Aunque todavía con algunos agujeros, esta semana comenzó a tomar forma la estrategia que parece haber diseñado Estados Unidos para, como aseguró el presidente donald trump tras el golpe quirúrgico que culminó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, “gobernar” Venezuela por tiempo indefinido.
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De manera inédita en la región, Venezuela adoptó una especie de “tutelaje” de Washington sobre el régimen chavista, ahora liderada por la vicepresidenta Delcy Rodríguez.
“Más que de un cogobierno Trump-Rodríguez, lo que se empieza a ver es un tutelaje que marca una nueva era en las relaciones internacionales del hemisferiomarcado principalmente por el interés petrolero”, explica el politólogo Carlos Zambrano.
En conversaciones con miembros del Congreso, y luego ante las cámaras de televisión, el secretario de Estado Marco Rubio explicó que el proceso se dividiría “en tres etapas”.
La primera la llamada de “estabilización” en donde se prevé trabajar con los remanentes del régimen chavista, que, bajando la amenaza de un segundo golpe militar y estrangulado financieramente por el embargo petrolero, colaborará con la administración para ir sentando las bases de las siguientes.
Pete Hegseth, secretario de Defensa; John Ratcliffe, director de la CIA; y Donald Trump. Foto: AFP
“Acá no estamos improvisando, no es especulación. Ya está sucediendo”dijo Rubio, en alusión al acuerdo que se negocia con PDVSA bajo el cual el régimen entregará el petróleo a EE.UU. UU. -inicialmente entre 30 y 50 millones de barriles ya almacenados- que Washington venderá en el mercado y luego controlará el desembolso de los dividendos para que “beneficie al pueblo venezolano” y no al régimen.
Según Trump, de ahora en adelante el régimen comprará -con estos recursos- todo lo que necesite de compañías estadounidenses convirtiéndose en el principal socio comercial del país caribeño.
Acá no estamos improvisando, no es especulación. Ya esta sucediendo
marcorubioSecretario de Estado
Como parte de esta primera fase, y para demostrar su total sumisión, el régimen pudo liberarse a “un número importante” de presos políticos, como se empezó a ver desde el pasado jueves con la liberación de cinco ciudadanos españoles y varios líderes opositores.
No obstante, según la coalición política Unidad Venezuela, hasta las 5 pm del sábado se ha reportado 22 excarcelaciones de 863 personas privadas de la libertad. Además, del número total de presos, más de 400 pertenecen al partido de la opositora María Corina Machado, Vente Venezuela.
En otro frente, Venezuela confirmó para el viernes el inicio de diálogos con Estados Unidos orientados al “restablecimiento de las misiones diplomáticas en ambos países” al asegurar que personal diplomático y de seguridad estadounidense de la Oficina Externa de los Estados Unidos para Venezuela (VAU por su sigla en inglés), incluido el Encargado de Negocios John T. McNamara, viajó a Caracas para realizar una evaluación inicial con miras a una “posible reanudación gradual de las operaciones”.
Además, Trump firmó el sábado un decreto de “emergencia nacional” para poner bajo protección especial los activos venezolanos, incluidos los ingresos petroleros, depositados en Estados Unidos, para que no puedan ser embargados.
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“Trump probablemente aceptó colaborar con ellos porque quería evitar un caos como el de Irak y prefirió estabilidad a legitimidad. Al menos en el inicio. Pero eso se medirá con rigor en varios frentes donde se esperan resultados concretos, entre otros, el aceptar más deportados y prevenir nuevos flujos migratorios, detener el tráfico de drogas, extirpar la presencia de Cuba, Rusia y China y abrir el sector petrolero a las empresas estadounidenses”afirma Christopher Hernández-Roy subdirector del programa para las Américas en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, CSIS.
Esta, precisamente, sería la segunda etapa que Rubio y la administración Trump denominan de “recuperación”.
“Nos vamos a asegurar que empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de una manera justa. Al mismo tiempo, comenzaremos a crear el proceso de reconciliación nacional dentro de Venezuela para que las fuerzas de la oposición puedan recibir amnistía o sean llevados de regreso al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil”, sostuvo el secretario Rubio.
Trump probablemente se benefició de colaborar con ellos porque quería evitar un caos como el de Irak y prefirió estabilidad a legitimidad.
Christopher Hernández-RoySubdirector del programa para las Américas en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, CSIS
Finalmente, la tercera etapa contemplaría la transición hacia la democracia, en donde se conduciría a un proceso electoral estrictamente monitoreado por EE.UU. UU., la ONU y la OEA y en donde la oposición finalmente tendría un juego limpio para poder asumir las riendas del país con el respaldo de unas fuerzas de seguridad ya depuradas.
Los pasos en falso que pueden desmoronar el plan de Estados Unidos en Venezuela
“Si Washington gestiona la próxima fase con disciplina -combinando la coerción con incentivos y la fuerza con legitimidad política- podría reencauzar la trayectoria de Venezuela, reincorporar al país a la comunidad de democracias del hemisferio y reafirmar la influencia de EE. UU. en una región que durante la última década ha buscado protegerse del poder estadounidense. Si esto ocurre, los beneficios serán sustanciales”, dice por su parte Juan González, exasesor de Seguridad Nacional durante el gobierno de Joe Biden.
