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Tras la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses y su posterior traslado a Nueva York, Nicaragua movió ficha.
Por bbc
El régimen de los copresidentes Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo anunció el pasado domingo la liberación de unas 30 personas encarceladas consideradas presos políticos.
Aunque el gobierno atribuyó esta medida al 19º aniversario de la llegada de Ortega al poder, expertos y activistas la vinculan al cambio de contexto regional tras los sucesos del 3 de enero en Caracas.
En la otra cara de la moneda, organizaciones de derechos humanos denunciaron decenas de arrestos a personas en toda Nicaragua para celebrar en redes sociales la operación de Estados Unidos.
A nivel geopolítico, la detención de Maduro sacudió el equilibrio del llamado bloque bolivariano, que aglutina a los tres países con gobiernos autocráticos de izquierda en América Latina: Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Además de un aliado ideológico y político, la petrolera Venezuela ha sido durante años un importante sostén económico y energético para Cuba, mientras Nicaragua se ha mantenido en un segundo plano, con menor exposición internacional.
Ahora el presidente estadounidense, Donald Trump, asegura controlar los movimientos del chavismo, liderado por la que fue vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez.
El nuevo contexto ha puesto el foco no solo en el futuro de Cuba sino también en el de Nicaragua, cuyo gobierno ha respondido con dos tipos de: las medidas visibles, como la antes mencionada liberación de presos, y otras más subrepticias y reveladoras.
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