El ataque de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán ejecutado desde el sábado no encuentra por ahora apoyo entre los estadounidensessegún los primeros sondeos confeccionados tras la “Operación Furia Épica” lanzada por el presidente Donald Trump, que tiene el riesgo de prolongarse en un año crucial en el que se vota para las legislativas.
Según remitió una encuesta de Reuters/Ipsos iniciada tras el inicio de los ataques, apenas un 27% de los estadounidenses apoya los bombardeos, mientras que el 43% los desaprueba y el 29% dice no estar seguro. El dato más significativo no es solo la falta de consenso, sino el escepticismo generalizado en un año atravesado por las elecciones del 3 de noviembre, donde Trump pone en juego su respaldo legislativo y corre el riesgo de perder la Cámara de Representantes, lo que complicaría el final de su mandato.
Otro sondeo de SSRS para la cadena CNN realizado tras el lanzamiento de la ofensiva señaló que casi seis de cada diez estadounidenses desaprueban estas acciones militares y temen que se producirá un conflicto militar a largo plazo.
Además, el 60% dijo que no cree que Trump tenga un plan claro para manejar la situación. y el 62% opinó que debería obtener la aprobación del Congreso para cualquier acción militar futura.
La encuesta de Reuters mostró que el 56% de los estadounidenses piensa que Trump, que también ha ordenado ataques en Venezuela, Siria y Nigeria en los últimos meses, está “demasiado dispuesto a usar la fuerza militar” para avanzar los intereses estadounidenses.
La gran mayoría de los demócratas —el 87%— compartían esta opinión, al igual que el 23% de los republicanos y el 60% de las personas que no se identifican con ninguno de los dos partidos políticos. Este último dato es relevante porque el de los independientes es el electorado que suele definir las elecciones de medio término.
Las encuestas cerraron antes de que el ejército estadounidense anunciara el domingo las primeras bajas popias en la operación. Al menos cuatro militares han muerto y cinco más han resultado gravemente heridos desde los ataques, que sumieron a Oriente Medio en un nuevo conflicto impredecible. Trump prometió “vengar” la muerte de los militares, pero advirtió que “lamentablemente habrá más víctimas estadounidenses” en una guerra que estima que se extendería por cuatro semanas.
Mientras que el 55% de los republicanos dijo aprobar los ataques y el 13% desaprobaba, la encuesta de Reuters/Ipsos encontró que el 42% del partido de Trump dijo que sería menos probable que apoyaran la campaña contra Irán si esto provoca que “tropas estadounidenses en Oriente Medio sean asesinadas o heridas”.
En las legislativas la política exterior rara vez es el principal motor del voto, salvo en escenarios de guerra prolongada o crisis con bajas estadounidenses. Pero sí puede moldear percepciones sobre liderazgo, estabilidad y prioridades.
Para Trump, el riesgo político no es tanto el ataque en sí como una eventual escalada. Si el conflicto se amplía, hay un numero considerable de victimas estadounidenses o se disparan los precios del petróleo —con impacto directo en la inflación— el costo político podría crecer rápidamente.
Históricamente, los presidentes pueden beneficiarse de un breve “rally around the flag” (agruparse alrededor de la bandera), o una suba de popularidad ante un ofensiva de este tipo, pero ese efecto suele ser efímero si no hay resultados claros o si el conflicto se prolonga.
“El riesgo político depende del resultado”, dijo el estratega republicano de Michigan Jason Roe a Político. “Si rompemos Irán sin que lleguen ataques terroristas a Estados Unidos ni daño a aliados en la región, será una victoria política para Trump. … Si esto se convierte en un conflicto prolongado, o acaba con tropas sobre el terreno, será un problema”.
El recuerdo de la invasión a Irak
Puede servir la comparación con la invasión a Irak en 2003. En ese momento, bajo la presidencia de George W. Bush, el apoyo público inicial fue ampliamente mayoritario. Encuestas de entonces Se muestran niveles de respaldo superiores al 60%. para la acción militar, impulsados por el clima posterior al 11-S y la narrativa sobre armas de destrucción masiva.
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Sin embargo, ese respaldo comenzó a erosionarse a medida que la guerra se prolongó y no aparecieron las armas prometidas. Para 2005-2006, con miles de bajas estadounidenses y un conflicto empantanado, la opinión pública se había vuelto mayoritariamente crítica. Las elecciones legislativas de 2006 terminaron con una fuerte derrota republicana y el control demócrata de la Cámara de Representantesen buena medida como reacción al desgaste de Irak.
Un análisis de los primeros días tras los ataques muestra que el presidente enfrenta embates en tres frentes:
1) constitucionall, porque legisladores de la oposición demócrata sostienen que el uso de la fuerza debía pasar por el Congreso.
2) Estratégicoya que los analistas advierten sobre el riesgo de escalada regional.
3) electorales y económicas porque cualquier efecto sobre interrupción de cadena de suministro de combustibles, mercados o inflación puede erosionar el apoyo en distritos competitivos.
4) internoporque su propio partido republicano, que ha venido mostrando grietas en varios temas como aranceles, no está firmemente encolumnado tras la ofensiva. Han surgido voces disidentes incluso desde el mundo MAGA, que siente que con el involucramiento en tantos conflictos externos Trump ha traicionado su promesa de “Estados Unidos primero”.
De hecho, alrededor del 45% de los encuestados, incluidos el 34% de los republicanos y el 44% de los independientes, dijeron que Serían menos propensos a apoyar la campaña contra Irán. si los precios del combustible o del petróleo aumentan en Estados Unidos.
Sobre todas las cosas, los datos de las encuestas de los últimos meses continúan mostrando que las principales preocupaciones de los estadounidenses están fronteras adentro: siguen siendo la economía, el costo de vida, la inmigración y el acceso a servicios básicos. La inflación, aunque moderada respecto a picos anteriores, es una ansiedad persistente en la clase media. El empleo y los salarios pesan más en la decisión de voto que los conflictos en el extranjero, salvo que estos impacten directamente en el bolsillo o en la seguridad nacional inmediata.
En ese sentido, el efecto político del ataque dependerá menos del gesto militar inicial y más de lo que ocurra después: si hay represalias, si sube el combustible, si se movilizan tropas o si, como prometió Trump, el conflicto se resuelve pronto sin demasiadas bajas.