Marco Rubio, secretario de Estado, será el cargo de la transición. Foto: AFP
Sin embargo, alcanzar un resultado de ese tipo, advierte González, “requerirá un nivel de pericia política y de circunstancias favorables que no están garantizadas. Los caminos plausibles hacia el fracaso incluyen una transición parcial que deje intactas las redes criminales, un prolongado período de limbo político que perpetúe la migración y la inestabilidad, o un compromiso de seguridad gradual que EE. UU. nunca tuvo la intención de asumir, pero que luego le resultará difícil revertir”. Lo que ocurrirá a continuación determinará si este momento se convierte en un punto de inflexión en la historia hemisférica o en otro capítulo más del largo catálogo de excesos de la política exterior estadounidense”.
Esos posibles obstáculos ya saltan a la vista. Nadie sabe, por ejemplo, si el régimen está tratando simplemente de sobrevivir al momento actual, consciente de que el mandato de Trump en la Casa Blanca es limitado y su margen de maniobra se irá estrechando a medida que se acerquen, por un lado, las elecciones legislativas de mitad de mandato, como las presidenciales de 2028.
Además, sin desplegar “botas en el terreno”, el manejo a control remoto que promete la administración es complejo y plantea muchas dudas. Entre ellas, cómo asegurar que el régimen efectivamente ha roto sus lazos con actores externos que llevan décadas en el país, así como el fin de los nexos con las mismas estructuras criminales de las que se supone hace parte.
Por no hablar de los interrogantes que existen en torno a la resurrección de una infraestructura petrolera que los expertos aseguran tardaría hasta una década y donde no es claro si el sector privado de EE.UU. UU. Quiere invertir sin que antes existan garantías de estabilidad.
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La realidad del régimen en Venezuela
Delcy Rodríguez enfrenta la tarea titánica de sostener la estructura del chavismo mientras negocia bajo presión directa de Washington. Aunque la encargada del Gobierno venezolano insiste en que ningún “agente externo” gobierna el país, la realidad es que las presiones económicas y militares la han llevado a aceptar todo lo ordenado por Trump.
Acompañada en su gestión por su hermano Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento; Diosdado Cabello, ministro del Interior; y Vladimir Padrino López, ministro de Defensa; el líder chavista ha navegado una primera semana en funciones en la que discursivamente insiste en que no hay “ni subordinados ni sometidos”pero que en la práctica ha aceptado las condiciones petroleras, abiertas mesas de negociación y liberados presos políticos.
Si Washington gestiona la próxima fase con disciplina -combinando la coerción con incentivos y la fuerza con legitimidad política- podría reencauzar la trayectoria de Venezuela
juan gonzálezExasesor de Seguridad Nacional durante el gobierno de Joe Biden.
Del otro lado, la encargada del país enfrenta la presión interna cuando el ala más dura del chavismo, su base, ha comenzado a cuestionar que la “primera mujer presidenta” comienza a “doblegarse” ante Estados Unidos.
“¿Por qué le tenemos que dar nuestro petróleo a los gringos si por años hemos dicho Yankee go home? no sabemos qué está pasando, pero eso no es legado de Chávez”, dice a EL TIEMPO, María Cristina Rincón, una militante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
Escenarios que ponen a Delcy Rodríguez sobre “una cuerda floja”. Al menos, así lo considera el analista Phil Gunson, consultor sobre Venezuela y América Latina para Crisis Group.
Delcy Rodríguez camina junto a Jorge Rodríguez (der.) y Diosdado Cabello (izq.). Foto:AFP
“Rodríguez va a tener que llevar a cabo un ejercicio de equilibrio muy complicado, tratando de cumplir con las exigencias de Trump sin traspasar la línea roja de los chavistas duros, en particular en materia de apertura política”, dice Gunson.
Para el analista, pareciera que el chavismo fuerte insiste en mandar un mensaje de no querer una apertura política con Estados Unidos.
“Contradicciones que se dan al interior del régimen, mientras que la mayoría de los venezolanos han expresado muy claramente su preferencia por un cambio drástico, Mientras ven que sus representantes (María Corina Machado y Edmundo González) no están participando de este proceso”, insiste Gunson al advertir que “esto no se puede resolver, ni política ni económicamente, sin avanzar hacia la relegitimación de las instituciones que es un proceso complicado y que no puede ser acordado simplemente entre Miraflores y la Casa Blanca”.
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Una nueva relación que comienza a florecer sin que Nicolás Maduro cumpliera su primer año de haber sido reelegido por tercera vez consecutiva sin mostrar pruebas de su victoria y que para el politólogo Carlos Zambrano parece ser una “luna de miel” agridulce.
Mientras en Miraflores y la Casa Blanca se mueven las piezas de un plan que de a poco se revela, Venezuela se mantiene en silencio, con la prohibición de celebrar la captura de Maduro so pena de prisión, los llamados colectivos de civiles atemorizando a la población bajo respaldo policial y varios periodistas detenidos.
Ana María Rodríguez y Sergio Gómez Maseri – Corresponsales de EL TIEMPO – Caracas y Washington
