Como se esperaba, el show de medio tiempo del artista puertorriqueño mal conejito en el Super Bowl de este domingo terminó generando controversia en un país donde, cada vez con más frecuencia, hasta la cultura pasa por un filtro político.
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Mientras un amplio sector del público y de la prensa lo vio como una celebración de la hispanidad sin grandes sobresaltos, desde el presidente Donald Trump hacia abajo, voces conservadoras lo cuestionaron por considerarlo un espectáculo “antiestadounidense” y desviado del espíritu que suele caracterizar el evento deportivo más visto de Estados Unidos.
La división ya era evidente antes de que el cantante pisara el escenario.
Durante semanas, el anuncio de que Bad Bunny encabezaría el show alimentó expectativas entre millones de fanáticos y, al mismo tiempo, generó indignación en círculos de derecha que rechazaban la idea de escuchar español en el Súper Bowl. oh Incluso ponían en duda (erróneamente) que los puertorriqueños eran ciudadanos estadounidenses.
Bad Bunny en el Super Bowl. Foto:AFP
Tras la presentación, los principales medios del país coincidieron en una lectura moderada. El Correo de Washington calificó el espectáculo como poco provocador, señalando que, si se midiera en una escala del 1 al 10, el show de Bad Bunny apenas alcanzaría un “3, si acaso” en términos de controversia. Para el diario, no hubo un manifiesto político explícito, sino una puesta en escena que resultó más como “una oda a Puerto Rico ya la herencia hispana” que como una denuncia directa.
En una línea similar, Los New York Times Subrayó que el artista “evitó cuidadosamente convertir el escenario en una tribuna política”, pese a que muchos esperaban un mensaje frontal contra la política migratoria del gobierno.
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El momento más cercano a un comentario político, señalaron varios analistas, llegó al final, cuando Bad Bunny dijo que “Dios bendiga a América” en inglés y luego enumeró, en español, todos los países del hemisferio occidental, de sur a norte.
Aun así, hubo elementos que suscitaron lecturas críticas. La apertura del show con trabajadores cortando caña de azúcar, el uso del número “64” en su camiseta y la escena de bailarines trepando postes de energía eléctrica fueron interpretados por algunos como referencias a la historia colonial de Puerto Rico, al huracán María ya las fallas en la reconstrucción de la isla (María, que arrasó Puerto Rico durante el primer gobierno de Trump, dejó 64 muertos).
Las críticas más duras se escucharon en los sectores más conservadores del país, donde se criticó desde el uso del español hasta el baile del artista y de sus acompañantes.
Donald Trump lanzó duras críticas al cantante puertoriqueño.
Foto: AFP
Empezando por Trump, que catalogó el espectáculo como el peor de la historia, y la activista Laura Loomer, que acusó a la NFL de permitir una “agenda ideológica” en horario estelar.
En paralelo, Turning Point USA, una influyente organización conservadora juvenil, transmitió un concierto alternativo con artistas de country y rock, desde donde se atacó a Bad Bunny por sus declaraciones políticas pasadas.
El propio secretario de Defensa, Pete Hegseth, dijo que ni siquiera vio el show y prefirió sintonizar el evento de Turning Point, encabezado por Kid Rock.
El trasfondo de esta dura reacción se remonta en gran medida a las posturas públicas del artista.
Bad Bunny se opuso abiertamente a Trump durante la campaña presidencial, ha sido crítico de las deportaciones masivas y de las acciones del ICE contra inmigrantes y, en los últimos premios Grammy, al recibir el galardón más importante de la noche, inició su discurso con una frase que resonó en todo el país: “ICE out”, o fuera ICE.
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Ese antecedente alimentó la expectativa y el temor de que el Súper Bowl se convirtiera en un acto de protesta.
Pero nada de eso ocurrió. El propio Bad Bunny había bajado el tono días antes, asegurando que su presentación sería “una gran fiesta”.
Y así fue como muchos lo vieron: un show más bien de corte familiar y sin las provocaciones sexuales y/o políticas que algunos anticipaban.
Pero en un Estados Unidos tan profundamente polarizado, incluso un espectáculo que apuesta por la música, el baile. y la identidad cultural de una minoría puede convertirse, también, en un campo de batalla ideológico.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington
