Terminamos una semana abominable; las verguenzas de la justicia ecuatoriana han quedado al descubierto. Somos un país desgraciado de acuerdo con la frase lapidaria de El Talmud: Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados. Esta semana han caído el presidente del Consejo de la Judicatura y el presidente de la Corte Nacional de Justicia, sepultados en sus vergüenzas.
Acusan al presidente del Consejo de la Judicatura de presionar a los jueces a favor de un narcotraficante, de amenazar a jueces para torturar sus fallos a favor de políticosde prestarse para que otro poder del Estado controlar la justicia. Los políticos que le juzgan serán benévolos porque son los beneficiarios del delito.
Acusan al presidente de la Corte Nacional de Justicia de haber colocado un gato de despensero en el Consejo de la Judicaturade haber maquinado para satisfacer con ese nombramiento a otro poder del Estado, de manosear la justicia y esconder la mano. La paradoja es que los malos jueces no manchan a los partidos politicossino a la academia ya los otros jueces; de alli vienen.
El origen de la corrosión de la político viene del envilecimiento de los partidos politicos que han prostituido la justicia; Sin embargo, la academia también debe darse cuenta por aludida porque los abogados, fiscales y jueces que nos escandalizan son formados, graduados y postgraduados en sus aulas.
La izquierda y la derecha ya no difieren, buscan lo mismo, se acusan de lo mismo y usan el mismo método: creen en la democracia durante la campaña electoral y destruyen la democracia cuando llegan al poder. La forma de destruirla es someter a la legislaturalos órganos de control y la justicia, instalan un régimen de propaganda y volverse reyes.
el código ético indígena ama llulla, ama shua, ama quilla (no mentir, no robar, no ser ocioso) es una de las utopías más hermosas. Imaginemos un político que no mienta, que no robe, que no sea ocioso; ¿No sería una quimera, un ángel de Dios en la tierra?
