¿Donald Trump está sugiriendo no pagar algunos tramos de deuda externa?
Quiere decir que a Estados Unidos no le importa caer en default, tal como Argentina, por ejemplo, con el FMI. El caso presente, es de los estadounidenses con países acreedores de su enorme deuda, que sobrepasa los 36 mil millones de dólares; es el país más endeudado del mundo. Se supone que firmaron contratos y convenios, lo que indica que no es fácil que una de las partes contratantes de un crédito decida no pagar unilateralmente. Es grave la simple sugerencia.
Mal ejemplo; está sentando las bases para que todos los países deudores, o cualquier empresa o particulares, no paguen sus deudas a Organismos, Bancos y Estados prestamistas del mundo, porque da la casualidad de que todos siguen los malos ejemplos de la administración Trump, muchos le secundan en cada ocurrencia, tanto internamente como externamente, Esto solo llevará a más caos, de los que ya tenemos en muchos temas en nuestro planeta.
Habrá que ver qué responden los prestamistas a esta nueva y “brillante” idea de Trump, en especial naciones que poseen bonos del tesoro de Estados Unidos. Este país debe reembolsar lo que adeuda; incluso puede renegociar sus deudas.
Los datos se pueden ver en Visual Capitalist; ahí consta la lista de los numerosos países acreedores repartidos en la deuda de 36,6 billones del país del norte.
¿Dónde queda la moral, el respeto y la responsabilidad de los Estados y ciudadanos del mundo? Es muy peligrosa esta idea.
Mercedes Regalado
La pobreza no lo venció: cuando la coherencia construye leyenda
Antes de que el mundo conociera a Sylvester Stallone como un símbolo de perseverancia, fue simplemente un hombre acorralado por la necesidad. Tenía treinta años, ninguna fama, una esposa embarazada y apenas 106 dólares en el banco. La realidad era tan dura que incluso el afecto se volvió moneda de cambio: vendió a su perro, su único compañero, por 25 dólares para poder comer. No fue una metáfora, fue miseria real. En ese escenario extremo nacióRocoso. Stallone no escribió para entretener; escribía para sobrevivir. Encerrado durante semanas, trabajó jornadas agotadoras, con hambre y frustración, volcando en el papel una historia que no era ficción, sino autobiografía emocional. Rocky Balboa no era un personaje: era él mismo enfrentando al mundo. Cuando el guion llegó a manos de los grandes estudios, ocurrió lo impensable. Les fascina. Las ofertas económicas comenzaron a subir rápidamente, cifras que en los años setenta significaban seguridad inmediata. Sin embargo, cada propuesta traía la misma cláusula: Stallone no podía interpretar a Rocky. Quería el relato, pero no al autor. Querían la historia sin su alma. Aceptar habría sido fácil. Racional. Comprensible. Pero Stallone entendió que hay decisiones que definen quién eres para siempre. Rechazó cada oferta, aun sabiendo que seguiría pobre. No fue orgullo: coherencia fue. Sabía que vender su historia sin vivirla era renunciar a sí mismo. Finalmente, el estudio accedió. Le pagaron mucho menos de lo ofrecido, pero le permitieron protagonizar la película. Con ese dinero, Stallone hizo algo revelador: fue a buscar a su perro. El nuevo dueño no quería devolverlo. Stallone insistió, negoció y terminó pagando 15 mil dólares por el animal que había vendido por 25. Recuperó más que a un perro: recuperó su dignidad. Butkus apareció junto a él enRocoso.La película ganó el Óscar y marcó a generaciones, pero la lección va más allá del cine. El éxito no siempre nace del talento, sino de la fidelidad a la propia visión. Stallone enseñó que incluso en la quiebra total, la coherencia puede ser el primer paso hacia la grandeza. Porque hay victorias que comienzan cuando uno se niega a rendirse, aun cuando todo parece perdido.
Elio Roberto Ortega Icaza
