Hubo un tiempo en el que hablar de volver a poner la Luna en el calendario sonaba una nostalgia, a ecos lejanos de otra época. Hoy, ese lenguaje ha vuelto. Estados Unidos sigue empujando su regreso al satélite, y China, mientras tanto, está construyendo su propio camino con una ambición cada vez más explícitatambién en lo humano. En ese contexto, la noticia no es solo una escuela nueva en Pekín, sino lo que sugiere: que la exploración espacial se está convirtiendo, también, en un problema de talento.
Qué se ha anunciado exactamente. La Universidad de la Academia China de Ciencias (UCAS) acaba de anunciar la creación de su Escuela de Exploración Espacial, definida como la primera de este tipo en China. No se trata de una agencia espacial ni de un programa de vuelos tripulados, sino de un centro académico orientado a la formación y la investigación. Según CGTN y la propia CAS, el objetivo es cultivar profesionales interdisciplinarios en campos como la propulsión interestelar, la comunicación y navegación del espacio profundo y la ciencia espacial, con un encaje directo en grandes proyectos nacionales.
En detalle. La escuela ofrecerá un plan interdisciplinar que abarca 14 campos, desde aeronáutica hasta ciencia planetaria, y que ampliará el catálogo actual con 22 asignaturas principales nuevas sobre una base previa de 97 cursos. La idea no es solo sumar materias, sino mezclar ciencia, tecnología y aplicaciones reales para formar perfiles capaces de moverse entre la teoría y la resolución de problemas. Global Times señala un objetivo explícito: que los estudiantes salgan con una base sólida en matemáticas y física, pero con capacidad para innovar y transformar esa innovación en ingeniería.
Dónde y cómo. Los estudiantes tendrán acceso a tres grandes plataformas y seis sistemas de entrenamiento en Ciudad de las Ciencias de Huairoucon ejemplos que van desde simulación de patrullas espaciales no tripuladas hasta un circuito para desarrollar satélites de extremo a extremo y experimentar con innovación colaborativa espacio-tierra. También se pondrán en marcha nuevas plataformas docentes orientadas a prácticas y trabajo por proyectos, en un intento de acercar a los estudiantes a la lógica de misión.

La admisión. Se contempla un sistema de admisión doble: elegir alumnos ya matriculados en primer año de máster y captar a estudiantes de último curso para doctorado directo. Además, se impulsará un esquema de “mentor dual” con científicos y jefes de ingeniería, pensado para que el alumno no solo entienda conceptos, sino que aprenda a convertirlos en soluciones. Esa mezcla entre investigación y desarrollo de ingeniería es, de hecho, una de las grandes promesas del proyecto.

“Exploradores”, pero no astronautas. El término llama la atención, y no es casual que aparezca repetido en la cobertura. Ahora bien, no estamos ante una escuela para entrenar tripulaciones, sino para formar perfiles científicos y técnicos que hagan posible ese salto, incluso para misiones interesantes. Se les pide que no solo entiendan ingeniería para diseñar vehículos o estaciones, sino que tengan alfabetización científica para investigar problemas de ciencia espacial. El “explorador”, aquí, es quien construye y entiende la exploración.
Imágenes | aboodi vesakaran | CAS
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