Entre toda la oscuridad que suscita un trágico accidente como el ocurrido este domingo en Adamuz tras el choque de dos trenes de alta velocidad, siempre aparece una luz en forma de grandes héroes y mejores personas como Gonzalo, que ha ayudado a salvar … la vida de quince personas gracias a su valentía y sentido de la responsabilidad.
Gonzalo Sánchez, vendedor de la ONCE en su día a día y héroe inesperado con su quad en la tragedia de Adamuz. Casi sin descansar ni comer, nos atiende con gusto para hablar de cómo vivió la situación «Yo escuché las sirenas de bomberos, las ambulancias, y sabía que algo había pasado. No me lo pensé, y me fui a echar una mano porque sabía que algo pasaba».
Con una vara de hierro y dos faros, Gonzalo se aventuró en su coche hasta la zona cero del accidente ferroviario. «Llegué a la zona y dije que podía ayudar; me dijeron que adelante. Pregunté dónde podía ayudar y me dijeron que lo hizo en el segundo tren (Alvia) que estaba más lejos. Casi un kilómetro de diferencia entre los dos trenes».
Con la vara de hierro «rompíamos las vallas para que pudieran entrar los bomberos y los agentes para evacuar a los heridos. Solo escuchaba gente pidiendo socorro, pidiendo ayuda por su madre, su tía… Pero no somos Superman y no podíamos estar en todas partes». Aun así, con su coche, Gonzalo logró sacar a siete personas.
En total, pudo ayudar a unas 15 personas heridas en el accidente. Primero con el coche y luego con un quad. «Le dije a los bomberos que yo tenía un quad en mi casa con el que podíamos acceder a los sitios donde los coches ya no podían por el terreno». Se armó de valor, fruto de la adrenalina. del momento y con el quad trasladado a casi una decena de personas. «El trayecto a la ambulancia andando es de siete minutos, en mi quad, uno y medio».
Dos o tres personas llegaron a cargar en el quad, con el que pudo mover a varios heridos que, entre gritos, piden ayuda en busca de un médico. En el coche incluso llevó a heridos en el maletero, «como si fuese un autobús porque cada minuto cuenta en este tipo de accidentes».
Recuerda con cariño el caso de un chaval «de 20-25 años», que Gonzalo acogió en su casa. «Estaba herido, lo saqué a cuestas hasta mi coche, iba descalzo y chorreando sangre. Lo llevé hasta mi casa porque allí iba a estar más calentito. Mi mujer y una vecina le curaron la herida de la cabeza y le dieron ropa limpia». El chico aún sigue buscando a su madre, pero de momento ha vuelto a nacer, y todo gracias a Gonzalo.
Tal y como cuentan Gonzalo y su mujer María del Carmen, el chico rescatado les dijo que «en el golpe sintió que muchas cosas se le cayeron encima, maletas, bebidas y todo. Dijo que se puso a escarbar como pudo entre los hierros, no sabía ni cómo estaba vivo. Dijo que sentía enfriar a un niño chico, pero luego lo dejé de hacerlo. Se era la luz y todo estaba oscuro, era complicado para ellos».
Gonzalo y su compañero Javier la noche del accidente en Adamuz
Gonzalo asegura que en el lugar de los hechos, la zona cero, «sientes un chute de adrenalina que te hace olvidar por un momento los cuerpos que hay allí y te centras en salvar a los heridos. Solo escuchaba gritos de ayuda, gente rogando por sus familias. Yo me centré en dar la mano a los Guardia Civiles para que pudieran bajar y ayudarles porque ya había vagones en los que ni nosotros podíamos acceder por seguridad».
«Veía las manos de la gente por debajo del tren y supe que hacía falta llevar el quad hasta allí. Vino más gente para ayudar y me dediqué a eso, a sacar heridos de allí y llevarlos a la ambulancia que estaba a un kilómetro». Recibió la gratitud de los quince heridos por lo menos que pudo salvar en un trayecto que pudo salvar la vida de muchas personas en una tragedia que para siempre quedará en su memoria.
