Al iniciar un nuevo año, 2,13 millones de niños en edad de primaria siguen sin escolarizar en Afganistán, mientras que 2,2 millones de niñas han sido excluidas de la educación secundaria desde la prohibición impuesta por los talibanes en 2021, como parte de una campaña más amplia para borrar a las mujeres de la vida pública. Pero a pesar de este abuso atroz de los derechos humanos –que Richard Bennett, relator especial sobre la situación de Derechos Humanos en Afganistán de las Naciones Unidas, ha calificado de ‘apartheid de género’–, la comunidad internacional ha comenzado a retomar vínculos con el régimen.
La misión de la ONU en Afganistán señaló en un informe sobre derechos humanos de 2025 que el régimen talibán ha intensificado las restricciones contra mujeres y niñas. Las negociaciones internacionales, incluidas las reuniones de Doha organizadas por la ONU y Catar, no han logrado avances debido a la insistencia de los talibanes de excluir a las organizaciones de mujeres de cualquier diálogo y de negarse a hablar de los derechos de las niñas. En vista de ello, no sorprende que entre los mediadores internacionales y los talibanes ni siquiera hayan establecido un grupo de trabajo centrado en la educación femenina.
LEA TAMBIÉN
Restablecer las relaciones normales con el régimen talibán significa renunciar a la única carta que les queda a los países: el aislamiento internacional, lo que reduce aún más las perspectivas de restablecer el acceso a la educación. En julio, Rusia se convirtió en el primer país en reconocer al gobierno talibán y restaurar plenamente las relaciones diplomáticas, sin obtener ninguna concesión en materia de derechos de las niñas y las mujeres. Esto ocurrió tras la decisión en abril del Tribunal Supremo ruso de eliminar la clasificación de los talibanes como organización terrorista, permitiendo una cooperación más estrecha en materia de seguridad contra la filial del Estado Islámico (Isis-K) en Afganistán, que atentó en 2024 a Rusia, protagonizando un tiroteo en la sala de conciertos Crocus City Hall en Moscú.
En Afganistán, las mujeres enfrentan segregación y su libertad de movilidad es limitada. Foto:EFE
Por su parte, China aceptó las credenciales de un embajador del régimen talibán en enero de 2024, pero no llegó a reconocer de jure al gobierno, del que algunos miembros claves siguen sujetos a sanciones de la ONU. Esto no ha impedido que Pekín busque vínculos económicos más estrechos con Kabul. Empresas chinas han realizado inversiones significativas en los sectores de recursos humanos en Afganistán y, en agosto, el ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, visitó Kabul para discutir la incorporación del país a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda.
Tras la ruptura de Afganistán con Pakistán –entonces el mayor aliado de los talibanes– en octubre, India mejoró sus lazos con el régimen, reabriendo oficialmente su embajada en Kabul. Ese mismo mes, el ministro de Asuntos Exteriores afgano, Amir Khan Muttaqi –funcionario sancionado que necesitaba de una exención de viaje por parte del Consejo de Seguridad de la ONU–, visitó la India y proclamó que “el futuro de las relaciones entre India y Afganistán parece muy prometedor”.
LEA TAMBIÉN

Aún más preocupante es que algunos países europeos han incrementado su acercamiento con los talibanes para deportar a solicitantes de asilo afganos rechazados, otorgando credibilidad al régimen a pesar de su persecución contra niñas y mujeres. Esto choca fuertemente con los esfuerzos para convertir el apartheid de género en un delito internacional, lo que en el caso de Afganistán implicaría la imposición de nuevas sanciones. En julio, la Sala de Cuestiones Preliminares de la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra Haibatullah Akhundzada y Abdul Hakim Haqqani, dos altos cargos del régimen talibán acusados de persecución por motivos de género.
No obstante estos avances, las potencias extranjeras parecen haber perdido el interés en confrontar al régimen. A diferencia de los años 90, cuando India, Irán y Rusia respaldaron a las fuerzas que ejercieron presión real sobre los talibanes, en esta ocasión no existe una oposición armada y organizada en Afganistán.
En Afganistán, la libertad de movilidad para las mujeres es limitada. Foto:Imágenes falsas
Estados Unidos, sin embargo, ha adoptado una postura hostil hacia Afganistán, país al cual el presidente Donald Trump llamó recientemente un infierno, después de que un afgano mató a dos miembros de la Guardia Nacional. Como resultado, la administración republicana ha dejado de emitir visas a ciudadanos afganos y prometió que reexaminaría los procesos de todos los inmigrantes procedentes de Afganistán que entraron a Estados Unidos bajo el mandato de Joe Biden.
Hasta ahora, las negociaciones en la ONU sobre el apartheid de género en Afganistán se han centrado más en la defensa que en acuerdos vinculantes, aunque recientemente se han producido llamamientos para clasificarlo como un crimen contra la humanidad. En la 59.ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, celebrada en junio y julio de 2025, se debatió esta cuestión, y Richard Bennett, el relator especial, ha defendido insistentemente que se remiten estos crímenes a la Corte Penal Internacional, que se condicione el diálogo con los talibanes al respeto de los derechos de las niñas y que se diseñan mecanismos para exigir responsabilidades al régimen.
LEA TAMBIÉN

