El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner esta semana sobre la mesa su aspiración de convertir a Groenlandia, un territorio autónomo bajo administración de Dinamarca, en el estado número 51 de su país. La Casa Blanca insiste en que se trata de una cuestión de “seguridad nacional” y, aunque Sostiene que la vía diplomática es su primera opción, no descarta la compra del territorio o incluso el uso de la fuerza para su anexión.
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Icebergs flotan en las aguas de Nuuk, Groenlandia. Foto:AFP
Esto último en subió las alarmas en Europa y dentro de la Otán, que ven con cautela la operación que terminó en la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.
A esta amenaza se sumaron las que el republicano levantó contra México, Cuba y Colombia.
En el caso mexicano, el republicano anunció el jueves que empezarán a “atacar por tierra lo que se refiere a los carteles (de la droga)”. De manera similar, amenazó a Colombia y al presidente Gustavo Petro con una intervención ante la insuficiencia de los resultados de la estrategia antidrogas. Sin embargo, Tras aceptar la llamada del presidente Petro esta semana, Trump rebajó el tono, señaló de “honor” la comunicación y anunció un encuentro en la Oficina Oval para la primera semana de febrero.
Finalmente, sobre Cuba, Trump volvió a plantear el endurecer el cerco económico y diplomático para forzar cambios políticos internos.
“Para el presidente Trump, todas las opciones siempre están sobre la mesa”, declaró la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, el miércoles. Al ser cuestionada sobre una posible acción militar en Groenlandia, la encargada subrayó que el republicano “evalúa qué es lo que más conviene a los intereses de Estados Unidos”, pero reiteró que “la primera opción del presidente siempre ha sido la diplomacia”.
A lo que Trump recordó el viernes en una reunión en la Casa Blanca con responsables de la industria petrolera que negociará con Groenlandia “por las buenas” o “por las malas”.
Mapa que muestra a Estados Unidos y Groenlandia. Foto:X: @irene_freedom
¿Qué le interesa a Trump de Groenlandia?
Leavitt dijo que, desde el siglo XIX, varios presidentes estadounidenses han barajado la acción de la anexión de la isla ártica como “beneficiosa para la seguridad de EE. UU”. En esa línea, La Casa Blanca sostiene que controlar Groenlandia permitiría “disuadir la agresión rusa y china en la región del Ártico”.
Pero, detrás del discurso de seguridad habría una lógica más amplia.
Manuel Camilo González, profesor de Relaciones Internacionales de las Universidades Javeriana y San Buenaventura, explica que “el renovado interés de Estados Unidos en Groenlandia es el control de los recursos naturales importantes, especialmente de tierras raras, pero principalmente de las rutas que pueden abrirse en el Ártico tras el deshielo”.
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Y es que esta isla de unos 2,16 millones de kilómetros cuadrados cuenta con 25 de los 34 minerales cruciales para la transición ecológica y, debido al deshielo del ártico, tiene las rutas marítimas más prometedoras en el norte del mundo para facilitar el comercio internacional.
Jhon Fredy Mojica, investigador sénior de la agencia federal Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por su sigla en inglés), explica a EL TIEMPO que Estas nuevas rutas en el océano Ártico permitirían llegar a puertos europeos hasta 15 días antes que por los trayectos actuales.
El renovado interés de Estados Unidos en Groenlandia es el control de los recursos naturales importantes, especialmente de tierras raras, pero principalmente de las rutas que pueden abrirse en el Ártico tras el deshielo.
manuel camilo gonzalesDocente de relaciones internacionales
Imagen satelital de las aguas de Groenlandia. Foto:NASA.
Estudios estiman que la distancia entre Europa y Asia se reduciría en un 40 %, y el tiempo de transporte en un 30 %, en comparación con rutas como el canal de Suez.
No por nada países como Rusia, China, Canadá, Finlandia o Suecia buscan expandir su influencia en la gobernanza del Ártico.
