Luciana Galarza Miguel invita a su nuevo estudiante a subir al auto. Desde el asiento del conductor se presenta y, con tono amigable pero segura de sí misma, dice: “Sí, soy mujer y voy a ser tu instructora”. Arranca el vehículo y, camino al lugar donde comenzará la primera práctica, conversa con el alumno para relajar los nervios y generar confianza.
Tiene 26 años y desde hace 10 meses enseña a conducir en la Autoescuela Indianapolis, en Cochabamba. Allí forma parte de un equipo de ocho instructores. Siete son hombres y ella es la única mujer. Mientras explica las partes del vehículo y el uso del embrague, el freno y el acelerador, su trabajo también refleja cambios paulatinos en un ámbito donde la presencia femenina aún es escasa.
Conduce desde hace casi una década. Aprendió con su padre en calles poco transitadas y más adelante perfeccionó su manejo en la misma escuela donde hoy enseña a conducir, sin siquiera imaginar entonces que algún día daría clases allí. Dice que su interés siempre estuvo ligado a la enseñanza. “Siempre quise enseñar. Puede que no sea desde la parte pedagógica, como profesora, pero me gusta transmitir mis conocimientos y ayudarles a ganar confianza para que puedan manejar un auto”.
Tiene hasta 11 estudiantes por día. Para ella, uno de los momentos más gratificantes llega en la etapa final del proceso, el examen de conducción.
“Antes de que vayan al examen les digo que se concentran y pongan en práctica lo aprendido. Después, al enterarme de que aprobaron, me siento feliz y emocionada. Es reconfortante verlos irse conduciendo. Siempre los felicito y les digo: ‘Es tu esfuerzo. Yo solo te di las herramientas'”.
POCAS MUJERES ENSEÑAN A CONDUCIR
En Cochabamba, la presencia de mujeres como instructoras de conducción sigue siendo reducida. De 10 autoescuelas consultadas, solo una, además de Indianápolis, cuenta con una profesora de manejo. En los demás, la enseñanza recae exclusivamente en instructores hombres.
Rolando Torrico, gerente regional de Indianápolis, recuerda que la incorporación de Luciana se dio en un momento de crecimiento de la autoescuela, que lleva más de 70 años al servicio de la población. Durante la convocatoria recibieron alrededor de 180 currículos, pero uno destacado por sobre los demás. En la entrevista, saludó y se presentó con confianza, firmeza y seguridad, cualidades que finalmente le valieron el puesto.
Según Torrico, la respuesta de los estudiantes fue positiva, y algunos incluso buscan que su instructora sea mujer. Destacó la importancia de la inclusión femenina en este y otros ámbitos laborales, y señaló que, aunque todo el personal está calificado, en ella se percibió una actitud especialmente amigable, paciencia y capacidad de conectarse rápidamente con sus alumnos.
CLASES SOBRE RUEDAS
En el patio de la autoescuela, Luciana conversa con sus compañeros mientras esperan el siguiente turno de clases. Entre bromas y risas, su relación con ellos se percibe cercana. Se mueve con naturalidad y se integra con facilidad. Con los alumnos también logra establecer rápidamente un vínculo.
Una de sus estudiantes recuerda que, luego de inscribirse, le dijeron “tu instructora será Luciana Galarza”. Se sorprenderá, no por rechazo, sino porque, en lo habitual, los instructores casi siempre son hombres. “Me descolocó por un momento que fuera mujer e incluso pregunté en voz baja ‘¿es mujer?’, pero no porque estuviera en contra; al contrario, lo valoré. Solo me llamó la atención y al conocerla comprobé que es amigable, paciente y muy profesional”.
ENFRENTANDO PREJUICIOS
Aunque la mayoría de sus experiencias fueron positivas, Luciana recuerda un momento incómodo durante su trabajo. Ocurrió cuando le pidieron reemplazar a un instructor que había tenido una emergencia.
Al acercarse a recoger al estudiante, la madre se opuso al ver que era mujer, alegando que había solicitado específicamente un instructor hombre, lo que obligó a reprogramar la clase. Lo tomó con calma y sin darle mayor importancia, aunque reconoció que todavía existen personas que mantienen esa visión sobre quién debe enseñar a conducir.
AVANCES CON BRECHAS
La incorporación de mujeres en ocupaciones históricamente dominadas por hombres refleja avances, aunque todavía de manera limitada.
Mercedes Cortez, de la Fundación Voces Libres, comenta que casos como el de Luciana reflejan cambios graduales. “Hay mujeres que asumen roles típicamente masculinos como cargos políticos o conducir vehículos, pero eso no significa que la brecha se haya cerrado. La brecha sigue abierta porque todavía son la excepción”.
MAS MUJERES AL VOLANTE
Las estadísticas también reflejan cambios progresivos en la participación de las mujeres en la conducción. Aunque aún son menos que los hombres, se observa un crecimiento constante en el interés por obtener licencias. En una clase teórica reciente en la Autoescuela Indianápolis, de 24 asistentes próximos a rendir el examen práctico, 17 eran hombres y siete mujeres.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en Bolivia se emitieron 131.421 licencias de conducir en 2014, de las cuales 109.466 correspondieron a hombres y 21.955 a mujeres. Para 2022, el total ascendió a 212.872 licencias, con 167.194 para hombres y 45.678 para mujeres. Esto significa que el número de licencias otorgadas a mujeres creció más del 108% en ese período, aunque todavía poco más del 21% del total.
En Cochabamba, el incremento es aún más notable, con un crecimiento de casi el triple, ya que las licencias emitidas a mujeres pasaron de 3.905 en 2014 a 11.683 en 2022.
ABRIENDO CAMINOS
Para Luciana, enseñar a conducir no es solo un trabajo, sino también una manera de demostrar que las mujeres pueden desempeñarse en cualquier rubro.
“La profesión no tiene género. Una mujer puede incursionar en cualquier área que se proponga. Mientrasn desarrolle su trabajo con pasión y compromiso, lo harán de manera excelente”, afirma.
Además, resalta que su trabajo le permite no solo fortalecer su independencia económica, sino también crecer en lo personal y emocional. Luciana también es Ingeniera Comercial y ejerce su profesión como asesora en una empresa, combinando ambas actividades con dedicación.
Cuando termine una clase, se prepara para recibir al siguiente estudiante. Desde el asiento del copiloto, tras la introducción a la conducción, continúa guiando a quienes toman el volante por primera vez. Al mismo tiempo, avanza kilómetro a kilómetro, abriendo camino para que más mujeres ocupen el lugar que se propongan, como instructoras, conductoras o en cualquier otro ámbito.