Aunque todavía no se han adoptado enmiendas al tratado ni sanciones, la Sexta Comisión (Jurídica) de la ONU ha presentado un proyecto de tratado mundial sobre los crímenes contra la humanidad. En los debates adicionales sobre el tratado se debería considerar la posibilidad de tipificar el apartheid de género como delito en virtud del derecho internacional. Esta medida reforzaría los esfuerzos para presionar a los talibanes. Hay que reconocer que el Consejo de Seguridad ha intentado hacerlo en sus sesiones informativas, pero el sistema de la ONU carece actualmente de una estrategia de aplicación unificada.
Presionar a los talibanes para que pongan fin a su apartheid de género no es solo un imperativo moral; es una necesidad estratégica. La población de Afganistán ha aumentado hasta superar los 42 millones de habitantes y sigue creciendo: sólo en 2025, Irán y Pakistán devolvieron por la fuerza a 2,6 millones de refugiados afganos. Esta enorme afluencia ha puesto a prueba una economía ya tambaleante. Y escapar de la pobreza será imposible mientras los talibanes nieguen a la mitad de su población la oportunidad de educarse e incorporarse al mercado laboral.
Kanni Wignaraja, subsecretaria general de las Naciones Unidas y directora regional del Programa de la ONU para el Desarrollo para Asia y el Pacífico del Pnud, lo expresó muy bien: “El principal problema que enfrenta el futuro económico de Afganistán son los derechos de las mujeres. Ese es el tema que matará al país económica, social y políticamente”.
Ex primer ministro del Reino Unido y embajador de la Organización Mundial de la Salud para la Financiación Mundial de la Salud. Mujeres afganas vestidas con burka.Foto:
Sanaullah SEIAM / AFP
Las voces de las reprimidas
A la periodista española Carol Mundi la marcó un refrán popular afgano que escuchó en un reciente viaje que hizo a ese país para reportar la situación de las mujeres: “Una mujer solo va a salir de su casa dos días: el día de su boda y el día de su funeral”.
En Afganistán, las niñas, jóvenes y mujeres tienen prohibida la educación secundaria y superior, salir a la calle solas, hablar en público, conducir, mostrar su rostro, trabajar (salvo ciertas excepciones), salir del país y un etcétera de restricciones.
–¿Quieres ir al instituto después de la escuela primaria?
-No.
–¿Quieres estudiar solo hasta la escuela primaria?
-Si.
–¿Por qué?
–Porque los talibanes no nos dejan.

‘Para nosotras, es cuestión de vida o muerte acabar con la agonía que significa el régimen iraní’: Nilufar Saberi
La conversación entre Saliha, una doctora de Unicef, y una niña afgana llamada Selsela la registra el documental Afganistán, el país donde Alá abandonó a las mujeres que Mundi publicó el 13 de enero de 2025. En esta se evidencia cómo las prohibiciones sobre la educación secundaria de las niñas afganas han trascendido a tal punto de que ellas ya ni siquiera pueden aspirar a estudiar.
Afganistán es el único país del mundo que prohíbe la educación secundaria y universitaria a las niñas y mujeres. “Ahora que las puertas de las escuelas están cerradas, los sueños de las estudiantes se han quedado dentro también”, dijo Zaheda, una maestra afgana refugiada en España, en un encuentro de la ONG Rescate.
“Mi tío nos molestaba mucho porque queríamos estudiar, quemaba nuestros libros y todo lo que asociaba con la educación. Para poder ir a la escuela, mi madre mentía que íbamos a visitar una amiga oa rezar a la mezquita. Cuando hacía deporte y jugaba al voleibol, recibía cartas con amenazas de muerte para que lo dejara”, recordó Arozo, una abogada y voleibolista profesional en el mismo encuentro.
Arozo califica a los talibanes como un grupo salvaje, que no tiene un ápice de humanidad. “Las mujeres en Afganistán no se consideran humanas, son como animales. No tienen derechos y libertad, y (aspirar a esos derechos) se considera algo malo”, agregó.

Hezbolá
La percepción de Arozo la comparten muchas otras mujeres que vieron con temor el ascenso de los talibanes en Kabul, capital del país. “Todo lo que soñé, todo por lo que trabajé… mi dignidad, mi orgullo, incluso mi existencia como mujer, mi vida, todo está en peligro. Quién sabe cuánto tiempo les tomará venir y registrar casa por casa y llevarse a las niñas, probablemente, para violarlas. Puede que me suicide cuando vengan a mi casa. He estado hablando con mis amigas y esto es lo que todos estamos planeando hacer. La muerte es mejor que ser tomada por ellos”, le contó un estudiante de la minoría hazara a la BBC Mundo Durante los días en los que los talibanes se tomaron Kabul en agosto de 2021. Los jóvenes quedan relegados a sus casas sin poder continuar sus estudios secundarios.Foto:
GETTY
Hasina, una jueza afgana que se refugió en Grecia a la espera de asilo en Canadá, le contó a Euronews hace tres años que, ante la llegada de los talibanes, perdió su trabajo y su independencia económica. “Me sentí inútil”, señaló esta mujer que huyó del país con su familia ante el temor de que atentaran contra su vida, no solo por las nuevas restricciones del régimen, sino porque muchas de las personas que ella condenó en el pasado fueron liberadas por los talibanes y querían venganza.
“Nos están eliminando de la sociedad”, comentó una mujer afgana a funcionaria de la Unesco, quien prefirió mantener su identidad anónima por miedo a represalias. Esto resume muy bien el borrado que expertos alertan de que está sucediendo en Afganistán ante los ojos del mundo entero.
