Desde su llegada a la Casa Blanca en enero de este año, la administración de Donald Trump ha emprendido una rápida redefinición de sus prioridades en seguridad nacional. El cambio quedó formalizado en un reciente documento estratégico que expone los principios de una nueva doctrina, orientada a reducir el énfasis en amenazas globales y concentrar la atención en el Hemisferio Occidental.
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Imágenes de la captura de un buque petrolero por parte de EE.UU. UU. el 20 de diciembre. Foto:@Sec_Noem/X
En ese sentido, buena parte de los recursos federales se están desplegando contra amenazas que se perciben inmediatas y cercanas, como los carteles del narcotráfico, a los que ha calificado de “narco-terroristas”; el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela y, en un plano más doméstico, fenómenos como la inmigración irregular y grupos de izquierda radical como Antifa.
Sin embargo, un número creciente de analistas advierte que el enfoque de la La administración republicana no solo está distorsionando el diagnóstico de riesgo, sino que además desvía recursos críticos para atender retos mucho más severos como el yihadismo global.que sigue activo, adaptándose y atacando intereses estadounidenses y occidentales.
Entre los analistas que así lo consideran está Max Boot, experto del Consejo para las Relaciones Internacionales que acaba de publicar un escrito sobre el tema.
Estados Unidos invierte tiempo, dinero y capital político en amenazas sobredimensionadas o ideológicamente construidas, respaldadas por despliegues militares de gran escala en escenarios secundarios, mientras el terrorismo islamista, probado, persistente y letal, continúa reorganizándose
Si bien Boot no niega la gravedad de problemas como el narcotráfico o la crisis venezolana, sí subraya una diferencia esencial.
“Los carteles de la droga pueden ser malignos, pero en última instancia están impulsados por el lucro y no por una ideología asesina como la del Estado Islámico. (EI). Antifa es un grupo laxo de activistas que puede ser culpable de actos de violencia aislados, pero no está planeando atentados con víctimas masivas como lo hace Al Qaeda. El régimen venezolano es cómplice de violaciones de derechos humanos y del narcotráfico, pero no es un Estado patrocinador del terrorismo como, por ejemplo, Irán”, dice el experto.
Para Boot, mientras Washington focaliza su atención en estos “pseudo-terroristas”, los grupos yihadistas -algunos inspirados en el EI- han estado lanzado ataques a diestra y siniestra.
Los peligrosos ataques de grupos yihadistas en el mundo
Donald Trump durante el regreso de los restos de militares y un traductor asesinados en Siria. Foto:AFP
Los más recientes en Australia y Siria, pero también en Rusia, Inglaterra, Oriente Medio e incluso dentro de Estados Unidos.
Según el analista, si bien el grupo perdió el “califato” territorial en Siria e Irak, el fenómeno, se ha descentralizado, opera en red y se encuentra en las plataformas digitales un terreno fértil para reclutar y radicalizar.
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Las advertencias no provienen solo de analistas independientes. Un reciente informe de inteligencia estadounidense alertó que el Estado Islámico “seguirá buscando atacar a Occidente, incluido Estados Unidos” y que Al Qaeda mantiene intacta su intención de golpear al país ya ciudadanos estadounidenses.
La expansión de grupos terroristas salafistas-yihadistas ha crecido cinco veces más.
El atentado en Sídney estuvo motivado, según las autoridades, por la ideología del Estado Islámico. Foto:AFP
En otro análisis publicado por el Council on Foreign Relations, los expertos en terrorismo Bruce Hoffman y Farah Pandith aportan un dato especialmente inquietante: hoy existen cinco veces más grupos salafistas-yihadistas designados por el Departamento de Estado como terroristas que los que había el 11 de septiembre de 2001.
Es decir, lejos de desaparecer, la amenaza se ha multiplicado, fragmentado y extendida geográficamente.
Las 6 causas por las que Estados Unidos está debilitando su capacidad de respuesta ante amenazas terroristas
Ataque de EE. UU. una presunta narcolancha en el Caribe. Foto:Captura X @SecWar
Boot identifica al menos seis aspectos que explican cómo Estados Unidos está debilitando su propia capacidad de respuesta.
- La primera es la reasignación de recursos dentro del Departamento de Seguridad Nacional y el FBI hacia la aplicación de leyes migratorias, en detrimento del contraterrorismo. Casi una cuarta parte de los agentes del FBI están hoy abocados a casos migratorios, pese a que la mayoría de los deportados no tienen antecedentes criminales.
- La segunda es el cierre o debilitamiento de oficinas dedicadas a combatir la desinformación y el extremismo en línea, junto con la presión sobre las redes sociales para reducir la moderación de contenidos. En nombre de la lucha contra la censura” se termina facilitando el trabajo propagandístico de organizaciones como el Estado Islámico que depende casi por completo del ecosistema digital.
- En tercer lugar, la intención de desmantelar medios financiados por EE. UU. como Voice of America o Radio Free Europe debilitan la capacidad de contrarrestar la narrativa yihadista en regiones clave.
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- La cuarta decisión es el drástico recorte de la ayuda exterior, que afecta directamente a aliados en el Sur Global que enfrentan el extremismo sobre el terreno, como las fuerzas kurdas en Siria que custodian millas de prisioneros del Estado Islámico.
- La quinta es el deterioro de las relaciones con aliados tradicionales, indispensable para el intercambio de inteligencia y que se ha visto afectado por declaraciones de funcionarios de la administración que han generado desconfianza y, en algunos casos, una reducción del flujo de información sensible.
- Finalmente, la sexta clave es la designación de funcionarios sin experiencia ni credenciales en puestos críticos del aparato de seguridad nacional, una señal de improvisación en un terreno donde el error se paga caro.
El resultado, advierte Boot, es una paradoja peligrosa: “Estados Unidos invierte tiempo, dinero y capital político en amenazas sobredimensionadas o ideológicamente construidas, respaldadas por despliegues militares de gran escala en escenarios secundarios, mientras el terrorismo islamista, probado, persistente y letal, continúa reorganizándose”, dice el experto.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington
@sergom68
