“América Latina lleva demasiado tiempo navegando corriente abajo por el río del desgobierno, rumbo al océano de la inestabilidad y el estallido social. Son aguas profundas y peligrosas. Incluso para un continente acostumbrado al sufrimiento”, escribe en su último ensayo Javier Moreno (París, 1963), quien fue director del diario español El País en dos ocasiones (2006-2014 y 2020-2021). Viajó por primera vez a América Latina en 1994, donde asumió la dirección de El País México, cargo que volvería a desempeñar en 2018. Desde entonces, nació en él una fascinación por comprender las entrañas y la psiquis del poder en un continente tan diverso como complejo en materia política.
Para su reciente libro ¿Quién manda aquí? La impotencia ante la espiral de violencia en América Latina (Debate), entrevistó a siete expresidentes (Michelle Bachelet, Fernando Henrique Cardoso, Dilma Rousseff, César Gaviria, Juan Manuel Santos, Vicente Fox y Felipe Calderón), pero el escrito está lejos de ser una reproducción de las entrevistas. Es un ensayo exhaustivo y nada complaciente sobre el poder en la región.
Una de las tesis del libro es que América Latina vive en una “era de la inseguridad” signada por la inseguridad física y económica. “La inseguridad y el ambiente hostil es propio del humano. América Latina, en términos históricos, no ha sido nunca un continente violento. En el siglo XX, por ejemplo, dejando de lado la Revolución Mexicana y la violencia política que han ejercido las dictaduras en Argentina, Chile, Brasil, y si comparamos con las decenas de millones de muertos que produjeron las guerras mundiales o las dictaduras europeas, no ha sido un continente violento. Pero esto ha cambiado”.
En el presente y desde hace décadas, señala, las tasas de homicidio son elevadísimas. “A esto se le ha añadido la inseguridad económica, que también se ha acentuado, porque históricamente América Latina ha sido una zona no especialmente pobre. Hoy es un continente desigual. La mezcla, que es muy tóxica, de desigualdad extrema y violencia, es lo que está haciendo saltar los mecanismos que antes determinaban las culturas políticas del continente”.
A pesar de hechos probados de corrupción, los partidarios siguen defendiendo y eligiendo a funcionarios que administran mal y que ocasionan estos escenarios de inseguridad. ¿Qué prioriza hoy el votante? ¿Cuál es su principal interés en las urnas?
En la Revolución Industrial o con el fin del feudalismo, no había mecanismos potentes de la población para manifestarse. Podías ir a la calle y protestar; Podía haber revueltas en el campo, venían las fuerzas a restaurar el orden, pero no había algo tan inmediato como es el voto cada cuatro años. La posibilidad que ofrece el voto, combinado con la inseguridad física y económica, está produciendo los resultados que estamos viendo. Lo vimos en El Salvador con Bukele, o en Argentina con Milei.
El político canaliza la desesperación. Foto:Registraduría
¿Cómo explica el triunfo del presidente Javier Milei?
Nadie pensaba que aquello fuera posible, aun entendiendo la desesperación de los argentinos después de décadas de disfuncionalidad extrema. La gente votó por Milei porque prometió desmontar el sistema. Este es el gran riesgo que corren hoy todas las democracias del mundo, pero especialmente las de América Latina. La profunda convicción de que el sistema es imposible de recomponer lleva a la gente a votar por quien promete desmontarlo.
Menciona la palabra desesperación como motor del voto.
Hugo Chávez logró movilizar de manera legítima a un sector de la población que probablemente antes no votaba, y eso es lo que le concedió los primeros triunfos electorales. En Colombia, en aquella época, el número de participación rozaba el cuarenta y tantos por ciento, o sea, la mitad de la población; probablemente los sectores más desfavorecidos de las zonas rurales, o simplemente los pobres, no votaban. Siempre les decía a mis amigos colombianos: ‘Si aparece alguien que sea capaz de canalizar esta desesperación, quien traduzca esto en votos, ganará la presidencia. Hagan las reformas necesarias ahora. Hay algo que la política debe comprender: la tríada conformada por la democracia, la desigualdad y los altos índices de violencia es imposible de sostener. Puedes tener una democracia estable sobre las bases de una ciudadanía que ve cómo sus problemas se atienden y se van solucionando, tanto económicos como en materia de seguridad. Pero esa tríada es imposible de sostener.
¿La ideología libertaria o anarcocapitalista de Milei se ha expandido a la región?
Si hablamos en términos de ideología, creo que empañamos un poco el paisaje y resulta más difícil encontrar la explicación. Porque eso nos lleva a pensar que la gente que votó por Milei lo hizo solo por su ideología. No sé qué porcentaje de los que han votado por Milei sabe lo que es el anarcocapitalismo. Cuando uno pierde la esperanza, no ya de lo que puede hacer en su vida, sino de lo que sus hijos pueden hacer en el futuro, y sabe que no van a salir nunca del fango, vota al que dice que lo va a destruir todo, porque lo que hay les está fallando, les está matando o les está ahogando económicamente. Vivimos en épocas de sufragio universal y de medios de comunicación masivos. Esto es un cóctel molotov.
