El Ecuador de las dos realidades: Maquillaje o milagro económico
El gobierno del presidente Daniel Noboa ha iniciado el 2026 con un mensaje de optimismo inquebrantable: Ecuador crece, se estabiliza y recupera la confianza internacional. Las cifras oficiales del Banco Central y del INEC son su mantra: un crecimiento del PIB del 4,3%, el riesgo país en mínimos históricos de 462 puntos y la pobreza por ingresos en su nivel más bajo en casi dos décadas (21,4%). Si tomamos estos datos al pie de la letra, el país vive un milagro económico.
Pero al bajar de las nubes macroeconómicas a la realidad del asfalto ecuatoriano, el panorama es radicalmente distinto. Para millones de familias, la economía no está en crecimiento, sino en crisis.
La brecha entre el Ecuador de las cifras y el Ecuador de los ciudadanos es abismal. Mientras se celebra la caída de la pobreza por ingresos, la canasta básica familiar supera los $819, haciendo que el nuevo salario básico de $482 sea insuficiente para cubrir las necesidades mínimas de un hogar promedio. La estabilidad de precios choca de frente con un costo de vida que se ha tornado insostenible tras la eliminación de subsidios y el alza del diésel.
Más revelador aún es el estado del sector social. El crecimiento del PIB no se ha traducido en mejores servicios. La salud pública enfrenta un déficit crónico de insumos y una inversión que apenas alcanza el 4% del PIB. La educación pública padece carencias históricas. El Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) está en riesgo de desinversión, obligado a usar sus reservas para pagar pensiones porque el Estado adeuda casi $27 mil millones y no transfiere a tiempo el 40% que le corresponde por ley.
Esta es la clave de la controversia: ¿estamos ante un maquillaje de cifras o una realidad compleja? Los datos técnicos probablemente no mienten sobre la solvencia fiscal del momento, pero sí ocultan la precariedad de la economía doméstica. El gobierno se enfoca en indicadores que apelan a la confianza del mercado internacional y la disciplina fiscal, mientras ignora los indicadores de bienestar que afectan directamente al 63% de la población que vive en la informalidad o el subempleo.
La narrativa oficial de “crecimiento y estabilidad” choca con la percepción diaria de un país donde la inseguridad es el principal lastre y donde llegar a fin de mes es una proeza. El desafío del gobierno de Noboa para el resto de 2026 no es solo mantener las cifras macro en verde, sino lograr que esos números se sientan, real y positivamente, en los bolsillos y en la calidad de vida de todos los ecuatorianos. De lo contrario, el “milagro económico” seguirá siendo solo una estadística inalcanzable para la mayoría.
Carlos Eduardo BustamanteSalvador
