Por meses se ha escrito qué está detrás del arrollador triunfo que se prevé que obtenga la derecha conservadora en Chile en la elección de este domingo.
Seguridad, migraciones, economía y empleo son las principales preocupaciones de los chilenos, de acuerdo a sondeos de opinión como el del Centro de Estudios Públicos (CEP) y la encuestadora Critera. Sin embargo, la prioridad de estos temas -históricamente más cómodos para la derecha-, no explica del todo lo que ocurrirá en el país.
Durante casi 40 años, la política en Chile giró en torno a un hecho histórico: el plebiscito sobre la continuidad de Pinochet. Las mayorías sociales que se construyeron en democracia siempre tuvieron de protagonistas a personas que se opusieron al dictador y que pertenecieron a ese 55% que votó por el No en el plebiscito de 1988. Incluso, la derecha gobernó de la mano de un moderado, ex demócrata cristiano, como lo fue Sebastián Piñera. El ex presidente también votó No en 1988.
Ahora, sin embargo, podría ganar la presidencia José Antonio Kastque apoyó que la dictadura militar se extendiera por diez años más. Kast votó Sí, y su raíz ideológica es la misma que la de la derecha post dictadura: conservador en lo valioso, neoliberal en lo económico. “Ultra”, para los tiempos de hoy, derechista clásico para fines del siglo XX.
Hoy se deben consolidar en Chile un nuevo “clivaje”. Uno que deja atrás el fantasma de Pinochet y la dictadura, y abre paso a lo desconocido. Con la instauración del voto obligatorio, ingresaron a votar más de 7 millones de chilenos que no lo hacían y eso lo modificó todo. Los primeros que lo supieron fueron Boric y sus aliados, cuando su ensayo constitucional fracasó estrepetisamente: los nuevos votantes valoran cambios, pero progresivos y son más conservadores frente a lo inexplorado. Aplaudieron el fuego del estallido, pero se asustaron rápido y clamaron el orden.
Luego lo supo la izquierda, en las elecciones municipales, donde obtuvo una derrota histórica: los nuevos votantes están desideologizados y priorizan la gestionlas calles limpias, los servicios que funcionan y no los decálogos ideológicos. Pragmatismo puro.
Pero la de este domingo es la primera elección presidencial con estas reglas. Los chilenos elegirán un proyecto de país.. Para ello, están dispuestos a “perdonar” el Sí a Pinochet de Kast: no es que no les importe (tanto), es que son pragmáticos. Las urgencias son las urgencias y Kast es cambio frente a la gestión del actual gobierno.
Para probar el punto, de acuerdo a la encuesta Panel UDD, si la elección fuese voluntaria y votase el “votante habitual”, los candidatos están en un empate técnico. Casi 50/50 (en los márgenes del clivaje de Pinochet). Sin embargo, entre el votante “obligado”, Kast supera a Jara por 40 puntos. Dos países en uno.
El nuevo ciclo político en Chile es de incertidumbre. Tiene menos anclajes ideológicos. Lo que es hoy Kast, lo puede ser mañana un populista o alguien de una izquierda repensada, como el Alcalde Tomás Vodanovic de Maipú.
No es un cheque en blanco ni un giro ideológico escrito sobre piedra. El Chile del futuro dependerá de las necesidades del momento, de la tentación del cambio y del ánimo social.
