El vecino que entró como plomero y salió convertido en verdugo. Luis Eduardo Yapura Copa, de 42 años, fue condenado a 30 años de prisión por atacar a la familia que le dio trabajo. Disparó contra Waldo Bryan ML, de 30 años, cuando el joven salió en defensa de su madre, Sandra. Madre e hijo recibieron los impactos; él en el tórax y la cabeza, heridas que le siguieron la vida y ella cerca del hombro. Minutos después, Victoria, de 19 años, bajó del segundo piso tras escuchar los disparos. Se encontró con su hermano tendido en el piso y su madre herida. El agresor también la reducción y la encadenó a una silla, al igual que a Sandra.
Con un mameluco blanco que le cubría incluso la cabeza, Luis Eduardo llegó la tarde del viernes 27 de febrero ante el juez para enfrentar la audiencia por el asesinato de Waldo Bryan y la tentativa de feminicidio contra Sandra. Al advertir la presencia de los medios de comunicación, bajó la mirada y evitó el contacto. Admitió su culpa y se acogió a un procedimiento abreviado, en el que recibió la pena máxima: 30 años de cárcel en el penal de El Abra, sin derecho a indulto.
Para la familia doliente, el proceso judicial conclusiones con la sentencia. Hay condena, dicen, pero ninguna resolución les devuelve a Waldo Bryan, despedido ayer en el Cementerio Jardín Concordia de Colcapirhua. El crimen ocurrió la noche del miércoles 25 de febrero en el barrio Japonés de Pacata Alta, en Cochabamba, dejando a la familia sumida en el dolor.
Luis Eduardo no era un desconocido. Era vecino de la familia que atacó y confiaban en él, por lo que le habían pedido hacer trabajos de plomería y albañilería en su domicilio.
La Policía conoció el caso el miércoles, cerca de las 23:45. Se trasladó a un inmueble e ingresó trepando el muro ante la emergencia. Waldo Bryan ya se encontró sin vida, mientras su madre, de 57 años, estaba herida tras recibir un disparo. El agresor encadenó a la mujer ya su hija en sillas para inmovilizarlas mientras buscaba la forma de escapar.
El autor aprovechó la confianza que la familia depositó en él, según informó el director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de Cochabamba, Rolando Vera. Lo habían contratado para tareas de plomería y albañilería, y poco antes surgieron diferencias porque no había terminado lo acordado. Con esa excusa, ingresó al inmueble la noche del hecho, supuestamente para continuar con lo que debía realizar.
El agresor primero atacó a la mujer de 57 años, a quien redujo, envolvió con cadenas y aseguró con candados pequeños. Sus gritos alertaron a su hijo, Waldo Bryan, quien forzó con el atacante, pero este sacó un arma de fuego oculta y le disparó dos veces, en la cabeza y el tórax, causándole la muerte. También disparó contra la madre. Al escuchar los tiros, la otra hija, de 19, se acercó al lugar. El agresor la reducción y la encadenó a una silla mientras suplicaba ser liberada para ayudar a su familia, incluso ofreciéndole todo lo de valor en la vivienda.
Según informó el jefe policial, Luis Eduardo Y. planificó el ataque. Portaba un arma de fuego calibre 22. En el lugar, los investigadores encontraron cuatro cartuchos percutidos y una mochila con 46 más listos para usar, además de un pasamontaña, gas pimienta, esposas plásticas, cadenas y candados.
El fiscal a cargo, Marcelo Villarroel, informó que recibió la alerta del caso la madrugada del jueves 26 de febrero. Al llegar, encontraron a Waldo Bryan muerto en una de las habitaciones ya su madre y hermana maniatadas en el mismo lugar. La madre fue trasladada a un hospital, recibió atención médica y se encuentra estable; posteriormente fue dada de alta. Ayer, se despidió de su hijo.
El fiscal departamental de Cochabamba, Osvaldo Tejerina, informó que se recolectaron evidencias, incluyendo el arma de fuego y otros objetos que el agresor utilizó para cometer el crimen.
Sobre este último punto, Rolando Vera manifestó que Luis Eduardo no sustrajo objetos, aunque por su declaración se sabe que enfrentaba problemas financieros. No se descarta que el móvil haya sido económico, considerando que las víctimas son dueñas de una embotelladora de agua.
El caso cerrado en los tribunales, pero para la familia doliente, la condena no devuelve lo perdido. Luis Eduardo Yapura Copa pasará los próximos 30 años en la cárcel. La confianza que traicionó, el dolor de la madre y la hermana, y la sombra del ataque pesan sobre el barrio Japonés de Pacata Alta, recordando que entre ellos había un asesino.
