“negros y negras circulan todo el día con sus canciones criollas y un parloteo eterno. No creas que resulta monótono, al contrario, es muy variado (…) La más rica de las naturalezas y el clima cálido, pero con períodos intermitentes de frescor” (Carta de Paul Gauguin a un amigo, Martinica, 1887). Mensaje que abrevia su devoción por las islas encantadas, su naturaleza y su gente.
Fiesta de colores desprendidos del exotismo natural que Gauguin vivió en Tahití y otras islas paradisiacaspero también de su desbordada imaginacion. Nada le arredraba, salvo fracasar en su arte. Pero esa zozobra no fue la del creador que no puede lograr fama y fortuna –celadas impuestas a la gran mayoría de artistas–, sino con él mismo, con su turbulento ser creador que aspiraba a erigir su propio universo pictórico.
Subversión de colores. Intensidad. Ardimiento. Formas simbólicas. Simplismo. Parecería que bandadas de niños pintaban las manchas y trazaban las figuras. rusticidad embellecida por la inocencia. Profeta del posimpresionismosu obra influyó en los artistas de su entorno y en los que le sucedieron.
“La naturaleza tiene música para quien quiere escucharla”
el cristo amarillo1889. Zonas de colores planos y gama de amarillos recogidos durante sus andanzas por los campos de las islas oscilan con vida propia. Las franjas de color reverberan, franqueadas por el inefable negro y líneas azules que escinden las parcelas cromáticas.
Es un Cristo que devela las oquedades del ser del artista, su primitivismoel perdón que se otorga a sí mismo por las culpas que cree merecer. sintetismo –como él denominó a su arte– en el cual vertió su vehemente y volcánica existencia.
Una mujer de espaldas luce un adorno en el pelo; al frente, otras dos completan las tres Marías. Frescor. Candidez. Un labriego corre a ver qué ocurre en el acto de la crucifixión. No es un Cristo sangrante, es un Cristo amarillo –divinidad y espiritualidad–, contraste logrado gracias a la magia de los colores en el contexto que lo abrasa, tierra hollada por pies campesinos.
El sol ilumina e infunde fervor. Solemnidad. Esperanza. “Ni siga en las procesiones/ los pasos del Nazareno,/ no lo busque de madera, de bronce, de piedra o de yeso,/ ¡mejor busque entre los pobres su imagen de carne y hueso” (Mistral).
En el mismo 1889 Gauguin pinta su Autorretrato con cristo amarillo. Una obra dentro de otra. En primer plano aparece el artistaluciendo su bronco y desafiando rostro. Asilado detrás del autorretrato, en primer plano también, destaca la imagen del cristo amarillo invertido. Juego de espejos. El rostro del Cristo es igual al del artista. Autoinmolación. Desgarro. Martirologio de un hombre que renunció a todo por el arte –ofrenda y redención–.
orana maria1891, (Avemaría). Figuras que migran del cuadro para apoderarse de los espectadores. Hechizo y liturgia. Sincretismo. Simbiosis de dos culturas, más aún, de dos civilizaciones. El primitivismo y el occidentalismo. Figuras escuetas, explosión y reconciliación de cielo, tierra, árboles, frutos y plantas… Exaltación y exultación de la vida. Jesús y María como motivos estelares que simbolizan la persecución de la vida en su estado primario (anunciación), exenta de las excrecencias de la civilización.
Autocracia del color. Amarillos, azules, rojos, verdes y sus derivados, enluciendo todo. Redención del execrado paganismo. Metáfora de la luz que debería alumbrarnos, la de la criatura que duerme sobre las espaldas de su madre: la bienaventuranza del amor. Un ángel ronda por el cuadro, ¿oculto, retozando, verdadero? ¿El ánima del pintor?
El espíritu de los muertos vela (Manao Tupapau), 1892. Una adolescente desnuda, de espaldas sobre una cama. es thea’amanacompañera y modelo de Gauguin. A los pies, erguida, una figura fantasmal, ¿custodiándola, amenazándola? El rostro de la muchacha es sombrío y muestra ansiedad. La obra revela el mundo oscuro del artista.
En sus cuadros trabajados en Martinica –los de Tahití llevan a la cima sus atributos de artista– representa el peculiar nudo de los pañuelos que se colocaban en la cabeza de las mujeres: un nudo significaba que era soltera; dos, que su corazón estaba ocupado, y tres, que estaba ocupado pero que había sitio para otro más. Fue en Martinica que Gauguin empezó a dar rienda suelta a su libertinaje.
Gozo y culpa. En Tahití liberó definitivamente su espíritu libertino y violento. Alcoholizado, enfermo de sífilis y en pobreza extrema, junto a su cadáver, se encontró una botella de láudano consumida (opio resuelto en alcohol).
“El demonio se agita a mi lado;/ y me llena de un deseo eterno y culpable./ Sabe de mi amor al arte,/ toma forma de mujer,/ y acostumbra mi gusto a nefandos placeres” (Baudelaire).
