Aunque continúa, la intensidad de los bombardeos de Estados Unidos contra supuestas embarcaciones del narcotráfico en el Caribe y en el Pacifico se ha reducido considerablemente en este 2026. En lo que va del año, es decir, en los últimos 45 días, solo se han registrado tres ataques contra este tipo de lanchas. La última de ellas ocurrió el pasado 9 de febrero en el océano Pacífico, en el que murieron dos personas y habría un sobreviviente.
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La cifra contrasta con los 14 que se registraron en diciembre, 7 en noviembre, 11 en octubre y los 3 que se presentaron en septiembre, cuando arrancó esta campaña de la administración de Donald Trump.
Desde el 6 de noviembre, además, no se han vuelto a registrar bombardeos en el Caribe, la zona donde se iniciaron los operativos. y en la que está ubicado el horrible del despliegue militar de Estados Unidos.
En total, ya van 38 ataques confirmados en los que han muerto al menos 129 personas. De ellos, 25 ocurrieron en el Pacífico, 11 en el Caribe y 2 en lugares no verificados.
El operativo arrancó formalmente el 2 de septiembre, cuando la Casa Blanca anunció que Estados Unidos entraba en una nueva fase de “conflicto armado” contra los carteles que —según el presidente Donald Trump— han causado “más muertes que Al Qaeda”.
Donald Trump junto a Stephen Mille, Marco Rubio y Pete Hegseth. Foto:AFP
En cuestión de días, el Pentágono ordenó el despliegue de un grupo anfibio encabezado por un buque de asalto, varios destructores con capacidad de misiles guiados, embarcaciones de apoyo logístico y aviones de vigilancia marítima P-8 Poseidon, además de drones de largo alcance. A ello se sumaron efectivos de operaciones especiales y de guardacostas. destacados en bases del Caribe y de Centroamérica.
Funcionarios de Defensa justificaron el tamaño del despliegue bajo el argumento de que el narcotráfico marítimo hacia Estados Unidos se había sofisticado y requería “superioridad persistente” en aguas internacionales.
“Estamos negando espacios marítimos a organizaciones que durante años han operado con impunidad”, dijo en octubre el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en un mensaje en X.
Estamos negando espacios marítimos a organizaciones que durante años han operado con impunidad
Pete Hegsethsecretario de defensa
Desde la Casa Blanca se insistió en que la campaña no solo buscaba interceptar cargamentos, sino también “desmantelar redes” y enviar un mensaje disuasivo. antes de una eventual ofensiva mayor contra el régimen de Nicolás Maduro, al que Washington acusaba de facilitar el tráfico.
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La explicación oficial y las dudas de los expertos.
Sin embargo, cinco meses después del inicio de los bombardeos selectivos contra lanchas rápidas y embarcaciones sospechosas, la intensidad de los ataques ha disminuido notablemente.
Mientras en los primeros cuatro meses se registraron picos de hasta 14 bombardeos mensuales, en las últimas seis semanas apenas se han producido tres.
Funcionarios de la administración atribuyen la caída a un efecto disuasivo.
“Los carteles han detenido o reducido sus envíos marítimos por temor a ser destruidos. Cuando saben que vamos a responder con fuerza, se esconden”afirmó Trump hace pocos días al ser consultado sobre el tema.
Altos mandos militares consultados por medios estadounidenses han ofrecido una explicación similar, aunque con matices. Según uno de ellos, el volumen de “contactos marítimos sospechosos” detectados por radares y patrullas aéreas ha bajado desde diciembre.
No obstante, reconocen que parte de esa reducción podría deberse a un cambio táctico de las organizaciones criminales más que a una disminución real del flujo de drogas.
Los ataques arrancaron el pasado 2 de septiembre. Foto:Captura@Southcom
De hecho, analistas en Washington advierten indicios de un giro hacia rutas terrestres. Datos preliminares de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) muestran que las incautaciones de cocaína y metanfetaminas en la frontera sur no han disminuido en proporción al descenso de las operaciones en el mar.
En algunos sectores, incluso han aumentado ligeramente en comparación con el mismo periodo del año pasado. Expertos en seguridad señalan que, ante el riesgo creciente en aguas del Caribe y el Pacífico oriental, los cárteles podrían estar privilegiando corredores terrestres a través de Centroamérica y México, donde el control depende más de autoridades locales y donde el uso de bombardeos no ha sido una opción hasta ahora.
Si bien Trump ha prometido que lo que sigue son ataques contra las rutas terrestres, estos no han comenzado aún, al menos no de manera pública.
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En cuanto a si existe evidencia de una reducción neta del tráfico hacia Estados Unidos, Las cifras disponibles ofrecen un panorama mixto.
Las sobredosis por cocaína y opi sintéticos han mostrado una leve tendencia a la baja desde finales de 2024, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), pero los expertos advierten que atribuir esa disminución exclusivamente a la campaña marítima sería prematuro, dado que el mercado de drogas en Estados Unidos es dinámico y responde a Múltiples variables, incluyendo cambios en la demanda, sustitución de sustancias y dinámicas internas de los carteles.
Los límites financieros y estratégicos de la operación
La sostenibilidad de la operación es otra clave interrogante. Mantener un grupo naval de esa magnitud en despliegue continuo conlleva costos significativos. De acuerdo con estimaciones del Servicio de Investigación del Congreso (CRS), operar un destructor de la clase Arleigh Burke puede costar entre 60.000 y 80.000 dólares por hora, incluyendo combustible, mantenimiento y personal.
El despliegue de los Estados Unidos incluye al portaviones Gerald R. Ford. Foto:EFE
Un grupo anfibio completo, como el que está desplegado, puede superar fácilmente varios millones de dólares diarios. A ello se suman los costos de vuelo de las aeronaves de patrulla y el sostenimiento logístico en bases avanzadas.
Fuentes del Pentágono reconocen que el despliegue en el Caribe compite por recursos con otras prioridades estratégicas. Las tensiones recientes con Irán en el Golfo Pérsico han obligado a reforzar la presencia naval en esa región —de hecho, Trump ya amenazó con enviar un segundo portaviones—, y existe la posibilidad de que Washington requiera activos adicionales para imponer o soportar un embargo petrolero, como los que ya aplica contra Venezuela y Cuba.
De hecho, un informe reciente del Servicio de Investigación del Congreso advierte que la demanda global de la Marina excede el número de plataformas disponibles, lo que obliga a priorizar los teatros de operación.
“La Marina tiene una demanda global que excede su capacidad. Cada barco en el Caribe es un barco que no está en el Indo-Pacífico ni en el Golfo. Es un tema de prioridades”, le dijo a este diario un experto con amplia experiencia en despliegue de fuerzas militares y lucha contra el narcotráfico.
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Además del costo financiero, la campaña enfrenta cuestionamientos legales y diplomáticos. Naciones Unidas, otros organismos, ONG y congresistas de Estados Unidos han advertido que los ataques letales contra embarcaciones podrían constituir ejecuciones extrajudiciales. si no existe un proceso judicial previo ni una amenaza inminente comprobada.
La administración ha rechazado esas críticas y sostiene que actúa en defensa propia en el marco de un conflicto armado contra organizaciones que consideran “narcoterroristas”.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington
