A finales de la década pasada, la paz y la democracia parecieron aumentar sus posibilidades en la región del Nilo Blanco. En Sudán, un movimiento popular contribuía a la caída de la dictadura de Omar al-Bashir Tras casi 30 años en el poder. Pero hoy el país está fracturado y es el escenario de una de las peores crisis del mundo, según la ONU. Y esta semana la organización Human Rights Watch calificó lo que sucede en Sudán como “la peor crisis humanitaria del mundo”la cual ha dejado más de 11,4 millones de desplazados –7 millones de ellos son internos y 4,4 millones han abandonado el país– en menos de tres años.
Los actores del conflicto
En abril de 2019, tras meses de protestas populares contra el largo gobierno autoritario de Omar al Bashir, el ejército, liderado por el teniente general Abdel Fattah al Burhan, depuso al dictador y estableció un Consejo Militar Transitorio. Posteriormente, se creó un Consejo Soberano compuesto de miembros civiles y militares con el objetivo de organizar unos comicios para la elección de un nuevo gobierno.
Un nuevo golpe militar, en octubre de 2021, puso en cuestión la participación civil en el Consejo, que se convirtió en plenamente militar cuando el primer ministro Abdalla Hamdok lo abandonó en 2022. Estas maniobras no dejaron de tener una fuerte contestación social en las calles, duramente reprimida.
En abril de 2023 estalló el cruento conflicto actual por el control del país entre antiguos aliados: el ejército regular (Fuerzas Armadas de Sudán –SAF, por sus siglas en inglés–) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), dirigidas por el general Mohamed Hamdan Dagalo Hemetti. Las RSF son las herederas de la milicia paramilitar janjaweed creado por Al Bashir durante la guerra de Darfur (2003-2020), que luchó junto con el ejército contra el Movimiento de Liberación de Sudán y el Movimiento Justicia e Igualdad.
Ambos grupos, apoyados por otras milicias locales, tratan de mantener estructuras estatales en los territorios que controlan: las SAF en la parte oriental desde Puerto Sudán y las RSF en la parte occidental. Al mismo tiempo, tanto las RSF como las SAF son responsables de Masacres contra población civil, consideradas hostiles sobre bases étnicas.como es el caso de aquellos no identificados como árabes en las regiones de Darfur y Kurdufán, en el este del país.
La última de dichas matanzas, calificada de genocida, viene teniendo lugar en el contexto del asedio y ocupación de la ciudad de El-Fasher por las RSF, desde octubre de 2025, donde se calcula que han sido asesinados o desaparecidos decenas de millas de civiles.
Integración forzosa
La guerra ha conformado parte de la historia política de la región desde la independencia de Sudán en 1956. La primera guerra civil sudanesa (1955-1972) ya se planteaba en torno a la independencia del sur del país, que se reprodujo entre 1985 y 2005 y propició la posterior independencia de Sudán del Sur en 2011.
Dos años más tarde estalló otra guerra en Darfur, en la que se enfrentaron milicias surgidas de poblaciones agrícolas con las milicias. janjaweedprocedentes de poblaciones mayoritariamente ganaderas y apoyadas por el mismo gobierno sudanés.
Una de las claves de estos conflictos ha sido la integración forzosa de diferentes poblaciones y regiones en un orden profundamente jerárquico y desigual. El predominio de la élite arabizada de la capital, Jartum, y la ausencia de políticas de redistribución del poder y la riqueza han generado profundos agravios, interpretados a menudo en clave étnica y aprovechados por élites alternativas.
La fragmentación y la segmentación alcanzan a los mismos grupos que ocupan el poder. También en Sudán del Sur el movimiento independentista se fracturó muy pronto entre el Ejército Popular de Liberación de Sudán (SPLA) y una facción de este (SPLA In Opposition).
Aquí y en muchos otros lugares en África un fenómeno que contribuye a la violencia de los conflictos sociales es la existencia de milicias locales armadas de distinto perfil que participa en coaliciones complejas con las fuerzas del Gobierno o contra estas. Líderes políticos, en el Gobierno y en la oposición, alimentan a grupos armados paralelos a los ejércitos y las policías nacionales, formados por jóvenes que no encuentran proyectos vitales y económicos alternativos.
Por otra partela extracción y comercialización de recursos naturales en mercados internacionales constituyen un elemento clave del mantenimiento de la guerra, aunque también se han visto muy afectados por esto. En la región, las áreas de producción de petróleo están atravesadas por la frontera con Sudán del Sur y el crudo se transporta a través de oleoductos hasta Puerto Sudán. El destino de este petróleo incluye Malasia, Italia, China, Singapur y Alemania.
El principal actor local beneficiario del petróleo es el Gobierno, junto con las grandes operadoras, que son de capital indio, chino, malasio y sudanés. Pero en el caso del oro, extraído a través de minería artesanal, no solo las SAF sino también las RSF se lucran con su venta, mayoritariamente hacia los Emiratos Árabes Unidos.
