El principal proveedor de electricidad de Japon, Tokyo Electric Power (Tepco), reinicia gradualmente (con un solo reactor de siete) la central nuclear más grande del mundo, la de Kashiwazaki-Kariwapor primera vez desde la triple catástrofe -terremoto, tsunami y accidente nuclear- de Fukushima en marzo de 2011. Tras la destrucción de esta central, también operada por Tepco, el gobierno japonés ordenó el cierre de los 54 reactores del país.
El reinicio este miércoles de un primer reactor -la unidad N° 6- de la central más grande del mundo, que se extiende sobre 400 hectáreas en la costa del mar de Japón frente a la península coreana, se retrocedió un día tras detectarse un problema técnico relacionado con una alarma que no funcionó.
El martes, unas 50 personas se manifestaron ante la sede de Tepco en Tokio coreando “no a la reactivación de Kashiwazaki-Kariwa”, a pesar de que la mayoría de los japoneses se muestra hoy favorable a la reactivación de los reactores que aún son operativos.
Tepco ha invertido 8.000 millones de dólares en la modernización de la central de Kashiwazaki-Kariwa. Las normas japonesas de seguridad nuclear se han convertido en las más estrictas del mundo. Por lo tanto, el operador reactivó el reactor Nº 6 el 21 de enero. La unidad N° 7 podría volver a ponerse en marcha en 2030. Japón solo explota catorce reactores de los 54 que tenía antes de 2011.
La primera ministra Sanae Takaichi quiere que la energía nuclear genere el 20% de la electricidad del país en 2030, frente al 5% actual. También está impulsando la construcción de reactores de nueva generación. Quiere reducir la factura energética del país, estimada en más de 170.000 millones de dólares al año. La reactivación de la central nuclear más grande del mundo es una victoria para la industria atómica japonesa. Pero cada reactivación supone una dura batalla.
Antes del terremoto y el tsunami de 2011, que causaron alrededor de 18.000 muertos en Fukushima, la energía nuclear representaba aproximadamente un tercio de la producción de electricidad de Japón, y el resto procedía principalmente de combustibles fósiles.
El archipiélago es el quinto mayor emisor mundial de dióxido de carbono, por detrás de China, Estados Unidos, India y Rusia, y depende en gran medida de los combustibles fósiles importados.
El tímido regreso a la nuclear comenzó en Japón en 2015 ante la enorme dependencia energética de las importaciones.
Así, la planta Sendai entró en proceso de reactivación en 2015, lo que la convirtió en la primera que operaba en Japón tras un apagón nuclear de dos años y en la primera que funcionaba con nuevos patrones de seguridad Aprobados tras Fukushima.
Ese mismo 2015, reanudó su funcionamiento la planta de Takahama, y en los años siguientes se le fueron sumando otras, como las plantas de Ikata y Onagawa.
Símbolo de la vuelta a la apuesta nuclear fue la aprobación en 2025 del nuevo plan energético del país para los próximos cinco años, que por primera vez marca el objetivo de que las renovables supongan la mayor fuente de producción hacia 2040 y que busca aprovechar al máximo la nuclear hasta llegar casi al nivel previo a Fukushima.
Aspira a que las energías verdes representen entre el 40 % y 50 % del total, la térmica entre el 30 % y el 40 %, y la nuclear alrededor del 20 %.
Por Frédéric Charles, corresponsal de RFI en Japón
