La “operación” conjunta con Washingtonbautizada por Israel como Rugido de León y cuyo objetivo es acabar con la “amenaza existencial que supone el régimen terrorista de Irán”, como lo señaló el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, marca un punto de inflexión para la región.
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Naturalmente, Israel se adelantó a las represalias de Irán con misiles balísticos y lanzó un ataque preventivo en el que se puso énfasis en la destrucción de numerosos lanzadores listos para disparar hacia territorio israelí.
Poco tiempo después, mientras los aviones de la Fuerza Aérea israelí seguían atacando diversos blancos, especialmente en Teherán, comenzaron a sonar las alarmas a lo largo y ancho de Israel, indicando a la población que debe resguardarse en un refugio o el espacio protegido más cercano. Los israelíes pasaron numerosas horas en los refugios, esperando la indicación específica de las autoridades de la Defensa Civil de que se podía salir.
Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Foto:AFP
“Hace poco, Israel y Estados Unidos emprendieron una operación para eliminar la amenaza existencial que representa el régimen terrorista en Irán”, anunció Netanyahu a la nación, recordando que Durante los 47 años desde la revolución islamista en Irán, el régimen se puso como meta eliminar a Israel.
El teniente coronel Nadav Shoshani, portavoz internacional de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), sostuvo que el momento elegido estuvo directamente relacionado con información confirmada sobre los esfuerzos iraníes para reanudar su programa nuclear y acelerar la producción de misiles balísticos.
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Según dijo, la intención de Irán era alcanzar antes de fin de año un arsenal de 8.000 misiles, 5.000 más de los que tenía antes de la guerra de junio. Para Israel, esa cifra cruza un umbral crítico: multiplica la capacidad de saturar sus sistemas de defensa antimisiles y de impactar infraestructuras estratégicas.
“Tres lugares donde se celebraban reuniones del régimen terrorista iraní fueron atacados simultáneamente, y varias figuras importantes esenciales para la gestión de la campaña y el gobierno del régimen fueron eliminadas”, informó un comunicado militar. “Desde el primer momento, se evidencia una brecha significativa entre el alcance de los informes que circulan en diversos ámbitos y la imagen oficial presentada por las autoridades iraníes”.
El ayatolá Alí Jamenei fue dado de baja en los bombardeos del sábado. Foto: AFP
El mismo comunicado reveló que “las Fuerzas de Defensa de Israel, en estrecha colaboración con el Ejército de los Estados Unidos, trabajaron millas de horas para construir un banco de objetivos lo más valioso y extenso posible.
Hasta este sábado al mediodía, Irán había lanzado al menos 25 oleadas de misiles hacia Israel. Aunque el sistema de defensa antimisiles interceptó la mayoría, hubo casos de impactos de restos de proyectiles, lo que llevó a reiteradas advertencias a la población.
En Israel, hasta el momento, se ha informado de un herido leve en Haifa por el impacto de un misil iraní. No obstante, la censura militar israelí exige a los medios evitar la publicación de los lugares concretos donde impactan los misiles, bajo el argumento de que esa información podría servir a la calibración de futuros ataques.
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Fuentes políticas y de defensa sostienen que, más allá de neutralizar amenazas inmediatas, el objetivo es modificar de raíz la ecuación de poder con Irán, debilitar su red de influencia regional y reinstalar un esquema de disuasión que, a juicio de Israel.l, se erosionó en los últimos años.
La realidad que enfrenta Israel, sin embargo, es compleja. Una campaña prolongada implica costos económicos, presión sobre la población civil sometida a reiteradas alertas y el riesgo de una guerra regional que involucre a actores aliados de Teherán.
Al apostar por una operación conjunta con Washington y por un golpe profundo a las capacidades estratégicas iraníes, el Gobierno israelí asume que el momento actual —marcado por información de inteligencia que considera crítica y por el respaldo estadouniden-se— ofrece una ventana que difícilmente se repetirá.
Bombardeos y columnas de humo tras la escalada militar entre Irán e Israel y EE.UU.. Foto:AFP
El alcance real de esa apuesta dependerá no solo de los daños infligidos, sino de la respuesta sostenida de Irán y de la estabilidad de la alianza que hoy sustenta la ofensiva.
Entretanto, el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, publicó un comunicado especial recalcando el estado general de preparación para cualquier eventualidad, incluida una campaña prolongada y la posibilidad de ataques simultáneos desde otros frentes, como Líbano o Siria.
Jana Beris – Corresponsal de EL TIEMPO – Jerusalén