No obstante la riqueza mineral e hidrocarburífera, el índice de desarrollo humano de Sudán es de los más bajos del mundo, ocupando el puesto 176 entre 193 países. Lejos de ser una paradoja, la abundancia de recursos que adquieren su valor a través de la exportación contribuye al desempoderamiento de la mayoría de la población y a la debilidad de los contratos sociales. A su vez, la pobreza proporciona un caldo de cultivo fructífero para los grupos armados en conflicto.
Geopolítica de la guerra
Es de señalar que en Sudán se llevan a cabo guerras por poderes o guerras subsidiarias donde los contendientes de otros conflictos se enfrentan indirectamente, apoyando a uno u otro de los bandos.
El gobierno sudsudanés del SPLA parece estar apoyando a las RSF, que han llegado a enfrentarse directamente con las milicias opositoras del SPLA-IO. Ello no ha impedido un acuerdo entre todas las partes para que el ejército de Sudán del Sur garantice la neutralidad del área petrolífera de Hegling.
El Gobierno de Etiopía también ha intervenido en el conflicto en Sudán financiando a las guerrillas contra el Gobierno.al que acusa de haber apoyado a las autoridades insurgentes en la guerra en la región etíope de Tigré (2020-2022).
El principal apoyo tanto diplomático como militar de las SAF de Sudán es el Gobierno de Egipto, que actualmente mantiene una tensión regional con el de Etiopía por la construcción de la presa del Milenio en el curso alto del Nilo. Otros gobiernos de la región como los de Chad, la República Centroafricana, el Ejército Nacional Libio, Kenia y Uganda, además de la mencionada Etiopía, han facilitado la llegada de armas a las RSF e incluso de tropas o entrenamiento militar.
Además, uno de los actores externos más relevantes son los Emiratos Árabes Unidos, que importan la mayor parte del oro sudanés y son el principal proveedor de armas del RSF. Por su parte, Irán, Catar, Arabia Saudita y Turquía se han posicionado a favor del Gobierno sudanés.aunque estos dos últimos de manera menos explícita, y tratando de convertirse también en facilitadores de un posible acuerdo de paz.
Por último, varias potencias están presentes en el conflicto de Sudán con posicionamientos menos unívocos. Mientras Vladimir Putin apoya oficialmente a Puerto Sudán, también lo hace a grupos alineados con RSF en las zonas de producción de oro. La misma paradoja se da con China, que al tiempo que se manifiesta un favor del Gobierno sudanés produce las armas que llegan a las RSF.
Washington ha intentado jugar un papel relevante en los intentos de acabar con el conflicto liderando la iniciativa Quad, planteada en septiembre de 2025 por Estados Unidos, Arabia Saudí, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos como una ruta para la paz, sin mayores efectos. Lo que sí está teniendo consecuencias devastadoras para millones de refugiados es la drástica reducción de ayuda humanitaria realizada por la administración de Donald Trump.
Las causas y dinámicas del conflicto en Sudán son complejas y no se derivan directamente de las estrategias y los enfrentamientos entre las grandes o medianas potencias. Pero actores tanto locales como extranjeros tratan de sacar provecho
Las causas y dinámicas del conflicto en Sudán son complejas y no se derivan directamente de las estrategias y los enfrentamientos entre las grandes o medianas potencias. Pero actores tanto locales como extranjeros tratan de sacar provecho de una situación en la que millones de personas sufren violaciones sistemáticas de sus derechos. Los múltiples actores internos y externos dificultan enormemente el éxito de las propuestas de acuerdo.
Finalmente, el contexto belicista internacional, en el que están reduciendo su poder las instituciones de seguridad colectiva y se cuestionan principios básicos de derecho internacional en torno a la soberanía y los derechos humanos, contribuye de manera decisiva al mantenimiento de conflictos devastadores.
Mercenarios colombianos en el conflicto
Exmilitares colombianos en Sudán estarían entrenando a jóvenes en el uso de armas. Foto:archivo particular
En los últimos años no ha pasado inadvertida la presencia de mercados colombianos en Sudán. Los antiguos militares son codiciados internacionalmente por sus conocimientos en tácticas de conflicto y, además de viajar como combatientes, se ha reportado que También estarían entrenando a jóvenes sudaneses en el manejo de armas.
Si bien no se sabe con exactitud cuántos colombianos han viajado al país africano, algunas fuentes han hablado de más de 300 y han señalado que en la fronteriza Libia llegaron a estar más de 400 mercados a la espera de ser llevados a Sudán, al igual que en Eritrea, en el noreste de África. Y el Gobierno sudanés afirmó el año pasado que solo al asedio de las RSF en El-Fasher se habrían unidos hasta 80 colombianos, y añadió que de ellos, al menos 43 habrían sido abatidos.
Además, en diciembre, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac) del Departamento del Tesoro de EE.UU. UU. sancionó a cuatro personas y cuatro entidades a las que señaló de estar vinculadas a una red dedicada al envío de antiguos militares colombianos a la guerra civil de Sudán.
Alicia Campos Serrano
– La conversación (**)
Profesora titular de Estudios Africanos y Antropología de las Relaciones Internacionales, Universidad Autónoma de Madrid. (**) Es una organización sin ánimo de lucro que busca compartir ideas y conocimientos académicos con el público. Este artículo se reproduce aquí bajo licencia de Creative Commons y fue editado por motivos de espacio.
