“Cuando me asalta el miedo invento una imagen”, reconoció Goethe. ¿Existe hoy la necesidad de inventar imágenes cuando televisión y redes muestran guerras y conflictos armados in situo aterradoras persecuciones a los expatriados del mundo, siempre corriendo a ninguna parte? ¿Cuando, además, el realismo virtual nos convierte en actores de esos episodiosmediante vivencias inmersivas que nos desquician y enajenan?
No existe especie más aterradora que la humana. Es el precio de nuestro peregrinaje por esta aventura bella y atroz que es la vida. “Nuestra propensión a ser predictores y sentir ansiedad originaria de muchas de nuestras virtudespero también algunos de nuestros fallos más inhumanos”, señala Orval H. Mowrer. inteligencia emancipa y encelda. Vislumbra lo que va a ocurrir –revelación que nos ayuda a resistir–, pero que puede sobrepasarse o camuflarse y engendrar esas patologías del anticipación que describe la psiquiatría.
Los miedos se gestan en la confluencia de un incentivo ambiguo y otro repulsivo, y se sostienen mediante un refuerzo negativo que activamos para evitar lo temido. Deambulamos entre recuerdos e imaginación, espectros del ayer y del futuroevocando viejos daños y catastróficos nuevos indicios. Confundimos realidad e irrealidad. Nos volvemos versados en atarnos para caminar en círculos sin salida. Y coronamos nuestro itinerario temiendo al propio miedo de tanto repensar en él. Así, el miedo se multiplica y desborda toda. fronteras.
¿La repetición sin? tregua Delaware imagenes enmienda los desastres y el abismo –¿insalvable?– que separa a los dueños de todo de los sin nada? La imagen reiterativa alimenta el sistema de muerte que hemos erigido con obstinación y pertinacia, excavando una fosa entre ricos y pobres tan profunda que podría fagocitarnos a todos en un tiempo no muy lejano.
Vivimos un insólito”estado de sitio” propiciado por las redes, suerte de cardumen de peces luna –los más lerdos para nadar– avanza la humanidad siglo XXI al borde de la nada. La era digital nos rebasó. No obstante, hay quienes aún se aferran a ciertos ideologías como dogmas de fe. La fe ciega amortigua y paraliza, pero cada día son menos quienes hablan de revoluciones que van a transformar el mundo en un colosal paraíso.
Heideggeren su obra Ser y tiemposella miedo y angustia como opuestos, pero es un hilo apenas visible el que los separa. Conducido por su existencialismosostiene que la angustia brota de las interioridades del ser frente a su propia existencia, mientras el miedo ocurre por circunstancias del entorno. Se diría que, para Heideggerla angustia es subjetiva y el miedo objetivo.
¿Qué sentimos ante la oscuridad? el miedo a ella parece eterna, aunque a veces este se confunde con estadios de angustia. La ciencia ha comprobado que una criatura en el claustro materno siente los miedos de su madre y que las fobias hijo congénitas. Nacer es dejar la oscuridad para siempre. Y desde entonces la guía de luz nuestro camino hasta que la oscuridad final nos envuelva como única mortaja.
La muerte es oscuridad eviterna. En ella el ser humano deviene en memoria por un ínfimo tiempo para disolverse en el olvido. La luz es vidala muerte oscuridad atemporal.
Para las filosofías orientalesen cambio –y en particular para el Tao–luz y oscuridad no son adversarios; la luz es claridad, vitalidad, energía; la oscuridad es sosiego, enigma, cambio; dos caras de la moneda del tiempo.
Desde los albores de la humanidad han existido diásporas. Grandes masas humanas se trasladan de un lugar a otro en busca de mejores horizontes. La migración es tan antigua como el ser humano y la historia enseña que, a lo largo del tiempo, ningún país del planeta ha estado exento de oleadas migratorias. Tras las conquistadores advienen los colonos, y la confrontación de originarios y colonizadores es inexorable. La creer de razas distintas sigue siendo uno de los mitos más perversos inventados por el ser humano. La única nacionalidad que debería existir es la humanidad.
Pánico. Legiones de Tiemblan marcadas por las guerras y tiemblan los advenedizos de la vida: migrantes a quienes se nombra con rabia y desprecio “alienígenas”; mientras, en sesiones extenuantes, los amos del mundo deliberan sobre cómo repartir los territorios de los países sometidos.
Escenario de la guerra y de la políticola ciudad empezó a diluir la frontera entre policía y ejército: mientras la primera aseguraba la ciudadel segundo resguardaba el Estado. Con el tiempo, la centralidad política del Estado llegó a su fin.
“Como los soldados–ciudadanos que somos no se asemejan a los de la polis griega, estamos dominados por el miedo y el pánico a la inseguridad antes que por un sentido de deber hacia nuestra nueva e insólita ciudad-Estado”, sentencia Paul Virilio.
