubo insatisfacción. Pero a partir de ahí Hacienda aceleró en la confección del modelo.
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Septiembre, punto de inflexión. El 17 de septiembre se celebró el Onze de Setembre en Madrid. Entre bambalinas, Montero trasladó en ese acto al Govern que, tras requerir paciencia porque faltaban cálculos, ya tenía una primera propuesta completa, que ha servido para evolucionarla hasta la entente final. Unos días después, Montero se vio con Dalmau y Romero –sus reuniones han sido habituales– para presentarles el planteamiento. Los 21.000 millones extra que aporta el Estado emergen en ese momento y en octubre ERC anuncia que están cerca de acordar el montante.
Se empezaba a ver la luz, pero hubo un atisbo de fracaso con la premura de convocar un Consejo de Política Fiscal y Financiera en octubre. Aún no había acuerdo con ERC, que avisó que sin pacto saldrían a rechazar el sistema.
Para evitar el colapso, medió el Govern e intervinieron Sánchez, Montero, Illa y Junqueras. Todo se encauzó y sirvió de catalizador para afinar los criterios de población ajustados y la ordinalidad, casi cerrados en noviembre. Entre septiembre y noviembre también se concretaron otros aspectos como el IVA pymes o la eliminación de las entregas a cuenta.
Diciembre, el mes clave. El encaje de bolillos no cuadró hasta principios de diciembre. La hoja de cálculo hacía casar los elementos que han regido la negociación: ninguna comunidad pierde, se reduce la diferencia entre estas y Catalunya tiene garantizada la ordinalidad. Hubo centenares de simulaciones hasta lograrlo.
El 23 de diciembre, el grupo de coordinación del PSC y ERC dejó encarrilada una agenda para anunciar el pacto. El calendario se terminó definiendo el 7 de enero.
Cómo cristalizar el acuerdo. Para formalizar la validación del acuerdo se eligió una reunión entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, acordada a mediados de diciembre. La fecha se cerró más tarde. El encuentro también implicaba el reconocimiento al líder de ERC como interlocutor. Además, el resultado del acuerdo debía exhibirse con una cumbre entre Salvador Illa y Junqueras.
El líder de Esquerra viajó a Madrid el miércoles, el día anterior a la cita, y en el trayecto en tren habló con Montero para abordar el contenido que explicaría cada uno. La vicepresidenta temía que el republicano diera muchos detalles, que le ofreció el viernes.
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La sintonía de estos diez meses enfrenta ahora el tramo más complejo: trasladar el modelo a una ley que deberá contar con el beneplácito del Congreso. A esta historia le quedan muchos capítulos.