“La gente que votó por Milei, lo hizo por su ideología”. Foto:AFP
Quizás también puede pensarse, como motor del voto, la rabia por la ineficiencia. En las últimas elecciones en la provincia de Buenos Aires, hubo baja participación.
Argentina es un país especialmente difícil de comprender desde fuera. Pero, en este caso, no hay mucho misterio. La mayoría de la gente no ve los programas políticos y no lee los detalles, solo escucha los gritos: ‘Voy a acabar con esto’ o ‘Conmigo van a estar mejor’. Pero nadie sabe muy bien cómo ejecutarlo. Cuando ven que ese político o partido no lo hace, se le castiga.
Una de las conclusiones a las que llega en su libro es que no hay autocrítica de la política ni de los políticos una vez que concluyen su mandato. No admitir sus errores o indicar una desconexión con respecto a determinados problemas que tuvieron durante su gestión.
Empecé hablando con los presidentes y tomando notas. Quería escribir sobre la dificultad de gobernar el continente. Pero luego me di cuenta de que, más que dificultades, lo que encontraba era impotencia. Por eso escogí el título. Impotencia ante la desigualdad, impotencia para efectuar aquello que puede transformar y dar solidez a una sociedad. Conozco o tenía relación con muchos de los presidentes que entrevisté antes de que lo fuera. Una de las cosas que más me sorprendió fue que esperaba una conversación en la que reconocieran lo difícil que es gobernar, los obstáculos con los que se habían encontrado, aquello que no había sido posible de realizar en el programa que propusieron cuando eran candidatos, las mejoras en la sociedad que no habían obtenido, como producir un diálogo sobre la desigualdad y la violencia. Y, sin embargo, Me encontré con personas que eran muy reacciones a la autocrítica. Creo que debe haber algún mecanismo psicológico, como de protección o autojustificación, en alguien que ha ejercido el poder que le impide admitir que gran parte de lo realizado no ha hecho más que ahogar en la desgracia a un país. Un político es una persona rara.
En el ensayo se explica de qué modo hubo en México, durante la presidencia de Calderón, una voluntad por detener el narcotráfico. Este mal en expansión ha tomado varios países. ¿Dónde está la clave para debilitarlo? ¿En la política, en el Ejército, en ir tras los negocios periféricos?
El avance del narcotráfico tiene que ver sobre todo con la falta de capacidad de controlar las estructuras, la falta de información, la ignorancia. La impotencia está en el hecho de que los instrumentos que no tienes los controlas. Es una orden que no se cumple, o si se cumple, se cumple mal. Es una mezcla de falta de poder de las autoridades, falta de información y la corrupción de las fuerzas del orden. Hay tres monopolios a los que, como Estado, no puedes renunciar: el ejercicio o el monopolio legítimo de la fuerza, la recaudación de impuestos (para que los narcos no extorsionen a la población) y la impartición efectiva de justicia. Cada vez hay porciones más grandes del continente donde esto no ocurre, en partes de México y de Colombia, por ejemplo. La red del narcotráfico es muy amplia y no se reduce solo a la droga. Necesitas lavar ese dinero, desarrollos urbanísticos, turísticos, construir hoteles, que luego vende a las cadenas más establecidas. El narcotráfico se imbrica de una forma extraordinaria en el tejido económico del país.
¿Persiste todavía una mirada racista hacia América Latina?
Sí, persiste. Hay una mirada, sobre todo anglosajona, sobre América Latina que me parece que ejerce un peso sobre ella. Hoy ya nadie se reconoce como racista, pero cuando desmenuzas los argumentos, al final es eso. En España hay una mirada muy condescendiente, aunque cada vez menos, por la integración que se ha ido produciendo.
“Hay una mirada anglosajona sobre América Latina. Foto:Cronos
¿Qué puede ofrecer América Latina como región a un mundo en crisis, a Europa oa Estados Unidos?
Puede ofrecer mucho, como siempre lo ha hecho. Pero hay una serie de pasos imprescindibles que se tienen que tomar antes de que ese potencial pueda florecer. Lo primero es la seguridad jurídica y luego la seguridad a secas. América Latina es un continente cada vez más integrado, por los medios de comunicación e internet. Además, hay un montón de personas que comparten el idioma y, de alguna manera, una cultura. Para que las empresas extranjeras puedan integrarse a América Latina de forma eficiente en un mercado globalizado que aporte valor y riqueza a todos, se necesitan estas dos seguridades y también estabilidad social. Para esta última se requieren reformas sociales y fiscales para construir un estado de bienestar mínimo, a fin de que la gente sepa que tiene la salud y educación de sus hijos aseguradas.
LAURA VENTURA
Para La Nación (Argentina) – GDA
Segovia
Esta entrevista fue concedida y publicada antes de la intervención militar de EE.UU. UU. en Venezuela, por lo que se omitieron las preguntas relacionadas con el tema.
