Los vecinos del barrio Inca Rancho, en Sacaba, pasan frente a una casa y bajan la mirada o guardan silencio. Antes, se escuchaban risas y bulla de cinco hermanitos. Hoy, el silencio ocupa ese lugar donde se apagaron seis vidas: la de Ana Hilda TC, de 31 años, y la de sus hijos Noelia, de nueve; Estrella, de siete; Rodrigo, de cinco; César, de dos; y Sofía, de apenas tres meses.
La tragedia ocurrió el martes 3 de marzo. Era una familia numerosa y de escasos recursos económicos que vivía en alquiler. David MB, esposo de Ana Hilda y padre de los niños, llegó a su casa y encontró a su familia muerta. Hasta hoy no logra procesar lo ocurrido. Aquella mañana se despidió de ellos y salió a su trabajo, en una fábrica de carrocerías, como de costumbre. No percibió nada fuera de lo normal.
Pero a las 19:30 regresó a la vivienda. Al ingresar encontró primero a su esposa colgada del armazón metálico de la cama. La descolgó y la recostó antes de salir a pedir ayuda a los vecinos. Cuando volvió, descubrió que sus hijos también estaban muertos en diferentes espacios. Dos de los niños yacían en una cama; las dos niñas, en un colchón en el piso. Entre ellas había una fotografía y, a un costado, un texto escolar. El bebé estaba en otra cama, envuelto en una manta.
El caso se investiga como infanticidios seguidos de homicidio-suicidio. La Fiscalía y la Policía manejan como principales hipótesis de problemas económicos. Según allegados, al tratarse de una familia numerosa apenas lograban cubrir los gastos diarios. Recientemente habían pagado tres de los cuatro meses de alquiler que debían, aunque aún quedaba uno pendiente y las necesidades seguían siendo muchas. Vecinos señalaron que era una familia normal que llegó al barrio hace aproximadamente un año. En la vivienda, dijeron, nunca escucharon gritos ni maltrato hacia los niños.
El fiscal departamental de Cochabamba, Osvaldo Tejerina, aclaró que los menores de edad no presentaban lesiones externas ni signos de violencia y que la autopsia del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) realizó que murieron envenenados. En la vivienda, los investigadores encontraron un recipiente con tojorí y agua de canela que presuntamente contenía la sustancia tóxica que la madre les dio a ingerir; la muestra está siendo analizada. Ella falleció por ahorcamiento, y el informe señala la presencia de un surco ascendente en el cuello, compatible con suspensión.
En cuanto al padre, indicó que prestó su declaración y que la información está siendo contrastada, pero que por ahora no existen elementos que lo vinculen con los hechos, por lo que permanece en libertad.
La familia fue velada en la sede de la Organización Territorial de Base (OTB) Inca Rancho. La Alcaldía de Cochabamba entregó seis nichos, mientras que la Asociación Privada de Funerarias de Cochabamba (Apfunec) donó los féretros y colaboró con los servicios funerarios.
El jueves 5, Ana Hilda y sus cinco hijos fueron despedidos en el Cementerio General de Cochabamba. Familiares, entre ellos David MB, vecinos y allegados acompañaron el sepelio. Entre arreglos florales, pétalos de rosas y pañuelos blancos, los féretros avanzaron hacia su última morada en medio de consternación, lágrimas y dolor.
Al día siguiente, el 6, la Policía y la Fiscalía desprecintaron la vivienda y realizaron una inspección. En esa ocasión, el fiscal de materia informó que las investigaciones continuaban y que se revisaban cámaras de vigilancia que, según cercanas a la investigación, mostrarían que el padre no se encontraba en el inmueble al momento de los hechos.
La muerte de la familia generó consternación no solo en Sacaba y Cochabamba, sino en todo el país. El caso también abrió un debate en redes sociales sobre la salud mental y la necesidad de mayor protección para familias en situación de vulnerabilidad.
Con la muerte de los cinco niños, los casos de infanticidio en Bolivia ascienden al 12 entre el 1 de enero y el 7 de marzo de este año. De ese total, Cochabamba concentra seis casos, el 50%, seguido de Santa Cruz con tres. La Paz, Chuquisaca y Potosí registran uno cada uno.

