Béla Tarr, cineasta húngaro cuyas películas largas y sombrías, como Sátántangó y Las armonías de Werckmeister, lo elevaron al estatus de héroe entre los entusiastas del cine de autor, murió el lunes en un hospital de Budapest. Tenía 70 años.
Reka Gaborjani, hijastra de Tarr, confirmó su muerte en una entrevista telefónica. Dijo que había fallecido tras una serie de enfermedades “prolongadas y graves”.
Nacido en Pécs, Hungría, en 1955, cuando el país estaba bajo el régimen comunista, Tarr comenzó a hacer películas a los 16 años, mientras trabajaba en otros empleos, como en un astillero y como recepcionista, según un comunicado emitido el martes por la Academia de Cine Europeo.
Su carrera profesional como cineasta comenzó con dramas domésticos, como su debut en 1979, Nido familiar.
Pero a lo largo de ocho películas posteriores, desarrolló un estilo propio que lo convirtió en uno de los favoritos de la crítica y en un habitual del circuito de festivales internacionales. En muchas de sus películas trabajó con Ágnes Hranitzky, su pareja desde 1978, quien editaba las imágenes en el estudio de montaje.
El crítico AO Scott escribió en The New York Times en 2012 que siempre había “algo antiguo y atemporal en sus películas”. Tarr parecía un tanto fuera de lugar en el cine moderno, añadía el crítico, y era más bien “un tallador de piedra medieval a quien se le ocurrió poner las manos en una cámara”.
Las armonías de Werckmeister, al igual que Sátántangó, se basaron en un texto de László Krasznahorkai, escritor húngaro a quien se le concedió el Premio Nobel de Literatura el año pasado.