La influencia de EE. UU. es Groenlandia
Lo que quizás muchos no recuerdan es que, en virtud de un acuerdo poco conocido de la Guerra Fría, Estados Unidos goza de amplio acceso militar en Groenlandia que le permite construir, instalar, mantener y operar bases militares en toda la isla, así como alojar personal y controlar aterrizajes, despegues, fondeaderos, amarres, movimientos y operaciones de buques, aeronaves y embarcaciones.
“Estados Unidos tiene tanta libertad en Groenlandia que puede hacer prácticamente lo que quiera”, dijo Mikkel Runge Olesen, investigador del Instituto Danés de Estudios Internacionales en Copenhague, al diario Los New York Times.
No obstante, “comprar Groenlandia”, como les sugirió el secretario de Estado Marco Rubio a los legisladores el martes, es una cuestión diferente.
Pese a que no sería la primera oferta estadounidense sobre el territorio -en 1946, Dinamarca rechazó la oferta de la administración de Harry Truman de 100 millones de dólares en oro por Groenlandia-hoy, es diferente. Los groenlandeses tienen el derecho a celebrar un referéndum sobre su independencia, y una encuesta del año pasado reveló que el 85% de los residentes se oponían a la idea de una toma de posesión estadounidense.
“Nuestro país no está en venta”, reiteró esta semana el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen.
La seguridad en el Ártico sigue siendo una prioridad clave para Europa y es fundamental para la seguridad internacional y transatlántica
Elecciones en Groenlandia, celebradas el 11 de marzo de 2025. Foto:EFE
Frente Unido por Groenlandia
Desde Europa la reacción ha sido de cierre de filas. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, indicó esta semana que las intenciones de Trump con respecto a Groenlandia deben tomarse en serio y si llegara a tomar el control de este territorio sería el fin de la alianza militar de la Otán. Por ello, la vía diplomática se intensificará la próxima semana en Washington con una reunión entre la diplomacia de EE.UU. UU., Dinamarca y Groenlandia.
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Francia, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido, junto con Dinamarca, emitieron un comunicado conjunto en el que defendieron la soberanía de Groenlandia.
Los europeos además señalaron que “la seguridad en el Ártico sigue siendo una prioridad clave para Europa y es fundamental para la seguridad internacional y transatlántica”, según la declaración.
Que Estados Unidos entre en conflicto con la Otán es una situación “inédita y peligrosa”, señala González. “Aunque Estados Unidos tendría ventajas en recursos, tecnología y material, el riesgo sería una especie de erosión desde adentro de la Alianza que repercutiría en que Rusia tenga mayores ventajas frente a Europa. No solamente en la guerra en Ucrania, sino en un hipotético conflicto con Europa”, explicó.
Logotipo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otán). Foto:AFP
Alejandro Bohórquez Keeney, docente de relaciones internacionales de la Universidad Externado, agrega que “con la estrategia de Trump de sacudir y ver cómo el resto reacciona”, Quizás estas amenazas sobre Groenlandia sean un llamado para que los europeos refuercen su seguridad.
“Recordamos que, con Trump, Estados Unidos está reclamándole a sus socios de la Otán que lleven a cabo su propia seguridad, que contribuyan más”, señala Bohórquez.
No obstante, envalentonada tras la captura de Maduro, la Administración Trump ha endurecido el tono. Stephen Miller, jefe adjunto de Gabinete, afirmó que Groenlandia debería pertenecer a Estados Unidos y que “nadie va a luchar contra Estados Unidos” por ella. Aunque el vicepresidente JD Vance intentó matizar el jueves esas declaraciones, advirtió que si Europa “no se toma en serio la seguridad de ese territorio” su país “tendrá que tomar medidas al respecto”.
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Trump remató la semana diciendo en una entrevista con Los New York Times que no “necesita” del derecho internacional y que solo su “propia moralidad” limita su poder como líder de la nación. No por nada, desde su llegada a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025, Estados Unidos ha llevado a cabo acciones militares en seis países, la mayoría de ellas incluyendo bombardeos selectivos con aviones o drones contra objetivos que Washington considera estratégicos.
Laura Juliana Castellanos Guevara – Redacción Internacional
